Mayoría de nicaragüenses ve negativo las alianzas del régimen con Rusia, Irán y China
El más reciente informe de Hagamos Democracia revela que una amplia mayoría de los nicaragüenses percibe como negativas las alianzas del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo con Rusia, Irán y China, una estrategia geopolítica que, según la población, profundiza el aislamiento internacional, la represión interna y los impactos económicos locales.
El más reciente informe de Hagamos Democracia que evalúa la percepción de la realidad política, social y económica de Nicaragua revela un rechazo mayoritario de la población a las alianzas del régimen de Daniel Ortega con Rusia, Irán y China. Según la encuesta correspondiente al segundo trimestre de 2025, el 75.25 % de los consultados considera que estas alianzas son negativas para el país, frente a un 23.25 % que no tiene una opinión definida y apenas un 1.50 % que las percibe como positivas.
Este rechazo se refleja también en experiencias cotidianas. En Estelí, vecinos denunciaron que una ciudadana de origen chino ocupó un área verde de la vía pública, frente a su residencia, para cultivar productos agrícolas propios de su país. Aunque los cultivos resultan llamativos por ser poco comunes en Nicaragua, residentes del sector cuestionan la aparente permisividad de las autoridades.
“Pero mire, si fuera uno de nosotros ya nos hubieran mandado a arrancar todo. Los chinos ya se adueñaron del comercio de la ciudad y tienen más derechos que los nicaragüenses”, expresó un ciudadano, al señalar que el sembradío se encuentra a escasa distancia de una delegación policial.
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De acuerdo con el informe, el 96.5 % de los encuestados afirma haber observado ciudadanos chinos en su comunidad, un dato que confirma la percepción de una presencia creciente. Esta realidad incluso ha comenzado a influir en prácticas cotidianas, como el mercado inmobiliario, donde —según relatan vecinos— algunos propietarios han construido módulos para priorizar a extranjeros, ajustando el precio del alquiler en función de ello.
Alianzas geopolíticas bajo cuestionamiento
El estudio contextualiza este malestar ciudadano en el marco de las alianzas geopolíticas de la dictadura. “Estas alianzas generan preocupación por ubicar al país en un eje geopolítico contrario a los valores democráticos y de derechos humanos”, añade el texto.
Desde el regreso de Ortega al poder en 2007, el régimen estrechó vínculos con el bloque del llamado Socialismo del Siglo XXI, encabezado por Hugo Chávez, Lula da Silva y los hermanos Castro. Venezuela jugó un papel central en la consolidación del poder político y económico del régimen Ortega-Murillo “mediante financiamiento, cooperación y suministro petrolero, lo que permitió a la dictadura controlar sectores estratégicos como el energético”.
Sin embargo, tras el colapso económico venezolano y la interrupción de ese flujo de recursos, la dictadura “reforzó sus alianzas con Rusia, China e Irán” para sustituir ese antiguo padrinazgo. Este giro se profundizó luego de las “violaciones masivas de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos durante la represión de 2018”, que derivaron en una fuerte condena internacional y la reducción significativa del financiamiento y la cooperación hacia Nicaragua.
En ese contexto, el régimen rompió relaciones con Taiwán y estableció vínculos oficiales con la República Popular China, acompañados de “concesiones a empresas chinas para la extracción de oro”, incluso en reservas de biosfera y territorios indígenas, así como de una creciente presencia de pequeños inversionistas chinos.
En paralelo, Nicaragua ha respaldado abiertamente a Rusia en la guerra contra Ucrania y ha permitido la instalación de infraestructura de “inteligencia y seguridad rusa” en el país, a cambio de cooperación en armamento, formación y control policial.
Impactos locales y percepción negativa
Según el informe, quienes consideran negativas estas alianzas mencionan múltiples razones: “deterioro de las relaciones con Estados Unidos, fortalecimiento de la represión interna, aislamiento internacional, incremento de la deuda externa, afectación a pequeños comercios, pérdida de inversión extranjera, extractivismo, injerencia extranjera, riesgo de involucramiento en conflictos internacionales, debilitamiento del CAFTA, explotación laboral, mala calidad de productos importados y aumento de la vigilancia y el espionaje”.
En el caso específico de China, los encuestados priorizan impactos locales y comunitarios más que consideraciones geopolíticas. En mediciones anteriores, “el 78.5 % afirmó que la llegada de negocios chinos propicia la desaparición de comercios locales, el 72.8 % habló de competencia desleal favorecida por la dictadura”, el 41 % consideró que genera mayor pobreza y el 35 % identificó un aumento de la explotación laboral. Solo el 1.3 % cree que la presencia china contribuye a la generación de empleo.
El seguimiento realizado en los últimos tres meses refuerza esta percepción: el 96.5 % de los consultados afirma haber notado un incremento de negocios chinos en su comunidad, frente a apenas un 3.5 % que no lo percibe.
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