Informalidad laboral en Nicaragua supera el 75%, trabajadores instrumentos de intimidación
En el Día Internacional de los Trabajadores, el economista exiliado Enrique Sáenz denuncia que más del 75% de la fuerza laboral en Nicaragua vive en la informalidad, sin derechos ni protección social, mientras el régimen oculta la crisis bajo un falso discurso de “emprendedurismo”
En el marco de la conmemoración mundial del Día Internacional de los Trabajadores, el economista nicaragüense exiliado Enrique Sáenz ofreció una entrevista a 100% Noticias, en la que expuso la precaria situación laboral que enfrenta la mayoría de la población en Nicaragua.
Basado en datos oficiales del propio régimen, Sáenz señaló que más de tres de cada cuatro personas económicamente activas —es decir, más del 75%— se encuentran en condiciones de informalidad laboral.
Según el economista, esta mayoría está compuesta por personas que “no tienen un trabajo fijo”, “trabajan por cuenta propia”, o bien son asalariados en micro y pequeñas empresas que apenas generan lo suficiente para pagar un salario. “Tres de cada cuatro nicaragüenses enfrentan el día a día sin una jornada laboral definida; muchos trabajan de manera eventual, un día sí y otro no”, explicó Sáenz.
Uno de los puntos críticos, dijo, es que esta población no tiene acceso a derechos básicos como el salario mínimo, porque no están amparados por la legislación laboral. Esto significa que no gozan de séptimo día de descanso, vacaciones remuneradas ni aguinaldo (décimo tercer mes).
“Si se enferman o sufren un accidente, no tienen cobertura de la seguridad social. Tienen que ir a trabajar enfermos, enyesados o, simplemente, quedarse sin ingresos si no logran salir a vender agua o naranjas”, lamentó.
Agregó que, en el caso de las mujeres, la situación es aún más crítica: “no tienen derecho a descanso prenatal ni postnatal”.
Sáenz advirtió que esta realidad de precariedad y exclusión es encubierta por el régimen, que, en lugar de reconocer la crisis laboral, la disfraza bajo el discurso del “emprendedurismo”.
“Con su desfachatez habitual, el régimen convierte en escarnio las difíciles condiciones de vida de estas personas, pretendiendo presentarlas como una muestra de dinamismo económico, cuando en realidad viven en la zozobra”, insistió.
“Retrato de un régimen hitleriano”
Otro de los temas abordados por Sáenz fue el uso de empleados públicos como herramienta de propaganda y represión. Denunció que muchos de ellos son forzados a participar como “policías voluntarios” encapuchados, expuestos públicamente en imágenes que, según sus palabras, “son de inspiración hitleriana… solo en la época de Hitler vimos este tipo de imágenes”.
Sáenz subrayó que lo mostrado durante el Día Internacional del Trabajo no fue una celebración de los trabajadores, sino un despliegue de fuerza represiva. “No había obreros, ni trabajadores de mercado con sus delantales… lo que vimos fueron paramilitares, esbirros, asesinos, miembros del Ejército, y empleados públicos llevados a la fuerza. Ese es el concepto que tiene la dictadura del Día del Trabajo”, denunció.
Afirmó que para el régimen, los trabajadores son útiles únicamente como instrumentos de intimidación, enmascarados, bajo un esquema de poder fascista y terrorista. “Pretenden infundir terror en la población, reflejo de sus propios temores a perder el poder”, añadió.
Como tercer punto, Sáenz denunció que el régimen busca imponer “la paz de los fusiles”, es decir, una aparente calma basada en el miedo y la represión. Además, calificó a Daniel Ortega como “un charlatán embustero y mentiroso”, pero advirtió que se trata de “un embustero peligroso, porque tiene una mente desequilibrada”.
Según el experto, actualmente el cien por ciento de la población se ha visto afectada por las políticas del régimen. “El charlatán mentiroso no dijo que las protestas las comenzaron los jubilados. Todos vimos la agresión de la que fueron víctimas, y todos vimos cómo los jóvenes universitarios, en un primer momento, se volcaron en solidaridad con ellos. Ortega, al referirse al estallido de las protestas, omite que la raíz fue la corrupción y la intromisión en los fondos de los pensionados y cotizantes. No dice que la crisis del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) se debió a la incapacidad de la economía para generar empleos, y tampoco reconoce que las reformas que impuso no solo afectaron a empresarios, sino también a los jubilados y trabajadores. Hubo un aumento en las cotizaciones y una reducción en las pensiones futuras, que ahora podrían ser entre un 25, 30 o hasta un 40% menores”, advirtió Sáenz.
Asimismo, el experto aclaró que en el caso de Nicaragua por ser una economía “tan concentrada” como resultado de la combinación de capitalismo salvaje con corrupción “no hay más empleo” tampoco “hay mejores salarios” como normalmente se espera en país con “crecimiento económico”.
“En el caso de Nicaragua una economía tan concentrada, Ortega y su mafia han impuesto un modelo que es una combinación de capitalismo salvaje con corrupción”, tras explicar que el principal producto de exportación nicaragüense es el oro, pero se ha visto afectado por las turbulencias internacionales donde los precios se han disparado, pero este carece de otros vínculos con otras actividades económicas. También hizo referencia al incremento del flujo bancario que se las atribuye a las remesas internacionales, pero señala que tampoco genera empleos.
“Eso se refleja en la magnitud de las exportaciones entonces ha crecido principalmente impulsadas por el precio del oro, algo que nada tiene que ver con las políticas del régimen, pero que ocurre con el oro, no genera empleos y menos del 1% trabaja en el sector minero”, concluyó.
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