Derrota de Libre en Honduras golpea a Daniel Ortega y al eje autoritario
La derrota del Partido Libre en Honduras sacudió el mapa político de Centroamérica. Analistas nicaragüenses afirman que Ortega y Murillo pierden a su último aliado fuerte y que el eje autoritario regional comienza a desmoronarse. Así reaccionaron Aguirre, Chamorro, Haydee Castillo y Alexa Zamora
Honduras reconfigura su mapa político con un recuento voto a voto entre Nasry Tito Asfura y Salvador Nasralla, un proceso electoral que no solo marca un posible giro hacia la derecha en el país, sino que también provoca fuertes lecturas geopolíticas en Nicaragua. Activistas, analistas y opositores nicaragüenses advierten que la derrota del Partido Libertad y Refundación (Libre) tendría repercusiones directas sobre el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, debilitando su ya mermado bloque de aliados en Centroamérica.
El conservador Asfura, respaldado públicamente por el presidente estadounidense Donald Trump, mantiene una leve ventaja con el 40 por ciento de los votos, mientras Nasralla suma el 39,78 por ciento con más del 55 por ciento de las actas escrutadas. La candidata oficialista Rixi Moncada quedó relegada a un distante tercer lugar con apenas el 19 por ciento. Este escenario ha desatado una ola de reacciones desde Nicaragua, donde diversos actores consideran que el retroceso de Libre marca un punto de inflexión regional.
Para el analista y opositor nicaragüense Alex Aguirre, el resultado preliminar en Honduras marca un hecho histórico. Afirma que el zelayismo —la corriente liderada por Manuel Zelaya y continuada por su esposa, la presidenta Xiomara Castro— sufrió un colapso político. Aguirre sostiene que esta caída no solo afecta al proyecto hondureño, sino que golpea directamente al régimen nicaragüense, que perdió lo que califica como su último aliado fuerte en la región. Asegura que Honduras ha servido como “puente para legitimar la dictadura sandinista y mover recursos disfrazados de cooperación”, un puente que, según él, ahora se derrumba.
En ese análisis, Aguirre conecta la derrota del oficialismo hondureño con una reconfiguración del eje autoritario que vinculaba Tegucigalpa, Managua y Caracas. Con la salida de Libre del poder, argumenta, Nicolás Maduro queda debilitado y Ortega pierde una pieza clave en su andamiaje regional. A su juicio, este retroceso también se refleja en otros países donde aliados de este bloque han perdido posiciones, como Bolivia y San Vicente y las Granadinas. En su visión, la caída del celayismo representa el inicio del fin para lo que llama la internacional autoritaria en Centroamérica.
El excarcelado político y opositor nicaragüense Juan Sebastián Chamorro coincide en que la derrota del oficialismo hondureño es un duro golpe para Ortega y Murillo. Subraya que es el segundo revés en pocos días, tras la derrota de Rafael Gálvez en San Vicente y las Granadinas, lo cual considera muestra el debilitamiento acelerado de los aliados del sandinismo. Chamorro advierte que, con los resultados preliminares, Libre ni siquiera alcanzó el 20 por ciento del voto, algo que interpreta como un rechazo contundente al liderazgo de Xiomara Castro y Manuel Zelaya, quienes considera que incurrieron en corrupción y nepotismo.
Chamorro destaca que el sistema electoral hondureño demostró integridad, algo que contrasta con la situación en Nicaragua, donde no existe competencia electoral real ni observación independiente. Según él, la voluntad popular se expresó con claridad y la oposición logró imponerse, aun cuando se dividió en dos candidaturas. También sugiere que figuras cercanas al oficialismo hondureño podrían buscar refugio en Managua ante eventuales investigaciones judiciales en su país.
La defensora de derechos humanos Haydee Castillo también subraya el contraste entre Nicaragua y Honduras. Felicita al pueblo hondureño por una jornada electoral pacífica y por contar con un Consejo Nacional Electoral que ha mostrado imparcialidad. Castillo afirma que los resultados tendrán consecuencias directas en el ámbito multilateral, ya que Honduras representaba uno de los pocos votos a favor de Nicaragua en organismos como la OEA, Naciones Unidas y el Sistema de Integración Centroamericana. La salida de Libre, asegura, significa un voto menos para el régimen Ortega-Murillo.
Castillo recuerda que en 2023 los ejércitos de Nicaragua y Honduras firmaron un acuerdo de cooperación fronteriza que, según organizaciones de derechos humanos, tuvo repercusiones negativas para nicaragüenses en zonas limítrofes. Sostiene que un cambio de gobierno podría traducirse en políticas más transparentes y favorables a la seguridad humana en estas regiones, donde se han denunciado abusos y asesinatos. Confía en que una nueva administración en Tegucigalpa contribuya a fortalecer la protección de derechos humanos y promover una Centroamérica más democrática.
Por su parte, la activista política Alexa Zamora señala que el gobierno de Xiomara Castro mantuvo una línea de apoyo sistemático a Ortega y Murillo a nivel regional e internacional, respaldando sus posturas en la CELAC y Naciones Unidas. Considera que la derrota de Libre podría implicar un giro en la política exterior hondureña y un distanciamiento de Managua. No obstante, advierte que históricamente el Partido Nacional también ha mostrado ambigüedad en su relación con el régimen nicaragüense, por lo que habrá que observar con cautela la posición oficial del nuevo gobierno.
A estas opiniones se sumó la del presidente de Unamos, Luis Blandón, quien también señaló que el resultado hondureño deja a Ortega cada vez más aislado, especialmente dentro de Centroamérica. Blandón recordó, sin embargo, que el Partido Nacional —al que pertenece Asfura— mantuvo relaciones cercanas con Ortega durante la administración de Juan Orlando Hernández, por lo que considera necesario analizar con atención la política exterior del eventual nuevo gobierno.
Aunque felicitó el ejercicio democrático del pueblo hondureño, subrayó que Ortega pierde aliados y queda reducido a vínculos con Venezuela y Cuba. Blandón afirmó que será clave observar cómo se definirá la postura internacional de Asfura si el Tribunal Supremo Electoral lo declara ganador, y también cómo influirá la política latinoamericana de Donald Trump, quien ya ha expresado presión sobre el régimen de Maduro, uno de los principales aliados de los Ortega-Murillo.
Con el avance del escrutinio, Honduras se mantiene en vilo mientras la región observa atentamente. Más allá de la disputa electoral entre Asfura y Nasralla, el resultado final promete alterar los equilibrios políticos centroamericanos y tendrá implicaciones para el régimen nicaragüense, cada vez más aislado diplomáticamente.
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