Informe de EE. UU. sostiene que Cuba usó a Nicaragua para expandir el comunismo
Un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos sostiene que Cuba desempeñó un papel decisivo en el triunfo de la Revolución Sandinista y convirtió a Nicaragua en una base para expandir el proyecto revolucionario en Centroamérica
El Departamento de Estado de Estados Unidos publicó el informe "Cuba: The Capital of 21st Century Communism", un documento de 100 páginas en el que analiza el papel que atribuye al régimen cubano en la promoción de movimientos revolucionarios y organizaciones armadas en distintas regiones del mundo durante las últimas décadas.
El Secretario de Estado Marco Rubio destacó que: "Durante más de seis décadas, el régimen cubano ha sido el principal patrocinador de la izquierda radical y el tercermundismo en los Estados Unidos. El Departamento de Estado está sacando a la luz la historia completa del espionaje y la subversión cubana en nuestro país. El pueblo estadounidense merece saberlo".
En el capítulo dedicado a la exportación de la revolución, el documento sostiene que "La Revolución Sandinista fue una de las grandes victorias de La Habana en el hemisferio".
Según el informe, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) logró derrocar al régimen de Anastasio Somoza en 1979 con un respaldo significativo de Cuba.
El texto afirma que "Cuba fue el principal patrocinador de la insurgencia" y agrega que suministró al movimiento sandinista lo que un memorando del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 1979 describió como "una cantidad increíble de armas". Además, señala que la isla sirvió como centro de entrenamiento, refugio y base de operaciones para el FSLN.
El informe añade que Cuba alojó en La Habana a un representante del Frente Sandinista "para dirigir la propaganda sandinista por Radio Habana y mantener contacto con representantes de otras organizaciones radicales".
El documento sostiene además que el apoyo cubano fue más allá del suministro de armas. Afirma que "La Habana no solo armó al FSLN; pasó años cultivando al grupo como parte de una red continental, entrenando cuadros en la isla, acogiendo representantes sandinistas en La Habana y estableciéndose como el nodo operativo de la revolución".
Asimismo, el informe sostiene que "Los sandinistas no eran simplemente una insurgencia local. Fueron beneficiarios de una cadena de suministro revolucionaria de alcance hemisférico".
Entre las afirmaciones más relevantes figura que, en la fase final de la insurrección, Cuba habría enviado guerrilleros entrenados de regreso a Nicaragua, suministrado armamento pesado y organizado una brigada integrada por militantes de varios grupos extremistas de Centro y Sudamérica para combatir junto al FSLN.
Tras la caída del régimen somocista, el Departamento de Estado sostiene que Nicaragua pasó a desempeñar un papel estratégico dentro del proyecto revolucionario impulsado por La Habana.
El informe afirma que "Nicaragua se convirtió en la base avanzada para una mayor expansión cubana, creando un Estado revolucionario que serviría como santuario, centro de entrenamiento, corredor de armas y modelo político para la siguiente generación de insurgencias castristas en El Salvador, Guatemala, Honduras y otros países".
El documento también sitúa el respaldo cubano a Nicaragua dentro de una estrategia regional iniciada poco después del triunfo de Fidel Castro. Según el informe, "Casi inmediatamente después de tomar La Habana en enero de 1959, Castro comenzó a planificar ataques armados contra gobiernos vecinos, lanzando expediciones contra Haití, República Dominicana, Nicaragua y Panamá solo ese mismo año".
Relevancia del informe en este contexto
La publicación de este informe coincide con un momento de creciente tensión en la relación entre Washington y el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Aunque el documento analiza principalmente el papel histórico de Cuba en la exportación de la revolución comunista durante la Guerra Fría, dedica un espacio relevante a Nicaragua al presentar a la Revolución Sandinista como una de las principales victorias estratégicas de La Habana y al país como una plataforma para la expansión de ese proyecto político en Centroamérica.
Las conclusiones del informe adquieren especial relevancia porque fueron divulgadas apenas un día después de que el régimen conmemorara el 47 aniversario de la Revolución Sandinista, acto durante el cual Daniel Ortega aseguró que en Nicaragua "no volverán a haber elecciones" y anunció que impulsará nuevas leyes para impedir que la oposición pueda volver a disputar el poder.
En ese contexto, el informe del Departamento de Estado cobra un significado político adicional. Al reconstruir el respaldo que Cuba brindó al Frente Sandinista desde antes de 1979 y presentar a Nicaragua como una pieza clave dentro de la expansión del proyecto revolucionario cubano, el documento reaviva el debate sobre los orígenes del sandinismo y su evolución hasta el modelo de poder que actualmente encabezan Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Aunque el informe no analiza al régimen de Ortega ni desarrolla un apartado específico sobre su figura, su publicación coincide con un momento en que el mandatario ha reafirmado públicamente que no permitirá nuevas elecciones competitivas en Nicaragua, una declaración que profundiza las críticas internacionales sobre el cierre de los espacios democráticos en el país.
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