Orozco plantea invocar Pacto de San José y TIAR ante amenaza de dictadura de Nicaragua
Manuel Orozco plantea invocar el Pacto de San José y, en un escenario de mayor presión, el TIAR ante las acciones del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo que, según el analista, amenazan la seguridad regional
El analista político Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Dialogo Interamericano, planteó que una acción colectiva de los países del hemisferio frente al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo debería comenzar por invocar las violaciones al Pacto de San José y, en un escenario de mayor presión, invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), al considerar que las actuaciones del régimen nicaragüense trascienden sus fronteras y representan una amenaza para otros Estados.
En entrevista con 100% Noticias, Orozco sostuvo que la discusión internacional no debería limitarse a la abolición de las elecciones competitivas en Nicaragua, sino abordar lo que describió como acciones del Estado nicaragüense contra la soberanía de otros países.
“Estratégicamente la acción colectiva que necesita hacerse es invocar realmente la violación al Pacto de San José. Y realmente, si vos subís la parada, es el punto del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca”, afirmó Orozco.
Argumentó que existe una discusión que debe plantearse dentro del Sistema Interamericano sobre si Nicaragua puede ser considerada un Estado agresor a partir de determinadas actuaciones atribuidas al régimen de Ortega y Murillo.
“Hay una violación de un Estado sobre la soberanía de otros Estados y hay varias formas de interpretarlo por las cuales hay evidencia”, manifestó.
Indico que “el punto de partida tiene que empezar ahí. Realmente el estado agresor de Nicaragua utilizando estrategias alternativas, no convencionales para agredir a otros Estados es una realidad. Y además, está usurpando la participación democrática de los ciudadanos nicaragüenses al violar el derecho al voto independiente, libre y justo”.
Orozco señala agresión del régimen fuera de Nicaragua
Entre los argumentos que, según Orozco, deberían formar parte de esa discusión regional está lo que calificó como la “utilización de la migración como un arma de agresión contra Estados Unidos”.
También señaló el uso de estructuras vinculadas al régimen para perseguir y ejecutar acciones contra nicaragüenses fuera de las fronteras nacionales.
“El uso de fuerzas paramilitares para ir a ejecutar y asesinar a nicaragüenses en terceros países, en donde estás violando la soberanía nacional de otro Estado. Honduras y Costa Rica son ejemplos básicos, pero también han trabajado aquí en Estados Unidos”, aseguró Orozco.
Para Orozco, estos elementos deberían llevar el debate sobre Nicaragua más allá de las tradicionales condenas diplomáticas.
“El Estado agresor de Nicaragua, utilizando estrategias alternativas, no convencionales para agredir a otros Estados, es una realidad”, sostuvo.
Abolición de elecciones también debe entrar en discusión
Orozco agregó otro componente: la eliminación de elecciones competitivas y la vulneración del derecho de los nicaragüenses a escoger libremente a sus gobernantes.
Considera que la dictadura también incumple sus compromisos dentro del Sistema Interamericano al impedir el ejercicio de la soberanía popular. “Está usurpando la participación democrática de los ciudadanos nicaragüenses al violar el derecho al voto independiente, libre y justo”, señaló.
A su juicio, estos argumentos deben convertirse en el punto de partida de una estrategia diplomática destinada a convencer individualmente a los Estados miembros.
“Ese es el primer trabajo que realmente se tiene que realizar estratégicamente dentro del seno del Sistema Interamericano y convencer a cada uno de los Estados que ese es el punto de partida”, manifestó.
Del Pacto de San José a posibles medidas coercitivas
Orozco considera que el siguiente debate es particularmente complejo: determinar qué medidas concretas podrían adoptar los países si concluyen que las condenas y exhortaciones diplomáticas ya no son suficientes.
“El segundo elemento es qué hacer en función de cuál es la medida coercitiva. Porque ya no estás hablando de exhortación ni de comunicación, sino estás hablando de coerción. ¿Cuáles son las coerciones necesarias que se necesitan ejecutar?”, cuestionó.
Considera que el Sistema Interamericano tiene importantes limitaciones para imponer medidas coercitivas y señaló al TIAR como uno de los instrumentos que contempla mecanismos relacionados con la seguridad hemisférica.
Según Orozco, la interpretación de las posibles medidas dependería finalmente de los Estados miembros y del consenso político que logren construir.
