Sacerdote nicaragüense exiliado denuncia la complicidad activa de Honduras con el régimen de Ortega ante la crisis de derechos humanos en Nicaragua
Un nuevo pronunciamiento desde el exilio volvió a poner el foco sobre la respuesta de los gobiernos de la región ante la crisis nicaragüense, reavivando el debate sobre el papel de la comunidad internacional frente a las denuncias de violaciones de derechos humanos
El sacerdote nicaragüense exiliado Nils de Jesús Hernández cuestionó públicamente la postura del presidente de Honduras, Nasry Asfura, por mantener una posición de silencio y no intervención frente a la crisis política y de derechos humanos que atraviesa Nicaragua desde 2018.
A través de un comunicado difundido este 24 de junio, el religioso expresó su preocupación por las recientes declaraciones del mandatario hondureño y consideró que guardar silencio ante la situación que vive Nicaragua resulta doloroso para miles de ciudadanos que han sido víctimas de persecución, encarcelamientos, exilio forzado, destierros, confiscaciones y violaciones a sus derechos fundamentales.
“Quiero expresar mi profunda preocupación ante las recientes declaraciones del presidente de Honduras, Nasry Asfura, quien ha decidido mantener una postura de silencio y no intervención frente a la grave crisis que vive Nicaragua”, manifestó Hernández en el documento.
El sacerdote, quien forma parte de los miles de nicaragüenses obligados a abandonar su país en medio del contexto de represión denunciado por organismos internacionales, sostuvo que no es posible hablar de paz mientras persista el sufrimiento de una población que continúa enfrentando restricciones a sus libertades fundamentales.
“No se puede hablar de paz ignorando el sufrimiento de un pueblo. No se puede invocar la hermandad entre las naciones mientras hombres y mujeres continúan siendo víctimas de la represión y mientras se les niegan libertades básicas como expresarse libremente, manifestarse pacíficamente o participar en la vida democrática de su país”, señaló.
Las declaraciones del sacerdote se producen en un contexto en el que la situación de Nicaragua continúa siendo observada por organismos internacionales de derechos humanos. Desde la represión de las protestas de abril de 2018, diversas instancias han documentado denuncias de detenciones arbitrarias, persecución política, restricciones a la libertad de expresión, cierre de organizaciones civiles, confiscación de bienes y expulsión de opositores, periodistas y líderes religiosos.
En los últimos años, la situación de la Iglesia católica también ha sido motivo de preocupación internacional. Sacerdotes, religiosas y obispos han denunciado vigilancia, restricciones a sus actividades pastorales, detenciones y expulsiones del país. Varios miembros del clero se encuentran actualmente en el exilio tras abandonar Nicaragua en medio de un ambiente de creciente presión contra las instituciones religiosas.
Hernández afirmó que los gobiernos democráticos tienen una responsabilidad moral frente a las violaciones de derechos humanos y consideró que el silencio ante situaciones de injusticia puede contribuir a la normalización de estos hechos.
“Los gobiernos democráticos tienen la responsabilidad moral de alzar su voz cuando la dignidad humana es vulnerada. El silencio ante la injusticia nunca debe convertirse en una forma de complicidad”, expresó.
El religioso también hizo un llamado a la comunidad internacional para que mantenga su atención sobre la situación nicaragüense y no permita que las denuncias de las víctimas pierdan visibilidad en el escenario regional.
“Nicaragua necesita solidaridad, necesita que la comunidad internacional mantenga su atención sobre la realidad que viven miles de familias afectadas por la crisis sociopolítica. Quienes hemos acompañado el dolor de las víctimas sabemos que no basta con mirar hacia otro lado”, señaló.
La crisis nicaragüense ha provocado uno de los mayores movimientos migratorios de la historia reciente del país. Organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil estiman que cientos de miles de nicaragüenses han salido al exilio durante los últimos años en busca de protección y mejores condiciones de vida. Muchos de ellos se encuentran en Costa Rica, Estados Unidos, España, Panamá y otros países de la región.
Paralelamente, informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua han documentado patrones de represión estatal, restricciones al espacio cívico y violaciones de derechos fundamentales que continúan generando preocupación internacional.
En su mensaje, Hernández insistió en que la defensa de los derechos humanos debe estar por encima de consideraciones políticas o diplomáticas y reiteró que la solidaridad internacional sigue siendo fundamental para quienes continúan enfrentando las consecuencias de la crisis.
El sacerdote concluyó su pronunciamiento con un llamado a defender la verdad, la justicia y la libertad como pilares indispensables para alcanzar una paz duradera en Nicaragua y en la región centroamericana.
“Mi llamado es a que prevalezcan la verdad, la justicia y el respeto a los derechos humanos. Solo así podremos construir una paz auténtica y duradera para Nicaragua y para toda Centroamérica”, expresó.
Finalmente, pidió que la comunidad internacional mantenga su compromiso con la protección de la dignidad humana y que los gobiernos democráticos continúen alzando su voz frente a las violaciones de derechos humanos que persisten en Nicaragua, una crisis que, a más de ocho años de iniciada, sigue generando preocupación dentro y fuera del país.
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