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Ocho años después, oposición ve a Ortega más débil y sin margen para sostenerse

A ocho años de las protestas de abril de 2018, opositores sostienen que el régimen de Daniel Ortega muestra signos claros de desgaste acelerado, con una estructura represiva que, aunque aún se sostiene, enfrenta límites crecientes en el tiempo

Abril 09, 2026 12:55 PM
Ocho años después, oposición ve a Ortega más débil y sin margen para sostenerse

A ocho años del estallido social de abril de 2018, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo enfrenta un escenario distinto al que logró imponer tras sofocar las protestas. Aunque mantiene el control mediante un aparato represivo, voces de la oposición advierten que el desgaste político, social e internacional de la dictadura se ha acelerado y que su sostenibilidad en el tiempo es cada vez más cuestionada.

El opositor exiliado Eliseo Núñez sostiene que el punto de quiebre fue precisamente abril de 2018, cuando el régimen quedó expuesto ante la comunidad nacional e internacional. “Antes del 18 nos miraban como locos a los que decíamos que esto era una dictadura, pero se desenmascaró y a partir de ahí ha venido en un desgaste acelerado de su imagen”, afirmó durante una entrevista en el programa Comentarios al Margen con Miguel Mora. 

Según Núñez, aunque la rebelión cívica fue sofocada, esta carecía de una estructura organizativa sólida, lo que facilitó la respuesta del régimen. Sin embargo, ese mismo proceso dejó al descubierto la fragilidad del modelo político sandinista.

“Era gente que no estaba metida en política, no podías pedirle organización a estudiantes o campesinos”, explicó, al tiempo que subrayó que el desgaste posterior ha sido constante. 

En términos históricos, el opositor plantea que no se trata únicamente de un ciclo reciente de ocho años, sino de un proceso de concentración de poder que se remonta a más de cuatro décadas. A su juicio, la actual etapa se diferencia de la década de los ochenta por la ausencia de un liderazgo colectivo y la consolidación de un mando unipersonal, lo que, paradójicamente, incrementa su vulnerabilidad.

Al tener menos fisuras, el mando es único, pero su debilidad está en cómo se traslada ese mando hacia adelante. El tema de la sucesión los convierte en vulnerables totalmente”, advirtió Núñez, quien considera que este factor podría acelerar un desenlace político en el país. 

Otro elemento clave en el análisis es la sostenibilidad del aparato represivo. Aunque ha sido el principal sostén del régimen desde 2018, el opositor advierte que no puede mantenerse indefinidamente. “Hay cosas que son insostenibles y esa estructura represiva no puede ser eterna”, señaló, sugiriendo que el desgaste interno podría volverse determinante en los próximos años. 

En paralelo, el activismo opositor ha experimentado una disminución, marcada por divisiones internas y el impacto del exilio. Núñez reconoce que “hay mucha fuerza verbal”, pero también admite que la capacidad organizativa ha mermado, en gran parte por la necesidad de supervivencia de quienes han salido del país o permanecen bajo presión dentro de Nicaragua. 

A pesar de estas limitaciones, el opositor insiste en que el objetivo central debe ser la salida del régimen, dejando para una etapa posterior los debates ideológicos y las responsabilidades históricas. “Este es un momento de votar a Ortega, habrá tiempo para discutir los errores del pasado”, afirmó. 

En cuanto a los posibles escenarios de cambio, Núñez identifica tres rutas principales. La primera, una operación similar a la vivida en Venezuela, que considera poco probable. La segunda, un levantamiento popular, que tampoco ve viable en el corto plazo. Y la tercera, que califica como la más factible, es una presión internacional liderada por Estados Unidos que desemboque en una transición política con elecciones.

Un proceso de transición que concluya en elecciones, no con Ortega en el poder, sino a través de una negociación. Ese es el escenario que hoy tiene más probabilidad”, explicó. 

En este contexto, el exilio juega un papel limitado pero relevante. Según Núñez, su función principal es mantener viva la voz de la oposición en el ámbito internacional, aunque descarta que los exiliados puedan regresar de forma inmediata a ocupar cargos políticos en un eventual cambio de gobierno.

A ocho años de la crisis sociopolítica, el balance que hacen sectores opositores apunta a un régimen más debilitado en términos de legitimidad y sostenibilidad, aunque aún con capacidad de control. La incógnita, sin embargo, sigue siendo cuándo ese desgaste alcanzará un punto crítico que permita un cambio real en Nicaragua.

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