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Murillo acelera purgas en el FSLN ante la implosión del poder y sucesión dinástica incierta

La dictadura Ortega-Murillo entra en su fase más paranoica: Rosario Murillo limpia los restos del sandinismo histórico con arrestos y confiscaciones. Bayardo Arce cae en desgracia. ¿Quién sigue?

Julio 29, 2025 09:20 AM
Murillo acelera purgas en el FSLN ante la implosión del poder y sucesión dinástica incierta

La purga del histórico dirigente sandinista Bayardo Arce, quien está bajo arresto domiciliario, marca un punto de no retorno para el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. El hecho, más que una simple represalia, evidencia el pánico que domina a la pareja dictatorial frente a un proceso de implosión interna que amenaza con hacer colapsar su proyecto de sucesión dinástica. Así lo advierten analistas y exiliados políticos como Óscar René Vargas y Alfredo Gutiérrez, quienes describen una dictadura asediada por el miedo y aferrada únicamente al control represivo.

Este proceso de implosión va a producir un hecho inesperado que puede conducir al jaque mate de la dictadura”, afirmó el sociólogo Óscar René Vargas en el programa 100% Entrevistas con Lucía Pineda Ubau. 

“Murillo sabe que no controla todos los hilos del poder y por eso purga a quienes representan un peligro, como Bayardo Arce”, agregó.

Las purgas como reflejo del miedo

Vargas asegura que las purgas comenzaron desde los niveles más bajos del poder y han ido escalando a figuras cada vez más cercanas al círculo de Ortega. Inicialmente fueron jueces, fiscales y exfuncionarios judiciales; luego, figuras como Carlos Fonseca Terán; y ahora, exmiembros clave de la Dirección Nacional del FSLN, como Humberto Ortega, Henry Ruiz y Bayardo Arce.

“No es una purga aislada. Forma parte de una estrategia sistemática de eliminación de todo aquel que pueda poner en duda la sucesión de Murillo o de su hijo Laureano Ortega”, explicó Vargas, autor del libro Jaque Mate, publicado recientemente en Amazon y donde expone con datos el proceso de descomposición del régimen sandinista.

¿Por qué Arce representa una amenaza?

Bayardo Arce, aunque retirado de los focos políticos, mantenía importantes vínculos con el gran capital nacional e internacional, incluyendo relaciones con empresarios como Carlos Slim en México. Según Vargas, ese nexo con actores poderosos fuera del control de Murillo lo convertía en un “hilo del poder” que debía ser cortado.

El problema es que Murillo no controla ni todos los hilos del poder, ni los hijos del poder”, afirmó. “Bayardo Arce tenía influencia entre empresarios y estructuras que todavía no están totalmente subordinadas a la dictadura. Eso lo hacía un peligro”.

Alfredo Gutiérrez, ex concejal liberal en el exilio, coincidió en que “Arce representa el último de los ex miembros de la nefasta Dirección Nacional sandinista en caer, pero no será el último cuadro histórico purgado. Lo que estamos viendo es una operación para pavimentar el camino de Laureano Ortega”.

Para Gutiérrez sostiene que la dictadura ha ejecutado su plan en cuatro fases: Primero, la eliminación de la oposición democrática; segundo la eliminación de ex compañeros de armas disidentes. Tercero, eliminación de cuadros históricos del sandinismo y la eliminación de altos mandos militares en activo.

Según su análisis, tras purgar a Arce y a Álvaro Baltodano, el régimen se enfocará en “ex militares que tuvieron roles de mando en los gobiernos democráticos”, y más adelante en la cúpula militar actual. 

Nadie es intocable, ni siquiera los generales que hoy gozan de las mieles del poder”.

Entre los nombres mencionados de forma extraoficial figuran el general César Avilés y otros altos mandos del Ejército que, aunque ahora son leales al régimen, podrían ser vistos como una amenaza en la transición.

Sucesión incierta

Rosario Murillo, la llamada “vice dictadora”, se perfila como la sucesora de su esposo. Sin embargo, según Vargas, “aunque asuma el poder formalmente, no podrá sostenerse mucho tiempo”. El control absoluto del Estado no significa el control de todos los hilos del poder, que incluyen el capital, los territorios, los liderazgos sociales y militares.

Por ello, Laureano Ortega ha intensificado su exposición pública, en lo que Vargas identifica como una campaña para legitimar su figura.

Está en todos lados. Quieren lavar la cara del régimen con él. Es el candidato natural de Murillo”.

Pero el proceso de sucesión está lleno de obstáculos. Murillo no goza de respaldo popular ni interno, y el desgaste de la represión ha debilitado las bases sociales del orteguismo. Además, la salud de Daniel Ortega —un tema tabú en el oficialismo— es considerada precaria por los analistas, lo que añade urgencia al plan dinástico.

Implosión inevitable

Para Vargas, el modelo del FSLN se asemeja cada vez más al colapso de los regímenes comunistas del Este europeo. “No se necesita una intervención militar extranjera. La caída puede producirse desde dentro, por fracturas internas y colapsos en las lealtades”.

En esa línea, las purgas no están resolviendo el problema, sino agravándolo. “La represión no para la implosión, solo la acelera. Persiguen pastores, sacerdotes, periodistas y exmilitares. Eso crea fisuras, no cohesión”.

El caso de Roberto Samcam, mayor en retiro asesinado en Costa Rica, es para muchos parte de esa lógica de eliminación. “Era una figura incómoda, con información interna del Ejército. Lo mandaron a matar”, denunció Vargas.

A esto se suma el caso de la familia del empresario Álvaro Baltodano. Su hijo fue encarcelado, y la madre de su hijo —de nacionalidad mexicana— fue impedida de ingresar nuevamente a Nicaragua tras intentar regresar. “Están creando problemas incluso con aliados como el gobierno mexicano”, advierte Vargas.

¿Quién será el siguiente?

La gran incógnita es quién será el próximo purgado. Vargas se abstiene de dar nombres: “No quiero darle ideas al régimen”, dice. Pero afirma con certeza: “Nadie es inmune. Y ellos lo saben”.

A medida que el régimen pierde el control sobre los múltiples hilos del poder, más peligrosa se vuelve la dictadura para sus propios miembros. La lógica del terror ya no se aplica solo a opositores, sino también a sus propios aliados.

Lo que estamos viendo en Nicaragua es el ocaso de un régimen que, pese a mostrar fuerza desde fuera, está corroído desde dentro. El miedo, la represión y la desconfianza se han vuelto las herramientas principales de Rosario Murillo para sostener un poder que se desmorona.

“Esto es una operación sin anestesia”, sentenció Óscar René Vargas. Y como toda cirugía sin anestesia, deja cicatrices, fracturas y dolor.

La pregunta ya no es si caerá el régimen, sino cuándo y cómo.

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