Eliseo Núñez: la caída de Maduro abre salidas condicionadas al régimen de Nicaragua
La captura de Maduro envía una señal directa a militares y policías en Nicaragua. Eliseo Núñez explica por qué no todos están condenados si colaboran con una transición
El exdiputado opositor nicaragüense exiliado Eliseo Núñez advirtió que la captura de Nicolás Maduro en Venezuela envía un “mensaje poderosísimo” a las estructuras militares y policiales de Nicaragua: la salida del poder no necesariamente implica un destino fatal para todos los que forman parte del sistema, siempre que colaboren con una transición real.
Durante una entrevista con el periodista Miguel Mendoza, Núñez sostuvo que el caso venezolano rompe con la lógica del todo o nada que históricamente ha dominado los procesos de cambio político en América Latina y, en particular, en Nicaragua.
“El mensaje es claro: puede que la cabeza la eliminemos, como pasó con el caso de Maduro, pero no significa que el resto estén condenados al mismo destino si hacen las cosas diferentes”, afirmó el analista, subrayando que esta señal está dirigida directamente a las cúpulas del Ejército y la Policía nicaragüenses.
Núñez contextualizó este planteamiento dentro de una reflexión más amplia sobre las transiciones políticas, que calificó como procesos inherentemente injustos, complejos y socialmente impopulares. “Las transiciones no son justas ni son cambios abruptos, son transiciones”, recordó, al citar ejemplos históricos como España, Chile y Argentina, donde los regímenes autoritarios no desaparecieron de forma inmediata tras el cambio político.
Según el exdiputado, España tuvo que convivir durante años con estructuras franquistas; Chile mantuvo a Pinochet como jefe del Ejército bajo gobiernos democráticos; y Argentina juzgó a Videla solo después de una larga transición. “No son populares las transiciones, pero la otra alternativa son las revoluciones, y en Nicaragua ya sabemos que los revolucionarios cobran muy caro”, advirtió.
El análisis se vuelve particularmente relevante en el contexto nicaragüense, donde el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha construido un poder altamente personalizado, sostenido por el control de las fuerzas armadas, la policía y una red de lealtades políticas e institucionales.
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Para Núñez, uno de los errores más frecuentes de la oposición ha sido pensar que la caída de un dictador implica automáticamente la desaparición de su base ideológica y social. “Ortega puede irse y el Frente Sandinista puede desaparecer, pero no estoy seguro de que desaparezca el sandinismo”, afirmó, comparando esa percepción con la falsa creencia de que el liberalismo se extinguiría tras la caída de Somoza.
En ese sentido, insistió en que cualquier transición democrática deberá asumir la coexistencia con un sector de la población que hoy apoya al régimen, aunque sea minoritario. “¿Qué vas a hacer con ese 8 o 10 por ciento? ¿Los vas a eliminar, expulsar o exiliar? La democracia no admite ese tipo de cosas”, subrayó.
El exdiputado también recordó que quienes asumen el costo político de conducir transiciones suelen ser vilipendiados. Citó el caso de Antonio Lacayo, figura clave del gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, quien actuó como “pararrayos” de las tensiones heredadas del sandinismo. “Nadie dio un peso por él cuando salió del poder, pero hoy tiene un lugar en la historia”, señaló Núñez.
El analista amplió la comparación histórica al mencionar a Adolfo Suárez y Raúl Alfonsín, líderes inicialmente criticados por ser “blandengues” frente a los regímenes que los precedieron, pero que con el tiempo fueron reconocidos por haber evitado nuevas dictaduras.
Desde esta perspectiva, Núñez planteó que Nicaragua vive atrapada en lo que denomina “el ciclo perverso del poder”: autoritarismo, conflicto y retorno al autoritarismo, con breves interludios democráticos. “Con Somoza fueron más de 40 años, y hoy ya vamos para más de 40 otra vez”, afirmó, alertando sobre el riesgo de repetir la historia si no se rompe ese patrón.
El caso venezolano, insistió, introduce una variable nueva en ese ciclo. La captura de Maduro demuestra que la comunidad internacional puede actuar contra las cúpulas autoritarias, pero también que existe margen para salidas diferenciadas. “Lo que está pasando en Venezuela les está demostrando a las estructuras que pueden salvar su cabeza si colaboran con una transición”, dijo.
Este mensaje, según Núñez, incrementa la paranoia interna en el régimen nicaragüense. Anticipó un aumento de la represión, no solo contra opositores, sino principalmente dentro de las propias filas del oficialismo. “Vas a ver policías, soldados y oficiales del Ejército reprimidos y presos en los próximos días”, advirtió, como resultado de la desconfianza interna.
Paralelamente, el régimen estaría intentando abrir canales de comunicación con Estados Unidos, ofreciendo cooperación en temas migratorios y narcotráfico. Sin embargo, Núñez coincidió con análisis como los de Enrique Sáenz, al señalar que esa cooperación no es institucional ni confiable, sino instrumental y condicionada a intereses políticos.
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Finalmente, Núñez alertó sobre una posible maniobra electoral anticipada, aprovechando reformas constitucionales recientes para adelantar o blindar elecciones controladas, con el objetivo de llegar con hechos consumados antes de que se intensifiquen sanciones internacionales.
En ese contexto, el mensaje de Venezuela adquiere una dimensión estratégica: muestra que el poder no es monolítico y que las salidas negociadas, aunque imperfectas, pueden evitar nuevas espirales de violencia. “No tengo la fórmula mágica”, reconoció Núñez, “pero sí sé que salir de una dictadura sin caer en otra es el desafío más grande que tenemos”.
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