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Estados Unidos, China y Venezuela marcan el futuro político de Nicaragua, según Peraza

El politólogo José Antonio Peraza advierte que la suspensión de la Cumbre de las Américas refleja la creciente tensión política y militar en el hemisferio. En entrevista con Lucía Pineda Ubau, analiza el papel de Estados Unidos, la situación en Venezuela y el futuro incierto del régimen Ortega-Murillo

Noviembre 06, 2025 11:30 AM
Estados Unidos, China y Venezuela marcan el futuro político de Nicaragua, según Peraza

El politólogo y excarcelado político nicaragüense José Antonio Peraza, miembro de la Concertación Democrática Nicaragüense, analizó en el programa 100% Entrevistas con Lucía Pineda Ubau la decisión del Gobierno de República Dominicana de suspender la Décima Cumbre de las Américas, programada para diciembre en Punta Cana. Para el experto, la medida no solo responde a “divergencias regionales”, sino al clima de polarización y tensión militar que atraviesa el continente.

Peraza señaló que, desde su anuncio, la cumbre enfrentó dificultades políticas que hacían previsible su suspensión. “Había un clima muy polarizado entre el continente, Estados Unidos y toda la situación política que se estaba viviendo en el hemisferio”, explicó. En un inicio, las autoridades dominicanas contemplaban invitar a todos los gobiernos del continente, incluyendo las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Sin embargo, con el paso del tiempo, se decidió excluir a estos regímenes, lo que incrementó la presión y el temor a un boicot diplomático.

El analista sostuvo que a este contexto se sumó la incertidumbre sobre la participación del presidente estadounidense Donald Trump. “Estados Unidos fue el promotor de esta iniciativa, y su ausencia hubiese mostrado cierta debilidad política”, señaló. A esto se agregan las tensiones por el despliegue militar norteamericano en el Caribe, lo que generó una atmósfera de desconfianza y temor entre los países latinoamericanos.

Para Peraza, la suspensión fue inevitable ante un escenario regional marcado por el aumento de la presencia militar estadounidense en el Caribe bajo el argumento de operaciones antinarcóticos. “Este movimiento es interpretado como una forma de presión hacia el régimen de Nicolás Maduro”, apuntó. El politólogo considera que esta dinámica podría derivar en acciones más concretas antes de finalizar el año, aunque advierte que “solo el presidente Trump y su círculo más cercano saben qué puede suceder”.

La falta de consenso, el distanciamiento diplomático de potencias latinoamericanas como México y Brasil, y las contradicciones políticas en torno a Venezuela crearon un ambiente impropio para el diálogo. “No iba a haber un clima agradable. Los reclamos y el resentimiento histórico hacia Estados Unidos siempre afloran en estas reuniones”, reflexionó Peraza.

El experto calificó la suspensión como una decisión acertada ante un contexto de alta tensión. “En los momentos difíciles deberían tratar los temas abiertamente, pero con este clima, los resultados habrían sido inciertos. Fue una decisión correcta posponer la cumbre hasta que existan mejores condiciones”, agregó.

Venezuela como punto de inflexión en la política hemisférica

Durante la entrevista, Peraza advirtió que los movimientos militares y diplomáticos en torno a Venezuela definirán el rumbo político de la región. A su criterio, el conflicto venezolano “no pasará de diciembre” sin que ocurra un cambio significativo. “Todo indica que algo va a suceder antes de fin de año. Si Estados Unidos actúa, deberá hacerlo de manera contundente, de lo contrario quedará en evidencia una falta de compromiso”, aseguró.

El politólogo recordó que cualquier acción militar o diplomática en Venezuela tendría repercusiones directas en Nicaragua, Cuba y el resto del Caribe. “Cualquiera de las decisiones afectará a los nicaragüenses. Si no pasa nada, significa que Estados Unidos no está dispuesto a involucrarse. Si actúa, eso podría cambiar por completo el equilibrio político en la región”, afirmó.

En su análisis, Peraza también resaltó el papel contradictorio de algunos gobiernos latinoamericanos. “México mantiene su doctrina de no intervención, mientras Brasil enfrenta su propia paradoja: Lula critica a Ortega por querer reelegirse, pero él mismo busca mantenerse en el poder”, comentó.

El experto considera que la polarización regional y la incertidumbre sobre la estrategia de Estados Unidos hicieron imposible el éxito de la cumbre. “No iba a haber resultados positivos, ni siquiera no confrontativos. Había demasiada tensión y desconfianza acumulada”, señaló.

China, el CAFTA y la fragilidad económica del régimen Ortega-Murillo

Consultado sobre el creciente acercamiento entre el régimen de Daniel Ortega y el gobierno de China, Peraza consideró que se trata de una estrategia desesperada más que de una muestra de fortaleza. “Lo que está haciendo Ortega no es símbolo de fuerza, sino de miedo. Está tratando de compensar la pérdida del mercado estadounidense y la posible suspensión del CAFTA, pero es imposible sustituir ese intercambio con China de forma inmediata”, advirtió.

