Expulsión del embajador español profundiza el aislamiento internacional del régimen Ortega-Murillo

La expulsión del embajador de España en Nicaragua y de ocho cooperantes de la Agencia Española de Cooperación marca un nuevo punto de quiebre en las relaciones diplomáticas del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo con Europa. Analistas políticos y expertos en derecho internacional coinciden en que la decisión responde al miedo del régimen a cualquier interlocución independiente y refuerza su condición de dictadura aislada y sin legitimidad

Equipo de Periodistas
enero 28, 2026 10:35 AM
Expulsión del embajador español profundiza el aislamiento internacional del régimen Ortega-Murillo

La decisión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de expulsar al embajador de España en Nicaragua y de 8 miembros de la cooperación española confirma una vez más una cadena de errores políticos que profundiza el aislamiento internacional de la dictadura y evidencia su falta de legitimidad, coinciden analistas opositores nicaragüenses en el exilio. A su juicio, el régimen actúa bajo una lectura equivocada de la realidad interna y externa, impulsado por el miedo a perder el control absoluto del poder, una estrategia que lo lleva a cometer errores de forma sistemática y cada vez con mayores consecuencias.

Según explicó el analista político José Antonio Peraza en el programa Café con Voz, la respuesta formal de España, consistente en la expulsión de un número similar de funcionarios nicaragüenses en Madrid, representa “la parte menos importante del conflicto”. A su juicio, lo verdaderamente relevante es lo que revela la acción del régimen sobre su estado interno.

“La dictadura se sigue equivocando. Creo que es un grave error, pero eso demuestra el miedo que tienen, que cualquier persona con cierta relevancia pueda opinar o escuchar opiniones distintas”, afirmó Peraza.

De acuerdo con el analista, la expulsión del embajador español estaría relacionada con reuniones o intentos de reunión con sectores que el régimen considera no aptos para interlocutar con representantes diplomáticos. Aunque no existe confirmación oficial sobre los actores involucrados, Peraza señaló que todo apunta a encuentros con empresarios, exsocios del Club Casa de España y ciudadanos españoles afectados por la confiscación de propiedades.

“El embajador tenía la intención de reunirse con varios grupos, empresarios y exsocios del Club Casa de España. La dictadura se lo robó y ellos plantearon la molestia que había por esta acción”, explicó.

El Club Casa de España, según denuncias previas, fue despojado de sus instalaciones por el régimen y entregado al Ministerio del Interior, que posteriormente lo convirtió en un centro recreativo. Para Peraza, este hecho resume la lógica de un poder que desconoce la propiedad privada y actúa bajo una cultura de apropiación arbitraria.

“Es una estupidez del régimen. Lo que va a suceder es que el gobierno del Reino de España, que ya conoce en detalle lo que pasa en Nicaragua, lo va a reconfirmar”, sostuvo.

El analista subrayó que esta percepción negativa no es nueva dentro de Europa. Recordó que hace casi una década, durante su estancia en Bruselas, ya existía una visión crítica sobre el carácter “extraño, primitivo y atrasado” del gobierno nicaragüense. Ahora, advierte, esa visión se profundizará y se trasladará a instancias clave como la Unión Europea y la Comisión Europea.

“Esta visión se va a trasladar a Bruselas y por lo tanto el régimen va a estar más aislado de lo que ya está”, afirmó.

Peraza comparó la conducta del régimen con la de un poder que cree poder controlar todo mediante el miedo y la represión, sin entender que ese modelo es insostenible. “Cuando el enemigo se equivoca sistemáticamente, no hay que detenerlo”, dijo, citando una conocida máxima atribuida al estratega militar chino Sun Tzu.

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Desde el punto de vista del derecho internacional, la activista política y experta Alexa Zamora coincidió en que la expulsión del embajador español se inscribe en un patrón reiterado de comportamiento del régimen Ortega-Murillo. En declaraciones al programa 100% Entrevistas con Lucía Pineda Ubau, Zamora señaló que Nicaragua no maneja las relaciones diplomáticas bajo parámetros normales.

“Tenemos que partir del hecho de que la forma en la cual el régimen maneja las relaciones diplomáticas no es la forma natural en la que un Estado dirige su política exterior”, afirmó.

