Félix Maradiaga: “El régimen está doblando el brazo, pero no ha cambiado de fondo”
Félix Maradiaga afirmó que la eliminación del libre visado para 128 países es una señal de que el régimen de Ortega y Murillo “está doblando el brazo” ante la presión de Estados Unidos, aunque advirtió que no existe un cambio estructural en la naturaleza autoritaria del Gobierno
El presidente de Ruta del Cambio, Félix Maradiaga, aseguró que la eliminación del libre visado para 128 países por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo es una señal de “desesperación” ante el temor de una respuesta más severa de Estados Unidos.
En entrevista, Maradiaga sostuvo que la decisión de anular el régimen de libre visado —que durante años permitió el ingreso sin restricciones a ciudadanos de países como China, Cuba y Venezuela— no responde a una convicción democrática, sino a un intento de “apaciguar” a Washington.
“Es un ejemplo claro de que el régimen está doblando el brazo”, afirmó, aunque advirtió que se trata de medidas “paliativas” que no representan un cambio estructural en la naturaleza autoritaria del Gobierno.
Visas y presión de EE. UU.: “Maniobra defensiva”
Para el dirigente opositor, el giro en política migratoria ocurre tras un cambio en la correlación de fuerzas regional, especialmente luego de la operación en Venezuela que debilitó la narrativa de respaldo ruso, chino e iraní al régimen de Nicolás Maduro.
“Lo que veo es a un régimen que pasó de estar en ofensiva a estar en defensiva”, señaló. A su juicio, la administración estadounidense, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, ha dejado claro que no tolerará que Nicaragua continúe funcionando como plataforma de tránsito migratorio o como aliado estratégico de potencias extrarregionales.
Maradiaga no descartó que el régimen busque reducir visiblemente la presencia china en Nicaragua, devolver propiedades confiscadas a empresas estadounidenses o incluso liberar presos políticos bajo la lógica de “puerta giratoria”, como parte de una estrategia para ganar tiempo.
Sin embargo, subrayó que mientras Ortega y Murillo permanezcan en el poder, no habrá garantías reales de respeto a la propiedad privada, libertad religiosa ni elecciones libres.
Transición: sin “mesías” ni acuerdos a puerta cerrada
Consultado sobre posibles escenarios de transición —incluyendo propuestas de una junta cívico-militar—, Maradiaga insistió en que la prioridad no es el formato institucional, sino la legitimidad del liderazgo que encabece cualquier proceso.
“En este momento ninguno de nosotros tiene el mandato para representar a toda la oposición”, reconoció. Por ello, planteó la necesidad de un proceso colegiado y mínimamente consultivo que evite repetir “la fórmula fallida” de reuniones cerradas que excluyen a sectores clave.
También descartó que Nicaragua viva un escenario idéntico al de Venezuela. “No veo que Estados Unidos vaya a sacar por las orejas al dictador”, dijo, al tiempo que llamó a prepararse organizativamente para todos los escenarios posibles.
Ejército y seguridad: distanciamiento con Washington
En otro punto clave, Maradiaga analizó la exclusión del Ejército de Nicaragua de una reciente reunión hemisférica de jefes de defensa en Estados Unidos.
Según el opositor, Washington tiene claro que el Ejército nicaragüense “no es un aliado” y que se ha alineado con intereses extraterritoriales, particularmente con Rusia.
“El problema no es solo el Ejército, sino todo el aparato de seguridad: paramilitares, estructuras de inteligencia y vínculos con China y Rusia”, advirtió.
La reciente incautación de un cargamento histórico de droga en el Pacífico por parte de El Salvador, con tres nicaragüenses detenidos, refuerza —según Maradiaga— la percepción de debilidad o falta de cooperación efectiva de las fuerzas de seguridad nicaragüenses en la lucha contra el narcotráfico regional.
Retorno del exilio: sin condiciones reales
Sobre la carta enviada por Luis Fley solicitando garantías para el retorno seguro de exiliados, Maradiaga valoró la iniciativa como un paso que “abona a exponer al régimen”, pero fue claro: “No hay condiciones para un retorno generalizado”.
Diferenció entre el deseo legítimo de líderes políticos de regresar, incluso asumiendo riesgos, y la realidad de miles de nicaragüenses que solicitan asilo internacional bajo el argumento —válido— de que en Nicaragua no existen garantías mínimas de seguridad.
“Esto va a tomar años, incluso en un eventual escenario de transición”, advirtió.
“No hay solución rápida”
Maradiaga reiteró que la salida del régimen será “larga y dolorosa”. Recordó que desde 2018 ha sostenido que no existe un “quick fix” para la crisis nicaragüense y que la dictadura está dispuesta a resistir hasta las últimas consecuencias.
No obstante, afirmó que la oposición debe aprovechar la actual “ventana de oportunidad” generada por el cambio de postura internacional y por el hecho de que, según su lectura, el régimen ha pasado a una posición defensiva.
“Esta es una labor de vida”, concluyó. “No vamos a descansar hasta ver a Nicaragua libre”.
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