Opositores alertan sobre alianza militar-policial entre Nicaragua y China como “subcontratación de la represión”
La alianza militar y policial entre Nicaragua y China despierta fuertes críticas de la oposición, que la señala como un mecanismo de “subcontratación de la represión” y un plan para blindar el control autoritario con tecnología extranjera
Mientras el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo anuncia con bombos y platillos un “fortalecimiento de la cooperación en materia de seguridad” con la República Popular China, voces opositoras advierten que esta alianza no busca proteger a la ciudadanía, sino afianzar un sistema de control autoritario que fusiona fuerza bruta y vigilancia digital.
La visita oficial del jefe del Ejército, Julio César Avilés, y del jefe de la Policía, Francisco Díaz, a Pekín ha encendido las alarmas entre defensores de derechos humanos y analistas políticos.
“Esta no es una visita diplomática cualquiera”, advirtió el activista político Alex Aguirre. “Buscan blindarse, no buscan paz. Lo que llaman cooperación entre países es complicidad”, señaló.
Aguirre recordó que desde que Nicaragua restableció relaciones con China en 2021 y abrió embajada en noviembre de 2022, las reuniones militares de alto nivel han sido constantes.
“Visitan bases militares, firman acuerdos y repiten los discursos de China contra Occidente. En nombre de una ‘seguridad común’, lo que consolidan es un sistema de represión coordinado con tecnología extranjera”, afirmó a 100% Noticias.
Para Aguirre, China es el socio perfecto para Ortega: “no exige respeto a derechos humanos ni elecciones”.
Y va más allá: “Esta tercera visita de Avilés y Díaz es una estrategia para perpetuarse en sus puestos. Ni siquiera Rosario Murillo podrá removerlos. Están construyendo poder autónomo dentro del régimen, con respaldo de Moscú y Pekín”, comentó.
“No es cooperación: es un candado”
El líder político y presidente de la Fundación Libertad, Félix Maradiaga, advirtió que lo que se presenta como un fortalecimiento policial es en realidad “la fase 2 del estado policial”, una sofisticada arquitectura de vigilancia y represión digital respaldada por el Partido Comunista Chino (PCCh).
En su reciente análisis titulado ¿Qué busca el régimen con Pekín?, Maradiaga plantea que la dictadura busca un blindaje para un Estado policial total, aspira a una reingeniería doctrinaria de la represión y apuesta por una propaganda geopolítica y alineamiento con autocracias.
“El régimen no compra policía profesional; compra obediencia digital”, dijo Maradiaga, quien agrega que el modelo chino no se limita a vender armas o cámaras: exporta métodos, algoritmos y marcos legales represivos.
“Ortega y Murillo no quieren una policía profesional; quieren una policía programada”, denuncia Maradiaga.
“La agenda con el PCCh prioriza control de multitudes, fusión de bases de datos, reconocimiento facial y legislación estilo seguridad nacional para criminalizar la crítica. Eso borra la última línea entre policía, partido y familia gobernante”, sentenció.
Según Maradiaga, la relación no es unilateral. Pekín también cosecha frutos estratégicos: “Un enclave frente a EE.UU. con acceso a datos, puertos e infraestructura digital, votos y lealtad en foros internacionales y una vitrina para su modelo autoritario en América Latina”, expresó.
“Beijing vende su narrativa: ‘estabilidad primero, derechos después’”, señala Maradiaga. “Nicaragua se convierte en su laboratorio regional”.
Ambos opositores coinciden en que esta cooperación no termina en las fronteras del país. Según Maradiaga, se consolida la persecución transnacional, con intercambio de listas negras, vigilancia de exiliados y hasta colaboración para detenciones bajo cargos fabricados.
“La impunidad se digitaliza”, advierte.
Además, insta a vigilar memorandos firmados con el Ministerio de Seguridad Pública de China, centros de comando y control, contratos con empresas chinas de telecomunicaciones y la formación ideológica de cuadros en academias policiales del PCCh. Tampoco descarta nuevas leyes de seguridad nacional que legalicen la censura.
Maradiaga cerró su análisis con una advertencia contundente: “No hay cooperación legítima, sino subcontratación de la represión. Mientras el régimen se abraza a China para vigilar mejor, nosotros nos abrazamos a Nicaragua para resistir mejor. No hay algoritmo que pueda con un país decidido a ser libre”, concluyó.
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