¿Qué podrían hacer los países contra Ortega y Murillo?
Antes de llegar a escenarios de mayor alcance, Orozco mencionó otras medidas que los gobiernos podrían adoptar individual o colectivamente contra el régimen nicaragüense.
Entre ellas mencionó retirar embajadores, reducir las relaciones con Nicaragua dentro de espacios interamericanos y homologar las sanciones aplicadas contra funcionarios y personas vinculadas al régimen.
Destacó particularmente el efecto que tendría que otros países latinoamericanos comenzaran a aplicar las mismas restricciones impuestas por Estados Unidos y otros gobiernos.
“Por ejemplo, que Panamá empiece a aplicar las mismas sanciones a las personas que han sido sancionadas por Estados Unidos, Canadá, Suiza, Reino Unido, la Unión Europea, entre algunos otros”, explicó.
Orozco aseguró incluso que existen países que estarían adoptando determinadas acciones sin hacerlas públicas, aunque evitó identificarlos.
OEA no está preparada para enfrentar “dictadores del siglo XXI”
La propuesta surge después de que el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos discutiera la situación de Nicaragua sin concretar una votación para convocar una reunión de cancilleres.
Orozco considera que lo sucedido demuestra una contradicción dentro del organismo: existe un amplio rechazo a la eliminación de las elecciones competitivas, pero no hay consenso sobre cómo responder.
“Sí hay un consenso incuestionable que la situación de Nicaragua es de una naturaleza dictatorial y que el principio y la práctica del derecho al voto como una forma de ejercicio de la voluntad popular de los ciudadanos es inalienable”, aseguró.
El problema aparece, según Orozco, cuando los Estados deben pasar de reconocer la naturaleza del régimen a determinar las acciones necesarias para enfrentarlo.
“Los Estados miembros no están preparados para lidiar con estos dictadores del siglo XXI”, afirmó. Por esa razón, considera que la OEA mantiene una “tarea pendiente” con Nicaragua.
Ante falta de consenso, presión podría pasar de multilateral a bilateral
Orozco considera que la resistencia de algunos gobiernos a respaldar medidas más contundentes obliga a reconsiderar la estrategia.
A su juicio, si no existe consenso suficiente dentro de la OEA, los países que consideran inaceptable lo ocurrido en Nicaragua pueden comenzar a ejercer presión individualmente.
“El trabajo diplomático en este momento tiene que trasladarse de lo multilateral a lo unilateral en función de los principios realmente de lo que estos países están convencidos”, explicó.
Cuestionó especialmente las posiciones de México y Brasil y aseguró que América Latina mantiene un problema histórico para enfrentar a los gobiernos autoritarios.
Orozco fue todavía más contundente al describir el aislamiento que, según su análisis, enfrenta la dictadura de Nicaragua que la catalogó como “tóxica” y que nadie los acepta.
“Para ningún país de América Latina y el Caribe, ninguno, y aquí me atrevo a incluir hasta Cuba, Nicaragua es aceptable. Nicaragua es tóxica para todos los países de América Latina. Nadie quiere codearse con ellos”, expresó.
Estados Unidos “tomó nota” de los países que no lo respaldaron
El analista también interpretó el mensaje emitido por Washington después de la sesión de la OEA, en el que Estados Unidos afirmó que no puede continuar actuando solo frente al régimen de Ortega y Murillo.
Para Orozco, el pronunciamiento demuestra que la estrategia estadounidense no terminó con la falta de una votación. “Aquí no terminó la historia”, afirmó.
Según el especialista, Washington podría continuar combinando acciones multilaterales con presión bilateral sobre gobiernos de la región.
“Estados Unidos va a seguir trabajando unilateralmente, pero también multilateralmente en diferentes ámbitos”, señaló.
Orozco considera además que el mensaje estadounidense contiene un componente de advertencia hacia países que no acompañaron su posición.
“Yo creo que hay un elemento de esa advertencia. Estados Unidos tomó nota de todos estos países”, aseguró.
Anuncio de Ortega aceleró los tiempos y acciones
Manuel Orozco explicó que el escenario político previsto inicialmente para Nicaragua contemplaba un plazo aproximado de 18 meses, vinculado al proceso electoral de 2027. Sin embargo, considera que el anuncio de Daniel Ortega sobre la eliminación de elecciones competitivas alteró ese calendario y podría acelerar los tiempos para aumentar la presión y buscar una transición democrática.
