Dora María Téllez: “Extraer a Ortega y Murillo de Nicaragua sería una medida altamente popular”

La excomandante guerrillera y dirigente opositora Dora María Téllez advirtió que la falta de acciones concretas de la comunidad internacional frente a la crisis nicaragüense podría abrir paso a escenarios que, aunque considera no deseables, ganarían respaldo entre una parte importante de la población

Carmen Aguirres
agosto 07, 2026 11:13 AM
Dora María Téllez: “Extraer a Ortega y Murillo de Nicaragua sería una medida altamente popular”

Una eventual acción externa que termine sacando del poder a Daniel Ortega y Rosario Murillo sería “popularísimo en Nicaragua”, afirmó la exguerrillera y dirigente opositora Dora María Téllez, aunque inmediatamente aclaró que una intervención de ese tipo no representa la salida que considera deseable para la crisis nicaragüense.

La afirmación surgió durante una conferencia sobre los desafíos de Centroamérica, en la que Téllez sostuvo que la falta de acciones de América Latina y otros actores internacionales frente al régimen Ortega-Murillo está dejando un vacío que eventualmente podría ser ocupado por decisiones unilaterales.

Al responder una pregunta sobre el papel de Estados Unidos en la región, Téllez planteó directamente el escenario de una intervención que termine con Ortega y Murillo fuera del poder.

“Que se lleven a Rosario Murillo y Daniel Ortega, que sería popularísimo en Nicaragua”, expresó, antes de marcar distancia de esa posibilidad: “Ahora, ¿es lo deseable? No es lo deseable”.

Su argumento fue que la inacción regional puede tener consecuencias. “Pero si nadie actúa, termina actuando alguien más”, advirtió.

Téllez insistió en que la responsabilidad primaria de resolver la crisis corresponde a los propios nicaragüenses, pero consideró que la comunidad internacional también tiene responsabilidades frente al deterioro democrático y las violaciones de derechos humanos.

“Nosotros tenemos que estar claros que el problema nuestro es nuestro y que en primer lugar nos corresponde a nosotros resolverlo. Pero también le decimos a la comunidad internacional: ustedes también son accionistas en este problema. Actúen”, manifestó.

México y Brasil tienen una “elevada responsabilidad”

En ese escenario, Téllez señaló particularmente a México y Brasil como dos países que podrían desempeñar un papel determinante para propiciar una transición democrática en Nicaragua.

México y Brasil tienen una elevada responsabilidad para abrir la transición democrática en Nicaragua porque son dos potencias en América Latina”, sostuvo.

La dirigente cuestionó especialmente la posición mexicana basada en el principio de no intervención y aseguró que, a su juicio, ese argumento no se corresponde con la actuación histórica de México frente a la dictadura de Anastasio Somoza.

Recordó que el gobierno de José López Portillo asumió una posición activa frente a Somoza, al igual que Panamá bajo Omar Torrijos y Costa Rica durante la Presidencia de Rodrigo Carazo.

“Apelar a la no intervención es francamente equívoco porque en realidad los Ortega Murillo tienen una guerra contra el pueblo de Nicaragua”, afirmó.

Según Téllez, Nicaragua no enfrenta simplemente una disputa entre sectores políticos. “Estamos hablando de muertos, presos, desaparecidos, exiliados”, señaló, por lo que consideró que México no debería permanecer en silencio.

En este punto lanzó una de las frases más contundentes de su intervención: “Ninguna dictadura entiende con palabras de amor”.

Téllez explicó que las condenas diplomáticas resultan insuficientes mientras un régimen considere que mantenerse en el poder no representa un costo suficientemente alto.

“Lo único que entienden es de dolor. Si les duele más mantenerse en el poder que dejarlo, entonces van a proceder”, sostuvo.

A su juicio, Ortega y Murillo enfrentan ahora un margen cada vez menor para abrir una transición. “El tiempo se ha cortado. El gas se les ha acabado”, afirmó, antes de señalar como “crucial” la actuación de América Latina, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá.

Téllez recordó que durante los últimos años de la dictadura somocista gobiernos latinoamericanos ideológicamente diferentes coincidieron en la necesidad de actuar. Para ella, esa “decisión de actuar” es precisamente lo que falta actualmente frente a Nicaragua.

Téllez advierte que la impunidad puede extender el autoritarismo

La preocupación por la falta de acciones internacionales atravesó buena parte de la conferencia. Téllez se refirió a la reciente discusión sobre Nicaragua en el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), después de que Ortega afirmara el 19 de julio que no volvería a haber elecciones en el país.

Según Téllez, existe un consenso declarativo sobre la ausencia de democracia en Nicaragua, la gravedad de las violaciones a los derechos humanos y las implicaciones de eliminar las elecciones. El problema, afirmó, aparece al momento de pasar de las declaraciones a las acciones.

“Si los países de América Latina no actúan y solamente sacan comunicado (...) el mensaje que se lanza es un mensaje de impunidad”, advirtió.

Para la opositora, esa impunidad puede convertirse en una “luz verde” para nuevos regímenes autoritarios. Nicaragua, sostuvo, demuestra precisamente cómo puede desmontarse gradualmente un sistema democrático sin necesidad de un golpe militar.

“Las dictaduras al final de cuentas se construyen sobre la base del corrimiento de los límites cotidianos del poder político. El poder se expande todos los días”, explicó.

Téllez ubicó las primeras señales después del regreso de Ortega al poder, con una etapa de represión selectiva contra determinados sectores, seguida por la cancelación de organizaciones políticas y un deterioro progresivo de los procesos electorales.

Según su análisis, esa concentración del poder avanzó durante años hasta encontrar un punto de inflexión en las protestas de abril de 2018.