El politólogo explicó que más del 50 por ciento de las exportaciones nicaragüenses tienen como destino Estados Unidos, muchas de ellas procedentes del régimen de zonas francas, que aunque generan empleo, aportan poco valor agregado al país. “Las zonas francas emplean a más de 120.000 personas y sostienen indirectamente a más de medio millón de nicaragüenses. Si ese mercado se cierra, las consecuencias serán devastadoras”, alertó.

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Peraza destacó que las exportaciones a China representan menos del 2 por ciento de la producción nicaragüense y enfrentan múltiples obstáculos logísticos y comerciales. “China está lejos, los hábitos de consumo son distintos y no hay un comercio consolidado. Además, Estados Unidos busca limitar la penetración china en Centroamérica y el Caribe. Lo que Ortega presenta como una alianza estratégica, en realidad refleja aislamiento y vulnerabilidad”, analizó.

El experto también señaló que la situación se agrava con la posible reducción de remesas y la disminución de la migración nicaragüense hacia el exterior, factores que hasta ahora han sostenido la economía del país. “Las remesas eran la tabla de salvación, pero todo apunta a que van a caer. Y la migración, que ha funcionado como válvula de escape social, también se reducirá ante el cierre de oportunidades en Costa Rica, Panamá, España y Estados Unidos”, explicó.

Según Peraza, la combinación de sanciones, pérdida de mercados, endeudamiento y represión política dejará a la dictadura sin recursos para sostener su modelo clientelar. “El panorama para Ortega y Murillo se está volviendo insostenible. Ya no tienen margen de maniobra ni apoyo económico real”, enfatizó.

El futuro de la dictadura y el horizonte político de Nicaragua

En la entrevista, Peraza señaló que la dictadura Ortega-Murillo se encuentra en su etapa de mayor fragilidad desde 2007. “No es un régimen fuerte. Está entrando en su declive. Lo que no sabemos es cómo ni cuándo concluirá”, sostuvo. A su juicio, la posible suspensión del CAFTA, las tensiones internas y la pérdida de legitimidad internacional son señales de un sistema en deterioro.

El analista también se refirió al tema sucesorio dentro del régimen, recordando las declaraciones del general retirado Humberto Ortega, quien advirtió que Rosario Murillo no podría sostener el poder tras la salida de Daniel Ortega. “Estamos ante un proceso de sucesión, no de transición. Cuando Ortega salga del poder por incapacidad o muerte, veremos si esa premisa se cumple. Pero todo indica que el control interno se fragmentará”, dijo.

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Peraza añadió que el régimen enfrenta contradicciones internas entre quienes buscan conservar privilegios y quienes reclaman reconocimiento dentro de la estructura de poder. “Hay tensiones acumuladas. La represión, la corrupción y el desgaste político han erosionado la cohesión del sandinismo. Esa fractura puede acelerarse en los próximos dos años”, explicó.

Para el politólogo, el año 2026 será decisivo. “Será un año catastrófico o esperanzador. Dependerá de tres factores: lo que ocurra en Venezuela, la reacción de la oposición nicaragüense y las decisiones de Estados Unidos respecto al Caribe y Nicaragua. Lo que se vea en 2027 se construirá en 2026”, subrayó.

El analista considera que el año 2025 ha sido uno de estancamiento político, con una dictadura más aislada, una oposición debilitada y una comunidad internacional expectante. Sin embargo, confía en que la coyuntura global podría abrir nuevas oportunidades para el cambio. “Tengo esperanza de que en 2026 se inicie un proceso de resolución que podría concluir en 2027. No hablo de predicciones, sino de escenarios posibles”, aclaró.

Sobre el papel de la oposición, Peraza fue crítico al señalar su fragmentación y falta de estrategia común. “Hoy no tiene capacidad de respuesta inmediata frente a la dictadura, no solo por la represión y la falta de recursos, sino también por su incapacidad para unirse y construir acuerdos. El futuro dependerá de su madurez política y de su capacidad de articulación”, indicó.

Estados Unidos, Venezuela y el desenlace regional

En su análisis final, Peraza vinculó la situación interna de Nicaragua con la evolución del conflicto venezolano y las políticas de Estados Unidos hacia América Latina. “Si el régimen de Maduro cae, eso tendría un impacto simbólico enorme sobre Ortega y Murillo. No tanto económico, pero sí político. Demostraría que Estados Unidos está decidido a enfrentar las dictaduras de la región”, señaló.

El experto consideró que la dictadura nicaragüense observa con temor el desarrollo de los acontecimientos. “El silencio de Ortega y Murillo frente a lo que ocurre en Venezuela muestra su miedo. Saben que si cae Maduro, la presión internacional se trasladará hacia Nicaragua”, afirmó.

Peraza advirtió que el mayor desafío para el país será enfrentar un escenario económico y político adverso mientras se prepara el relevo de poder. “El régimen está agotado y sin legitimidad. Su aparente fortaleza es solo fachada. La dictadura ha entrado en su declive, y aunque el proceso de cambio no será inmediato, el desenlace ya está en marcha”, concluyó.

Considera que, el año 2026 marcará el inicio de una nueva etapa para Nicaragua, con posibilidades reales de transformación política. “Todo dependerá de cómo se muevan las piezas en el tablero regional. Pero ya nada será igual para el régimen Ortega-Murillo”, sentenció.

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