“Para la administración del presidente Trump, el tema de Nicaragua estaba planteado en función del proceso electoral de 2027 y la presión política iba a estar relacionada con eso, pero cualquier acción de transición democrática se tenía que producir durante el término de esta presidencia”, explicó Orozco.
Según el analista, esos eran los plazos que manejaba la administración estadounidense, aunque advirtió que el contexto internacional podría modificarlos. Situaciones como Irán, Cuba y otras prioridades de política exterior podrían provocar retrasos o cambios en la agenda.
Orozco sostuvo que la dictadura de Ortega y Murillo tendría puesta su mirada en noviembre de 2026, bajo la expectativa de que una eventual derrota electoral de los republicanos en las elecciones de medio término reduzca la presión de Washington sobre Nicaragua.
“Ellos creen que con la posible derrota electoral de los republicanos, el tema de Nicaragua se va a diluir y ya no tienen que preocuparse. Realmente están equivocados”, afirmó.
A juicio de Orozco, independientemente del resultado de esas elecciones, la política de Donald Trump hacia Nicaragua no necesariamente se detendría. Señaló que la agenda estadounidense tendría como horizonte el final de la actual presidencia de Trump y que el desafío para la oposición nicaragüense consiste en aprovechar esa voluntad política internacional para incrementar la presión sobre el régimen.
“El tema fundamental es cómo uno se apalanca con la voluntad política de Estados Unidos para acelerar más la presión y generar una transición política”, señaló.
No obstante, advirtió que ese aprovechamiento requiere un nivel de organización política entre los nicaragüenses que, a su criterio, todavía hace falta consolidar.
Orozco precisó que los 18 meses inicialmente planteados correspondían principalmente al movimiento cívico nicaragüense, en un período que ubicaba entre junio y noviembre de 2027. Pero considera que la decisión del régimen de cerrar la posibilidad de elecciones competitivas cambió ese escenario.
Con esta abolición de las elecciones, ese tiempo varió; puede ser menos de 18 meses. "Yo creo que todo es posible”, manifestó.
También llamó a no interpretar la presión de Washington como una garantía de que Estados Unidos intervendrá directamente para sacar del poder a Ortega y Murillo o instalar un nuevo gobierno en Nicaragua.
“Esto no está en manos de Estados Unidos. El que cree que Estados Unidos va a ir a resolver las cosas y ponerte un nuevo presidente está equivocado. Estados Unidos no está en el negocio de sacar presidentes, de sacar dictadores”, afirmó.
Orozco señaló que las expectativas surgidas a partir de lo ocurrido en Venezuela podrían llevar a conclusiones equivocadas y consideró que ese caso debe entenderse como una excepción y no necesariamente como una nueva política estadounidense aplicable automáticamente a Nicaragua.
Por ello, insistió en que la presión internacional debe funcionar como un instrumento para fortalecer la capacidad de acción de los propios nicaragüenses.
“Yo tengo que depositar mis esperanzas en el rol de Estados Unidos para que yo me empodere y realmente promueva la transición política en Nicaragua, yo como nicaragüense”, concluyó.
Orozco: Ortega y Murillo no ganaron tiempo
Pese a que la OEA no concretó una votación, Orozco rechazó que Ortega y Murillo hayan salido fortalecidos de la sesión.
“Yo no creo que ellos han ganado tiempo”, afirmó.
Según su análisis, el régimen enfrenta además una disputa relacionada con la sucesión del poder y el futuro político de Rosario Murillo.
Orozco sostiene que Ortega continúa siendo una figura determinante dentro de la estructura gobernante y que la prolongación del actual esquema político también tendría como objetivo posponer la sucesión.
“Daniel Ortega dice: ‘Yo sigo a cargo’. Aunque él no está a cargo, la figura del personaje tiene peso político todavía mientras él esté vivo”, explicó. Recomienda que estos movimientos deben observarse como parte de un proceso más amplio de debilitamiento interno.
“Ahí es donde uno tiene que concentrar las energías para entender cómo es que se está produciendo lo que llamamos el declive autoritario de los Ortega Murillo y trabajar políticamente en ese contexto”.
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