“El gobierno Ortega decide enfrentar esas protestas como una guerra. Una guerra. Se organiza para la guerra”, afirmó.

Téllez, quien participó en la lucha armada contra la dictadura somocista, estableció una diferencia entre aquella experiencia y lo sucedido en 2018.

“Yo fui a la lucha armada. Yo tuve la lucha armada contra los Somoza. Eso era una guerra (...) Pero los Ortega Murillo no han enfrentado una guerra. Los Ortega Murillo han enfrentado un pueblo desarmado”, sostuvo.

Para la dirigente, después de 2018 la represión continuó escalando hasta llegar al proceso electoral de 2021, cuando el régimen puso en marcha lo que definió como un “fraude en cámara lenta”.

A diferencia de un fraude concentrado únicamente en el día de las elecciones, Téllez explicó que este comenzó con restricciones legales, eliminación de organizaciones políticas y posteriormente el encarcelamiento de dirigentes, persecución de periodistas y obispos, cierre de medios de comunicación y la neutralización de posibles aspirantes presidenciales.

“Todo el que asomó la cabeza como precandidato, posible precandidato, eventual aspirante a precandidato fue encarcelado o tuvo que salir al exilio”, señaló.

De régimen autoritario a “dictadura dinástica”

Para Téllez, esa evolución terminó transformando el régimen en una “dictadura dinástica” encabezada por una familia y posteriormente en lo que calificó como una “dictadura constitucionalizada”.

La dirigente consideró que la reforma constitucional de 2025 tuvo como objetivo garantizar la sucesión institucional de Rosario Murillo mediante el establecimiento de la copresidencia y la subordinación de las instituciones estatales a esa nueva estructura de poder.

“No estamos frente a las dictaduras militares (...) es una dictadura de una familia”, afirmó.

Según Téllez, la reforma puede resolver la sucesión institucional de Murillo, pero no necesariamente su sucesión política ante una eventual ausencia de Ortega. En ese contexto interpretó las purgas dentro del sandinismo y las estructuras estatales como parte de la construcción de un nuevo círculo de lealtades alrededor de la copresidenta.

“Ella va a la reconstrucción de un círculo de lealtades para ella, de gente que le deba la vida política a ella, que le deba los cargos a ella, que le deba el protagonismo a ella”, sostuvo.

Téllez vinculó ese proceso con detenciones de dirigentes sandinistas y remociones dentro del sistema judicial, mientras describió paralelamente un modelo de control social basado en la vigilancia y el miedo.

Afirmó que existe revisión de redes sociales y celulares, incluso entre empleados públicos, y aseguró que las opiniones expresadas en internet pueden tener consecuencias para quienes solicitan documentos o intentan ingresar al país.

“Es el sistema de terror impuesto para el silencio. Claro, han silenciado la sociedad nicaragüense”, afirmó.

Nicaragua como advertencia para Centroamérica

Téllez utilizó el caso nicaragüense para plantear una advertencia más amplia sobre el futuro democrático de Centroamérica.

Según explicó, los nuevos autoritarismos ya no necesariamente llegan mediante golpes militares. Pueden ganar elecciones, construir mayorías, utilizar redes sociales y posteriormente manipular las instituciones, perseguir adversarios y concentrar progresivamente el poder.

“Ahora los regímenes autoritarios ganan elecciones, tienen redes sociales”, señaló.

En ese contexto mencionó a El Salvador y afirmó que observa señales que le recuerdan las primeras etapas del proceso nicaragüense. Citó el encarcelamiento de Ruth López y la persecución contra el medio El Faro como ejemplos de lo que considera “represión selectiva”.

También sostuvo que estos nuevos autoritarismos se alimentan de la frustración social, la desinformación, las teorías conspirativas y la construcción de enemigos a quienes responsabilizan por problemas como pobreza, desempleo o inseguridad.

Téllez denominó “revuelta conservadora” a una corriente que, según su análisis, acompaña ese fenómeno y utiliza como blancos asuntos como los derechos de las mujeres, las reivindicaciones sexuales y reproductivas y la migración.

La dirigente incluyó en su análisis el éxodo nicaragüense. Afirmó que desde 2018 alrededor del 12 % de la población ha salido del país por la represión y la falta de oportunidades y sostuvo que ese fenómeno reduce simultáneamente la presión política interna y alimenta la economía mediante las remesas.

“Se van los que molestan. Se van los opositores, se van los levantiscos y mandan dinero”, expresó.

“Este es el momento de reaccionar”

Para Téllez, la experiencia de Nicaragua demuestra que el autoritarismo puede avanzar gradualmente mientras cada nueva concentración de poder termina siendo normalizada.

Por ello llamó a proteger la independencia de los sistemas judiciales y electorales antes de que sean completamente subordinados a los gobernantes.

“Este es el momento de estar alerta y levantar las defensas de lo que hay de democracia”, sostuvo.

La dirigente reconoció, sin embargo, que la democracia contemporánea también atraviesa una crisis y necesita transformarse. Consideró que el modelo heredado de los siglos XIX y XX resulta insuficiente frente a sociedades marcadas por las redes sociales, la comunicación inmediata y mayores demandas de transparencia.

La democracia, afirmó, trasciende las elecciones, pero necesariamente debe conservarlas como mecanismo para resolver pacíficamente la disputa por el poder.

Su conclusión regresó así a la advertencia central de la conferencia: lo sucedido en Nicaragua no ocurrió de un día para otro, sino “paso a paso, día por día”, y la ausencia de respuestas puede facilitar que procesos semejantes se reproduzcan en otros países.

“Si los países del continente no reaccionan y de Europa no reaccionan actuando frente a la dictadura en Nicaragua, ustedes van a ver cómo van a prosperar los regímenes autoritarios en este continente”, advirtió.

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