Rosario Murillo dice que relaciones con el Vaticano “no están rotas”, envía delegación al funeral del Papa
Rosario Murillo confirma envío de delegación oficial al funeral del papa Francisco, pese a la “accidentada relación” con el Vaticano. Aclara que las relaciones “no están rotas, están suspendidas”, en una muestra más de la contradicción del régimen nicaragüense hacia la Iglesia Católica
Rosario Murillo, vocera del régimen nicaragüense, confirmó este viernes que envió una delegación oficial a los funerales del Papa Francisco en el Vaticano, a pesar de la “accidentada” relación entre su gobierno y la Santa Sede, la cual ella misma ha reconocido. La decisión pone en evidencia una vez más el doble discurso del régimen: condena a la Iglesia católica mientras busca protagonismo en sus ceremonias.
“Estamos recibiendo informe de las hermosas fotografías que nos ha remitido nuestro compañero Maurizio Gelli, quien ha sido acreditado como jefe de la delegación del pueblo y gobierno de Nicaragua ante la exequia y los funerales del papa Francisco en el Vaticano”, dijo Murillo.
La delegación está conformada por Gelli, actual embajador en España; su esposa Farah Gutiérrez; y la embajadora en Italia, Mónica Robelo. Según Murillo, “nuestra delegación presidida por nuestro compañero Maurizio ha estado también acompañando en distintas ceremonias al cardenal, su eminencia reverendísima, Leopoldo Brenes y al vicario de Managua, padre Julio César Arana, quienes se encuentran allá en Roma”.
Murillo incluso mencionó la participación del cardenal Brenes en el próximo cónclave: “El cardenal nos ha informado y hemos visto también las publicaciones que participará en el cónclave que tendrá lugar en los próximos días del que saldrá el nuevo pontífice de la Iglesia Católica”.
A pesar de estos gestos diplomáticos, Murillo reiteró —en tono contradictorio— que “nosotros, hemos tenido -como hemos dicho con mucha sinceridad- una accidentada relación con el Vaticano, que no es responsabilidad del gobierno ni del pueblo de Nicaragua”.
En cambio, culpó a la oposición de la tensión con la Santa Sede: “Ha sido un tiempo que desgraciadamente sirvió para que los de siempre promovieran discordias y trasladaran mensajes altisonantes, contradictorios, calumniosos al mundo, no solo al Vaticano”.
En medio de ese discurso, Murillo no perdió la oportunidad de insistir en que el régimen sigue presente, aunque en aparente contradicción con sus propias decisiones anteriores: “Nos sentimos complacidos de poder estar presentes como gobierno de este otro tiempo… nuestras relaciones con el Vaticano, aunque accidentadas no están rotas, están suspendidas y consideramos importante la representación de nuestro pueblo y gobierno en esas ceremonias de despedida del papa Francisco”.
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