Orozco: EEUU prepara medidas contra dictadura, a Murillo no la quieren y no la necesitan
El politólogo Manuel Orozco asegura que EE.UU. no busca diálogo con Nicaragua, prepara medidas de presión y considera prescindible a Rosario Murillo en el escenario regional
Estados Unidos no tiene ningún interés en abrir un diálogo ni una negociación con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, sino que mantiene un seguimiento discreto mientras prepara nuevas medidas de presión. Así lo sostiene el politólogo nicaragüense Manuel Orozco, quien afirma que la Administración estadounidense no quiere ni necesita a Rosario Murillo en el escenario regional actual.
En un análisis publicado en el medio digital Confidencial, Orozco explica que el discurso conciliador que ha adoptado Murillo, centrado en llamados a la “concordia” y a la cooperación en temas como migración y narcotráfico, responde más a una estrategia de supervivencia política que a una voluntad real de reforma. A juicio del experto, el control de la migración desde Nicaragua no pasa por acuerdos tácticos, sino por una reforma política profunda que implique el abandono del proyecto dinástico que encabeza la vicepresidenta.
El analista identifica tres prioridades claras de Estados Unidos en la región. La primera es garantizar que las deportaciones continúen, incluso mediante terceros países, una política que ya se encuentra en ejecución. La segunda es acompañar el proceso de normalización política en Venezuela, mientras se evalúa cómo actuar frente al deterioro económico y social de Cuba. En este contexto, Orozco señala que, aunque la economía cubana está colapsada, el régimen podría sostenerse durante un largo periodo antes de un quiebre político similar al nicaragüense.
La tercera prioridad estadounidense es prevenir nuevos focos de inestabilidad regional. En ese mapa, Nicaragua y Haití aparecen como los principales riesgos. Mientras Haití se mantiene bajo un esquema de seguridad transnacional ante la inminente expiración del Consejo Transicional, Nicaragua representa un desorden político por su ruptura con el orden liberal internacional y el sostenimiento del poder mediante el miedo y la vigilancia.
Aunque Murillo mantiene un férreo control interno y una economía sin crisis abierta, Orozco advierte que su liderazgo es frágil y cada vez más vulnerable a un entorno internacional hostil. Estados Unidos, sostiene, no busca negociar, pero sí dispone de margen para presionar a un régimen que carece de legitimidad y respaldo externo.
El politólogo subraya que el descontento social en Nicaragua es profundo. La población rechaza las restricciones a las libertades, la autocensura, el temor a represalias por expresiones en redes sociales y la imposibilidad de competir en una economía atravesada por la corrupción y la influencia extranjera. Manifestaciones culturales y religiosas, como asistir a misa o celebrar triunfos simbólicos, se han convertido en actos de resistencia cívica.
Orozco plantea que el reto del entorno opositor es demostrar a la Administración Trump y al Congreso estadounidense que existe una representación legítima del sentir ciudadano, con propuestas concretas para impulsar una transición democrática. Estados Unidos, concluye, sabrá dónde presionar, pero necesita interlocutores que articulen con claridad lo que quieren los nicaragüenses y cómo alcanzarlo.
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