Caída de Maduro sacude a Nicaragua y pone al Ejército y a hijos de dictadores en el centro del tablero
Tras la caída de Maduro en Venezuela, Manuel Orozco advierte que Nicaragua entra en una coyuntura decisiva donde el Ejército, la presión internacional y la resistencia cívica definirán el futuro del país
El politólogo nicaragüense Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, plantea un escenario de alto impacto regional en su artículo de opinión ¿Qué se juega en Nicaragua después de la caída de Maduro en Venezuela?, publicado en Confidencial. A partir de la “extracción” de Nicolás Maduro tras una intervención militar de Estados Unidos, Orozco analiza las consecuencias políticas, militares y sociales que este hecho proyecta sobre Nicaragua y, en particular, sobre la codictadora Rosario Murillo.
Según Orozco, la salida forzada de Maduro abre interrogantes inmediatas sobre el destino de Murillo, sus hijos y el Ejército de Nicaragua. A su juicio, Murillo vuelve a tener una oportunidad histórica para ofrecer una salida política al país y a la comunidad internacional, pero optará por la negación y la represión, “como el avestruz”, evitando enfrentar la realidad. El politólogo plantea una pregunta central: si el futuro de Nicaragua dependerá de la política de Donald Trump, de las decisiones de Murillo o de la capacidad de resistencia del pueblo nicaragüense.
Orozco subraya que, en Venezuela, el proceso transicional no gira en torno a figuras civiles, sino a la alianza cívico-militar, especialmente al papel del Ejército. Esta lectura, advierte, es directamente aplicable a Nicaragua, donde la interpretación real de la Constitución también descansa en las Fuerzas Armadas. Aunque Murillo reformó el marco constitucional para convertir al Ejército y a la Policía en actores políticos, la Carta Magna sigue estableciendo que la soberanía reside en el pueblo y no en una familia gobernante.
El analista sostiene que esta coyuntura representa una advertencia directa al Ejército de Nicaragua, cuya responsabilidad histórica es con la nación y no con un proyecto dinástico. De acuerdo con el artículo, la salida de Maduro demuestra que el respaldo familiar y militar a una dictadura no garantiza impunidad ni estabilidad a largo plazo. Los hijos de los gobernantes, tanto en Venezuela como en Nicaragua, quedan expuestos a las consecuencias de decisiones que no controlan, pero de las que se benefician.
En el corto plazo, Orozco alerta que Murillo ha ordenado desplegar fuerzas parapoliciales para impedir celebraciones populares ante la caída de Maduro, buscando evitar un nuevo estallido social como el de abril de 2018. Sin embargo, señala que la Policía enfrenta incertidumbre y que el Ejército no desea repetir un escenario de violencia masiva.
Sobre una eventual intervención en Nicaragua, Orozco considera que Estados Unidos mantiene una estrategia centrada en el período posterior a la muerte de Daniel Ortega, una visión que califica de miope. En cambio, advierte que los próximos veinte meses serán clave para presionar por el levantamiento del estado policial y la apertura a elecciones, en un contexto marcado por sanciones, aranceles, migración y aislamiento regional.
El politólogo concluye que el desenlace no depende únicamente de Washington ni de Murillo. La resistencia cívica interna, combinada con el rol que asuma el Ejército, será determinante para elevar el costo político de la represión y empujar al régimen hacia el borde de una transición democrática inevitable.
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