Oposición respalda la postura de EE.UU. en la OEA y espera la reunión de cancilleres

La falta de una votación inmediata sobre la convocatoria de una reunión de cancilleres de la Organización de los Estados Americanos (OEA) generó interpretaciones encontradas entre analistas y dirigentes de la oposición nicaragüense. Mientras algunos consideran que la sesión marcó un avance diplomático para aislar al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, otros advierten que la organización aún enfrenta dificultades para alcanzar consensos sobre las medidas que deberían adoptarse frente a la crisis en Nicaragua

Agosto 06, 2026 11:15 AM
Oposición respalda la postura de EE.UU. en la OEA y espera la reunión de cancilleres

La reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), celebrada el 5 de agosto para abordar la crisis en Nicaragua, concluyó sin que se sometiera a votación el proyecto de resolución promovido por Estados Unidos para convocar una Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores. El desenlace provocó distintas lecturas entre especialistas y líderes de la oposición nicaragüense, quienes coincidieron en la gravedad de la situación, pero discreparon sobre el significado político de lo ocurrido. 

Para Juan Sebastián Chamorro, la ausencia de una votación inmediata no debe interpretarse como un fracaso. A su juicio, el objetivo fue abrir una discusión más amplia para construir el mayor consenso posible entre los Estados miembros.

"Yo creo que fue un éxito", afirmó Chamorro, al sostener que la propuesta continuará su trámite en futuras sesiones del Consejo Permanente. "Esto no termina hasta que termine", expresó, al considerar que Estados Unidos decidió no presionar una votación inmediata para facilitar negociaciones con los países que aún no han definido su posición. 

Chamorro señaló que uno de los aspectos más relevantes fue el consenso regional en torno al rechazo de la eliminación de elecciones competitivas en Nicaragua.

"Todos los países invocaron el artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, inclusive México e inclusive Brasil", destacó. A su juicio, ese consenso representa un cambio importante en la narrativa diplomática sobre la crisis nicaragüense y fortalece la posibilidad de una futura aprobación de la convocatoria a los cancilleres. 

José Antonio Peraza también manifestó sorpresa porque la resolución no fuera sometida a votación al concluir la sesión. Sin embargo, enfatizó que ningún país salió en defensa del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

"Nadie se atrevió a defender a la dictadura. Nadie", afirmó. Incluso destacó que México y Brasil expresaron preocupación por el deterioro democrático y la situación de los derechos humanos en Nicaragua, aunque sin respaldar de forma explícita la propuesta estadounidense. 

Peraza observó, además, la escasa participación de varios países del Caribe y el silencio de Honduras y El Salvador durante el debate.

"Eso ya me marca un panorama", comentó, al considerar que la diplomacia estadounidense deberá concentrar sus esfuerzos en esos gobiernos para construir la mayoría necesaria en futuras votaciones. 

Una lectura distinta ofreció Manuel Orozco, investigador del Diálogo Interamericano, quien consideró que el Consejo Permanente optó por "salvar el momento" al evitar una votación que, según su criterio, no contaba con el respaldo suficiente.

"La interpretación directa es que se trató de salvar el momento para evitar que se dijera que hubo un completo fracaso", afirmó Orozco. Según explicó, convocar una reunión extraordinaria de cancilleres requiere una mayoría calificada de dos tercios, respaldo que Estados Unidos no habría logrado consolidar antes de la sesión. 

El analista también estimó que la convocatoria pudo haberse realizado con demasiada premura.

"Había una decisión prematura de convocar esta reunión", sostuvo, al señalar que la administración estadounidense no contó con el tiempo suficiente para construir consensos diplomáticos en una región donde persisten diferencias sobre la relación con Washington y sobre los mecanismos multilaterales para enfrentar a las dictaduras. 

Orozco rechazó, además, la interpretación de que el debate giró principalmente en torno a la seguridad hemisférica.

"Esta reunión no es sobre el tema de seguridad versus derechos humanos", explicó. Según su análisis, la verdadera discusión se centró en determinar cuál es el instrumento jurídico interamericano más adecuado para responder a la decisión de Ortega de eliminar las elecciones competitivas y qué mecanismos coercitivos podrían aplicarse dentro del marco legal de la OEA. 

Pese a ello, sostuvo que la reunión marca un punto de inflexión porque varios gobiernos comienzan a explorar medidas adicionales fuera del ámbito de las resoluciones políticas.

"Hay un reseteo sobre Nicaragua en el sistema interamericano", afirmó. Entre las opciones mencionó consultas a embajadores, homologación de sanciones económicas ya aplicadas por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, así como mayores restricciones financieras dirigidas al círculo de poder del régimen. 

Desde otra perspectiva, Félix Maradiaga calificó la sesión como un primer paso dentro de un proceso que todavía debe traducirse en acciones concretas.

"Tenemos que ver esto como el piso y no como el techo de lo que se espera", expresó el dirigente opositor. A su juicio, la verdadera prueba para la OEA llegará con la eventual convocatoria de la reunión de cancilleres y la adopción de medidas que trasciendan las declaraciones políticas. 

Maradiaga reconoció que existe una tensión entre la urgencia de responder a la crisis nicaragüense y las diferencias políticas que persisten entre varios gobiernos latinoamericanos.

"Los nicaragüenses estamos agotados de palabras de solidaridad", afirmó. Consideró que la credibilidad del sistema interamericano dependerá de su capacidad para actuar antes de que el régimen consolide las reformas constitucionales que eliminan la competencia electoral. 

El opositor también llamó a no depositar todas las expectativas exclusivamente en Washington.

"No colocar todas nuestras esperanzas únicamente en Estados Unidos", recomendó, al considerar indispensable fortalecer el trabajo diplomático con otros gobiernos de la región para construir una estrategia más amplia de presión internacional. 

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