Analista afirma que Ortega y Díaz-Canel están en manos de Trump
El analista Juan Diego Barberena asegura que el régimen Ortega-Murillo atraviesa su mayor debilidad y que negociar es más viable que quedar en manos de Trump
La captura de Nicolás Maduro en Venezuela generó un efecto político inmediato más allá de Caracas. En Nicaragua, el impacto se refleja en comunicados moderados, ausencia de retórica antiestadounidense y una evidente contención discursiva del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Para el analista y opositor nicaragüense Juan Diego Barberena, este comportamiento no es casual: revela la mayor manifestación de debilidad que ha mostrado la dictadura en años.
Durante una entrevista en el programa del periodista Miguel Mendoza, Barberena afirmó que la operación ejecutada en Venezuela “ya está provocando debates y contradicciones dentro de la estructura de la dictadura”, y subrayó que sería “antinatural” pensar que un hecho de esa magnitud no genere temor y cuestionamientos internos en regímenes aliados como Nicaragua y Cuba.
“Cuando se llevaron a Maduro y a su mujer, la primera pregunta que se hicieron en Managua fue quiénes son los siguientes”, señaló Barberena, al describir el carácter “ejemplarizante” de la operación. A su juicio, este precedente funciona como un espejo directo para los gobiernos autoritarios de la región, particularmente para el encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El analista sostuvo que la captura de Maduro demuestra que aferrarse al poder tiene consecuencias. “Maduro no se supo ni se quiso ir con los privilegios que tenía y estas son las consecuencias. Seguramente va a pasar el resto de sus días en una cárcel de Brooklyn”, afirmó. Esa imagen, agregó, no solo impacta a la pareja presidencial nicaragüense, sino también a sus hijos, al círculo económico que se ha beneficiado del poder y a los mandos militares que aspiran a sobrevivir a la dictadura.
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Barberena interpretó la reacción oficial del régimen nicaragüense como una señal clara de miedo. “Los comunicados han sido lo más comedidos posible. No han mencionado a Estados Unidos, no han hablado de antiimperialismo, no han usado esas expresiones que tanto le gustan a Rosario Murillo. Eso demuestra temor, y es natural”, explicó.
Según el opositor, el golpe a Venezuela forma parte de una estrategia regional de Washington. “El golpe a Caracas es un golpe a Managua y es un golpe a La Habana”, afirmó, señalando que el objetivo de Estados Unidos es provocar un efecto dominó en los regímenes aliados. En ese contexto, subrayó que tanto Ortega como el presidente cubano Miguel Díaz-Canel enfrentan un escenario inédito: su futuro político depende directamente de la voluntad de Donald Trump.
“Hoy día Ortega, Díaz-Canel y sus regímenes están en las manos de Trump. Su futuro depende de lo que decida la administración norteamericana”, advirtió Barberena. Desde su análisis, esta realidad convierte la negociación en una opción más racional que la confrontación. “Les sale muchísimo mejor empezar a negociar o a dialogar que quedar en las manos de Trump, porque eso puede implicar el derrocamiento del régimen o de la familia Ortega-Murillo en el poder”, afirmó.
El analista también vinculó este escenario con factores económicos y comerciales. Mencionó la aplicación de la sección 301 de la Ley de Comercio Exterior de Estados Unidos y la imposición de aranceles a Nicaragua como un mecanismo de presión que abre una ventana para el diálogo. “Estas sanciones permiten un compás de espera para la negociación. Son mensajes claros de que hay una oportunidad, pero no será eterna”, explicó.
Barberena recordó que gestos recientes del régimen, como la excarcelación de presos políticos a finales de 2025, deben leerse como señales dirigidas a Washington. “Fueron mensajes de que estaban dispuestos a negociar en algún momento”, sostuvo. Sin embargo, advirtió que la captura de Maduro acelera los tiempos y profundiza la incertidumbre.
Esa incertidumbre, señaló, no se limita a la cúpula política. También alcanza a los grupos económicos que se han consolidado al amparo del poder, a los que el sociólogo Óscar René Vargas denomina la “chayo-burguesía”. “Ellos necesitan sobrevivir no solo políticamente, sino financieramente, y saben que el escenario puede cambiar”, dijo.
Otro actor clave es el Ejército. Barberena subrayó que no solo se trata de la comandancia, sino de mandos medios que observan con atención el destino de otros regímenes. “El espejo para muchos coroneles no es solo Venezuela, también es la historia de los altos mandos somocistas que terminaron en Miami”, explicó. En ese contexto, los rumores de reconcentración militar, policial y posibles purgas internas adquieren mayor relevancia.
El analista contextualizó este momento como parte de una crisis de sucesión no resuelta. “En 2025 el régimen intentó consolidar una sucesión dinástica y no pudo. Tuvo que purgar a cuadros históricos del sandinismo y eso le generó costos políticos”, afirmó. A su juicio, la presión internacional se suma a una fragilidad interna que no existía con la misma intensidad en años anteriores.
Barberena hizo un repaso histórico para reforzar su argumento. “En Nicaragua, los regímenes han sido derrocados porque no se han sabido ir del poder. Fruto Chamorro, Roberto Sacasa, Zelaya, Somoza… todos cayeron por no querer irse”, recordó. En ese sentido, advirtió que Ortega-Murillo enfrentan el mismo dilema.
Para la oposición, el escenario también plantea desafíos. Barberena insistió en que no se trata de principismos, sino de realismo político. “Esto no es ideológico, es pragmático. La oposición no va a ser puesta en el poder por Estados Unidos. Tendrá que entenderse con otros sectores, incluso con disidencias internas del régimen”, afirmó.
El analista consideró que el ejemplo venezolano demuestra que las transiciones son complejas y suelen involucrar pactos incómodos. “Van a necesitar a sectores del chavismo para concretar la transición. En Nicaragua pasará algo similar”, dijo, advirtiendo que rechazar cualquier diálogo puede prolongar la crisis.
Barberena concluyó que Nicaragua atraviesa una etapa preambular hacia una posible salida democrática. “Estamos ante la mayor manifestación de debilidad de la dictadura en los últimos años”, afirmó. Sin caer en un optimismo ingenuo, sostuvo que el temor visible del régimen, la presión internacional y la incertidumbre interna configuran un escenario que no se había visto recientemente.
“La historia no se repite exactamente, pero rima. Y hoy el espejo de Venezuela está ahí, tanto para la dictadura como para la oposición”, concluyó.
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