La salud de la economía, muy bien, la mía no tan bien: el sentir del trabajador en Nicaragua

Aunque parte del sector empresarial todavía percibe estabilidad, varios indicadores revelan un deterioro gradual del poder adquisitivo, el empleo formal, la producción y el crédito, mientras las remesas pierden el dinamismo que ha sostenido el consumo de los hogares

Manuel Orozco
septiembre 08, 2026 10:34 AM
economia nicaraguense
La salud de la economía, muy bien, la mía no tan bien: el sentir del trabajador en Nicaragua
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Manuel Orozco

El tema económico sobre Nicaragua resalta un contraste entre el comentario del trabajador(a) y el del empresario.  El trabajador, formal o informal, dice que no le dan el dinero, que no hay trabajo bien pagado o que simplemente no encuentra trabajo, y que lleva meses o años en la misma situación.

El pequeño empresario, comerciante, o distribuidor, agricultor o manufacturero dice que no le está yendo mal, que hay actividad económica y la economía está normal.   Esta dicotomía no es atípica en tiempos en los que cuesta encontrar trabajo, pero algo se consigue, el negocio no mira los cambios hasta que sus inventarios no bajen.

Sin embargo, hay una desaceleración que en el 2027 puede desembocar en algo más. La vida del trabajador El trabajador promedio en Nicaragua vive de menos de US$300 mensuales, y con eso le da para mantener a su familia.

Casi la mayoría de las personas ganan menos que el salario mínimo y entre una cosa y otra, la plata les sigue dando menos: al primer semestre de 2026 el salario promedio subió 1.3%, mientras que la canasta básica en esos seis meses subió 5%, y los datos oficiales del índice de precios muestran un crecimiento inflacionario de 4.7%,

Esto no es saludable para el trabajador, especialmente para las jefas ama de casa a las que les toca cuidar más de tres personas. Hay que agregar que se observa una disminución del empleo formal, lo que explica el escaso aumento salarial—hay menos trabajadores formales este año que en 2017, a pesar del crecimiento demográfico.

La zona franca ha perdido 6 empresas (de 172 a 166) y 30,000 trabajadores (a la fecha, tiene 96,000 de 122,000 en 2024):  las exportaciones de la zona franca que son el 60% del total exportado, cayeron 12%. Mientras tanto, la economía informal sigue creciendo y el trabajador gana 20% menos que el trabajador formal.

Una actividad económica ‘remolona’

Mientras el costo de vida sube, y los salarios suben poco, los comentarios de la gente coinciden con los datos oficiales del gobierno: el ritmo de la actividad económica se está desacelerando.

El crecimiento de la economía se debe prácticamente a un auge en las exportaciones de oro, lo que impulsa un fuerte movimiento. Pero toda vez que disminuye ese auge, la economía se desacelera y muestra una tendencia descendente.

La producción de artículos para consumo privado muestra una desaceleración.  La producción de alimentos para el consumo de la población creció muy poco. Por ejemplo, el pollo creció un 1% en seis meses, los productos lácteos cayeron un 12% y los embutidos, un 0%. Las bebidas no alcohólicas solo crecen un 1%, y la carne es el único indicador que crece un 6% porque los ganaderos han optado por vender barato antes de perder ganado frente a la sequía actual. El consumo de electricidad residencial crece 6%, pero este crecimiento está atado al aumento de los precios de los combustibles. Es decir, alguien no está consumiendo tanto como se dice.

Esa poca producción coincide con que la oferta crediticia del sector bancario también se ha desacelerado en la cartera de préstamos.

Para el segundo trimestre, el volumen de crédito otorgado fue de US$90 millones, 65% de lo que fue el primer trimestre de 2026: treinta millones de dólares mensuales en préstamos no cubren a más de 3,000 negocios, y se sigue notando que el crédito a la productividad no crece.  

Lo único que crece es el crédito a autos y al consumo. Otro indicador de salud económica, el crédito a vivienda, está casi a la mitad de lo que era en 2018. Y aunque el pequeño empresario crea que las cosas están bien porque no tienen pérdidas ni caída drástica en la demanda; hay desplazamiento de negocios, y hay menos compras. La queja de la gente son los chinos o la falta de trabajo. 

¿Y las remesas? Un paso a la vez pero ya no tan rápido

Lo que ha sostenido esta economía es la entrada de dinero proveniente de remesas de los mismos migrantes expulsados por la señora Murillo y el dictador Ortega—más del 40% del consumo privado se origina del ingreso de remesas.   A la fecha, son un millón de migrantes quienes envían remesas a casi un millón de hogares—más del 65% del país depende de las remesas. En 2018, el número de migrantes que enviaban dinero era inferior a medio millón.  

Pero además de eso, con la crisis migratoria que desata una ola de deportaciones desde Estados Unidos, los nicaragüenses subieron el promedio enviado en más de un 30% en 12 meses (de $300 a $400) como medida de precaución en caso de que tuvieran que volver al país y no pudieran más  mantener a sus familias.  

Eso explica por qué las remesas crecieron a más de US$6,000 millones y alcanzarán US$7,000 millones en 2026. Sin embargo, están desacelerando: de 24% en 2025 a 12% este año y el siguiente será del 4%. La realidad es que hay menos migrantes enviando dinero y el promedio enviado no está creciendo como antes, ya no le da la plata al migrante y no mandan más de $400 por envío. 

Más de lo mismo 

Lo que todo esto significa es que el crecimiento sigue siendo lento, pero no enfermizo, y los negocios mantienen sus ventas.  

Pero hay menos ingresos, hay menos buenos trabajos, las cosas cuestan más, y lo que te mantiene al ras es esa entrada de remesa.  

Por eso, cuando Rosario Murillo, la gran hermana, compañera y líder, en sus monólogos dice “creamos el porvenir que nos merecemos”, vaticina una situación económica más débil para el pueblo, pero con mucho bienestar para sus clientes aferrados a ella: con menos remesa el otro año y nada de política económica, las cosas no mejorarán.  

Con la censura y la propaganda que prevalecen, uno no se da cuenta y sigue creyendo que el problema es solo propio.  El sentimiento colectivo eventualmente va a salir a relucir que todos están mal, y que este gobierno no ha hecho nada por ellos.  

Esa es la principal razón por la que Murillo dedica epítetos diarios contra la verdad, y al final sus comentarios rebotan en ella misma: la verdad habla por sí sola y el nicaragüense, poco a poco, se está cerciorando de que su condición económica no es normal y ella no quiere que se den cuenta. 

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