El régimen Ortega-Murillo prolonga el calvario del preso político Jaime Navarrete en “La 300”
El régimen Ortega-Murillo mantiene preso al opositor Jaime Navarrete, quien acumula más de seis años de encierro y torturas en “La 300”, pese a haber cumplido su condena, en un caso que GREX denuncia como ensañamiento estatal
El Grupo de Reflexión de Excarcelados Políticos GREX, denunció la crueldad y arbitrariedad del régimen Ortega-Murillo contra el preso político Jaime Enrique Navarrete Blandón, quien acumula más de 2,377 días, seis años y 178 días, bajo encierro, torturas y violaciones sistemáticas a sus derechos humanos.
Navarrete, de 40 años, fue capturado por primera vez el 15 de junio de 2018, por participar en las protestas cívicas de abril. Fue llevado inmediatamente a “La 300”, donde permaneció en condiciones inhumanas, en celdas sin ventilación, con espacio mínimo y sometido a torturas físicas y psicológicas que dejaron secuelas permanentes.
Jaime Navarrete emigró a Estados Unidos a los tres años. Allí cursaba abogacía antes de sufrir un grave accidente de tránsito que le dejó secuelas neurológicas y trastornos del sueño.
Amante de los deportes de combate, la música y la cocina, en 2015 decidió volver a Nicaragua para abrir un restaurante en el barrio Santa Rosa. Su vida cambió cuando, conmovido por la represión contra adultos mayores en abril de 2018, decidió sumarse a las protestas.
El 15 de junio de 2018, policías y paramilitares allanaron su vivienda sin orden judicial, destruyeron su propiedad, robaron pertenencias y lo golpearon brutalmente. Según GREX, Navarrete fue víctima de torturas extremas.
Le provocaron heridas en el cráneo, boca y frente, le fracturaron costillas y la nariz, fue agredido sexualmente y hasta le rociaron ácido en las heridas, todo aquello para que revelara los supuestos vínculos con la CIA.
Su esposa, presente durante el operativo, fue víctima de violencia sexual por parte de los atacantes.
Tras meses de torturas, fue condenado sin pruebas y recluido en “La 300”, en celdas de 2.2 x 3.2 metros, sin ventilación, sin acceso a sol, llamadas, actividades recreativas o atención médica.
Navarrete fue excarcelado el 11 de junio de 2019 bajo la Ley de Amnistía, una ley diseñada para proteger a paramilitares del régimen. Sin embargo, sólo permaneció 44 días de libertad. El 24 de julio, policías y civiles armados lo capturaron nuevamente, lo golpearon y le volvieron a quebrar la nariz.
Poco después, funcionarios penitenciarios lo lanzaron desde el segundo piso de los juzgados, ocasionándole un grave daño. La agresión fue una represalia porque su madre exigió medicinas para él.
Margine Blandón, madre de Jaime Navarrete, es ciudadana estadounidense y ha sido impedida de entrar al país en múltiples ocasiones.
Aunque fue condenado a tres años y seis meses por delitos fabricados de posesión de estupefacientes y armas, el preso político cumplió la condena el 28 de enero de 2023, y su familia pagó la multa correspondiente. Sin embargo, el régimen se niega a liberarlo.
El Poder Judicial resucitó de forma ilegal la condena del 2018, anulada por la amnistía, mediante una unificación de penas.
El GREX señala que “Navarrete es el único preso político sometido a una unificación de penas retroactiva, prueba del ensañamiento estatal. Los carceleros de “La 300”, amparados en la impunidad, lo someten a humillaciones constantes”, según se lee en la denuncia.
Agregan que en febrero de 2023, cuando el régimen desterró a 222 presos políticos, Jaime Navarrete no fue incluido. Ortega afirmó que Estados Unidos no lo quiso recibir, pero GREX explica que Navarrete tenía una antigua deportación administrativa por no acudir a una cita migratoria en 2015, cuando ya vivía en Nicaragua. Esa fue la excusa perfecta para dejarlo atrás.
GREX advierte que Jaime Navarrete se encuentra en grave deterioro físico y psicológico, y que su vida corre riesgo dentro del sistema penitenciario.
“Debe ser liberado de inmediato. Necesita del apoyo de un tercer país que presione y gestione su salida”, señala la organización, que llama a gobiernos democráticos a intervenir para salvarlo.
Mientras tanto, su hija, hoy de 16 años, sigue creciendo sin su padre, esperando el día en que pueda abrazarlo fuera de los muros de “La 300”.
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