Zamora recordó que no es la primera vez que el régimen expulsa embajadores, representantes de organismos internacionales o funcionarios de Naciones Unidas. En el pasado, Nicaragua ha expulsado a delegados de la OEA, del PNUD y de otras instancias multilaterales, además de emitir notas verbales con lenguaje ofensivo contra representantes extranjeros.

“Esto no es una práctica nueva por parte del régimen. Confunden el concepto de soberanía con subrogarse todos sus deseos y hacerse de la vista gorda con lo que realmente está pasando dentro de Nicaragua”, explicó.

Respecto a las distintas versiones sobre el motivo de la expulsión del embajador español, Zamora descartó que se trate de una supuesta negativa de España a facilitar una vía de escape para miembros del círculo cercano de Ortega y Murillo.

“No creo mucho en esa versión. Ese tipo de información no se manejaría a nivel de embajadas ni tendríamos acceso a ella”, afirmó.

En cambio, consideró más plausible que el conflicto surgiera a partir de la intención del embajador de reunirse con organizaciones de la sociedad civil, una práctica normal en cualquier contexto democrático, pero vista como una amenaza por el régimen nicaragüense.

“No me parecería ajeno que el embajador expresara su interés de reunirse con organizaciones de la sociedad civil, porque no es 100% claro para un funcionario diplomático recién nombrado que en Nicaragua prácticamente no existen organizaciones independientes”, señaló.

Zamora subrayó que las únicas organizaciones que actualmente operan en el país con personería jurídica son aquellas autorizadas por el propio régimen, lo que limita gravemente el espacio cívico y distorsiona la percepción internacional sobre la realidad del país.

Para la experta, el resultado inmediato de la expulsión del embajador español será un mayor aislamiento diplomático. Aunque España no puede considerarse un aliado del régimen, sí ha mantenido históricamente una política de diálogo y canales abiertos, característica de la diplomacia europea.

“El régimen sigue cortando de manera torpe cualquier posible vía de interlocución con la comunidad internacional”, afirmó.

Este aislamiento se produce en un contexto internacional adverso para los aliados tradicionales de Ortega y Murillo. Venezuela enfrenta una etapa de transición política compleja, Cuba atraviesa una profunda crisis económica y social, e Irán y Rusia están bajo creciente presión internacional.

“¿Qué actor internacional se atrevería a salir en defensa de la dictadura?”, cuestionó Zamora.

Ambos analistas coincidieron en que el régimen nicaragüense se encuentra cada vez más solo y que su estrategia de gobernar exclusivamente mediante la represión es insostenible. Peraza enfatizó que la teoría política ha demostrado desde hace más de un siglo que ningún régimen puede sostenerse indefinidamente sin legitimidad.

“No se puede gobernar solo a punta de represión, y menos en un país pobre, pequeño y dependiente”, afirmó.

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El analista agregó que Ortega ya no cuenta con las mismas condiciones políticas que tenía antes del 3 de enero, fecha que marcó un quiebre regional tras los acontecimientos en Venezuela y el endurecimiento del discurso de la administración estadounidense.

“Las condiciones que tenía Ortega antes del 3 de enero no son las que tiene ahora”, aseguró Peraza

Zamora coincidió en que existe un monitoreo cercano por parte de Estados Unidos y que algunos mensajes recientes han tenido efectos inmediatos, como la liberación de presos políticos tras pronunciamientos oficiales.

“Hay pánico en El Carmen”, afirmó, en referencia a la residencia presidencial.

No obstante, Zamora descartó que una eventual transición política deba pasar por el Ejército, recordando que Nicaragua ya vivió ese escenario en el pasado con resultados negativos.

“Si algo hemos aprendido de la historia es que la respuesta no es el Ejército”, concluyó.

La expulsión del embajador español no solo agrava el aislamiento internacional del régimen Ortega-Murillo, sino que refuerza la percepción global de un gobierno que actúa fuera de las normas democráticas y diplomáticas. Para los expertos, lejos de fortalecer su posición, el régimen continúa acumulando errores que abren nuevas ventanas de oportunidad para una eventual transición política en Nicaragua.

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