Índice Global de Crimen Organizado 2025 exhibe al “estado mafioso” de Ortega y Murillo, advierte el economista Enrique Sáenz
El Índice Global de Crimen Organizado 2025 sitúa a Nicaragua entre los países donde actores estatales desempeñan “un papel fundamental” en redes ilícitas. El economista Enrique Sáenz sostiene que el documento confirma la existencia de un “estado mafioso” encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, y alerta sobre su impacto económico, social y político en el país
El economista nicaragüense Enrique Sáenz afirmó que el informe internacional publicado esta semana sobre la participación del estado de Nicaragua con el crimen organizado, corresponde plenamente con lo que él ha descrito durante años como un “estado mafioso”, concepto que —subrayó— no es una metáfora, sino una categoría con reconocimiento académico e institucional.
Según explicó, un estado mafioso se configura cuando un grupo delincuencial “se apodera de la totalidad de los poderes públicos, incluso de las fuerzas coercitivas, para acumular riquezas ilícitas, dotarse de inmunidad y permanecer en el poder el tiempo que puedan permanecer”.
Para el economista, el Índice Global del Crimen Organizado 2025, es especialmente contundente por la solidez de sus fuentes. “No se puede decir ‘es producto de los gringos’. Está respaldado por el Departamento de Estado, por la Unión Europea y por un país de gran prestigio internacional como Noruega”, indicó.
Tráfico de cocaína, trata de personas y complicidad oficial
El Índice Global de Crimen Organizado 2025 identifica tres áreas críticas en Nicaragua: el tráfico de cocaína, la trata internacional de personas y la participación estatal en estas actividades. Sáenz destacó que se trata de delitos de alta escala. “No estamos hablando de marihuana o de drogas ligeras. Estamos hablando de cocaína”.
Detalló que la trata de personas a través del aeropuerto de Managua —con migrantes provenientes de África, Asia y el Caribe— solo pudo operar con anuencia estatal.
“Ese tráfico internacional de personas solo podía darse con la complicidad de las instancias oficiales. En Nicaragua no hay un ápice de independencia de ninguna autoridad. Nada se mueve sin que la cúpula mafiosa lo autorice”, expresó.
El informe, añadió, lo dice sin ambigüedades: “Lisa y claramente señala que en el caso de Nicaragua todas estas actividades criminales tienen la condescendencia o la participación o la coautoría de las autoridades públicas”.
Tres índices internacionales convergen: crimen, corrupción y lavado
Sáenz recordó que este informe se suma a otros estudios globales que perfilan la gravedad del deterioro institucional en Nicaragua, como el Índice de Transparencia Internacional —que sitúa al régimen como el más corrupto de Centroamérica— y el Índice de Basilea, que “coloca al régimen encabezado por Ortega como el peor de América Latina junto con Venezuela” en riesgo de lavado de dinero.
“Estamos hablando de tres índices: Basilea, transparencia internacional y ahora crimen organizado. La repercusión internacional es evidente. Probablemente estamos frente a uno de los regímenes más desacreditados del mundo”.
Impacto directo en los ciudadanos
El economista explicó que la figura del estado mafioso no solo es relevante en términos políticos, sino que se traduce en consecuencias económicas tangibles para la población.
“Un espacio donde los traficantes internacionales encuentran terreno para desarrollar sus actividades obviamente rechaza la inversión. Ningún inversionista serio apuesta a un régimen con esas características”.
La falta de inversión, señaló, se expresa en empleo estancado, salarios mínimos bajos y ausencia de mejoras tecnológicas. “Por eso en Nicaragua se pagan los salarios mínimos más bajos de Centroamérica”.
Asimismo, advirtió que la corrupción ha obligado al régimen a reducir las asignaciones en salud y educación. “Cada año asignan menos recursos en términos per cápita en salud y educación. La gente lo resiente, pero no sabe de dónde viene el golpe”.
El sector empresarial, agregó, también es víctima. “Te cae la DGI y empiezan a coimearte. Presentaste una licitación y se la adjudicaron a mafiosos asociados con la cúpula. Esa competencia desleal la sufren pequeños, medianos y grandes empresarios”.
Narcoterrorismo y presiones crecientes de EE.UU.
Sáenz afirmó que el informe coincide con un cambio evidente en la política de Estados Unidos hacia el régimen nicaragüense, especialmente tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien lo calificó como “narcoterrorista”.
“El pronunciamiento del Departamento de Estado advierte ya directamente que el régimen de Ortega está en el radar”. Señaló que las próximas decisiones sobre el CAFTA, previstas para el 19 de diciembre, podrían marcar un punto de inflexión.
“La administración norteamericana ha tenido un posicionamiento reiterado. Tiene que ofrecer resultados. No pueden quedarse las cosas donde están”.
Sáenz planteó dos posibles rutas: Gradualismo, con presiones crecientes y medidas contundentes, dirigidas “claramente a la salida del régimen”.
Purgas internas y crisis de sucesión
El economista también analizó el creciente desorden interno del régimen, marcado por la reciente purga en instituciones como INISER, reacomodos en alcaldías y la persecución de cuadros históricos.
“Se ha vuelto evidente la desesperación por la sucesión. La pretensión es la continuidad dinástica. Ya abandonaron toda vergüenza”. Sáenz anticipó que el desgaste del aparato represivo es otro factor crítico.
“Los servicios de inteligencia no se improvisan. Tener un flanco de debilidad es evidente cuando cortan cabezas sin reemplazos capaces”.
El mensaje de fondo es claro: “Estas acciones no fortalecen la estructura de poder. La debilitan”.
Aunque el informe coloca al régimen bajo presión internacional severa, Sáenz insistió en que la salida a la crisis no depende únicamente de actores externos.
“No podemos estar de brazos cruzados esperando a ver qué pasa”. Planteó tres tareas clave para quienes aspiran a una transición democrática: Conectar con la gente que sufre la crisis económica, explicando el origen real del deterioro; Ofrecer soluciones claras a los problemas cotidianos; Y actuar como un actor político real, y no como espectador.
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