Nicaragua: el país que todavía tenemos que proponer
El periodista plantea la necesidad de comenzar a construir desde ahora una propuesta para la Nicaragua del “día después”, basada en democracia, instituciones independientes, libertad de prensa, justicia, reconciliación y respeto a los derechos de todos los ciudadano
Durante muchos años los nicaragüenses hemos hablado, con justa razón, de aquello que debemos cambiar. Hemos denunciado las masacres, la represión, la cárcel, el destierro, las confiscaciones, la censura, la persecución religiosa y la destrucción progresiva de las instituciones democráticas.
Yo mismo he vivido algunas de esas consecuencias. He conocido la cárcel por ejercer el periodismo y por defender mis convicciones. He visto un medio de comunicación ocupado y confiscado. He experimentado la persecución política y finalmente el destierro. Como miles de nicaragüenses, conozco lo que significa dejar atrás la tierra propia sin haber decidido hacerlo.
Pero después de tantos años de resistencia he llegado a una conclusión: ya no basta con explicar la Nicaragua que no queremos.
Ha llegado el momento de comenzar a proponer la Nicaragua que queremos construir.
Nuestro país necesita esperanza, pero también necesita rumbo. Necesitamos comenzar a hablar del día después.
Una democracia donde nadie vuelva a tener miedo
La primera promesa de una nueva Nicaragua debe ser sencilla y enorme al mismo tiempo:
Nunca más un joven masacrado ni torturado por luchar y defender sus ideales
Nunca más un nicaragüense debe ir a prisión por pensar diferente.
Nunca más un periodista debe preguntarse si una noticia puede llevarlo a la cárcel.
Nunca más un sacerdote o un pastor debe temer por predicar.
Nunca más un empresario debe perder su propiedad por negarse a someterse al poder.
Nunca más un ciudadano debe ser expulsado de su patria por sus opiniones políticas.
Nunca más un empleado público obligado al servilismo partidario, sometido a prácticas que humillan su dignidad profesional y humana. El servidor público debe estar al servicio de la nación y de sus ciudadanos, no de un partido ni de quienes ejercen el poder.
La democracia que debemos construir no puede limitarse a celebrar elecciones. Necesitamos instituciones independientes, separación de poderes, libertad de prensa, libertad religiosa, elecciones libres y transparentes y un Poder Judicial que proteja al ciudadano en lugar de perseguirlo.
Y hay algo todavía más importante: la democracia que defendemos también debe proteger a quienes piensen diferente de nosotros.
Porque si algún día quienes hemos sido perseguidos utilizáramos el poder para perseguir, solamente habríamos cambiado los nombres de los gobernantes, pero no habríamos cambiado Nicaragua.
Creo en la pluralidad de pensamiento, esa diversidad de ideas y opiniones que siempre ha estado presente incluso dentro de nuestras propias familias y que forma parte esencial de lo que somos como sociedad.
El ciudadano sandinista no es nuestro enemigo
Tenemos que atrevernos a decirlo.
Nuestro adversario no puede ser el ciudadano que alguna vez creyó en el sandinismo, ni el empleado público que necesita alimentar a su familia, ni el vecino que piensa políticamente diferente.
Nuestro adversario es el autoritarismo.
En la Nicaragua que hoy me atrevo a soñar debe existir espacio para liberales, conservadores, socialdemócratas, cristianos, independientes y también para sandinistas que acepten vivir bajo una Constitución democrática.
No quiero una Nicaragua dividida eternamente entre vencedores y vencidos.
Quiero una Nicaragua de ciudadanos.
Después de tantas décadas de confrontaciones, nuestra generación tiene una responsabilidad histórica: romper el ciclo del odio político nicaragüense.
Eso no significa impunidad.
Los delitos deben investigarse y la justicia debe funcionar. Pero justicia no significa venganza.
La diferencia fundamental entre una dictadura y una democracia consiste precisamente en que en democracia nadie puede decidir arbitrariamente quién merece cárcel, destierro o confiscación.
Ejército y Policía para la República, no para un partido
Nicaragua necesitará instituciones armadas profesionales.
No debemos construir nuestra transición sobre la destrucción de las instituciones, sino sobre su transformación democrática.
Aspiro a un Ejército de Nicaragua profesional, constitucional, no partidario y subordinado al poder civil.
Aspiro igualmente a una Policía que vuelva a proteger al ciudadano.
Un policía no debe preguntarle a un nicaragüense por quién vota antes de protegerlo.
Un militar no debe servir a una familia gobernante.
Las armas de la República solamente pueden estar al servicio de la Constitución verdaderamente democrática.
Quienes hayan cometido delitos deberán responder individualmente ante una justicia independiente, con debido proceso y derecho a la defensa.
Pero Nicaragua no necesita persecuciones colectivas.
Necesita instituciones nuevas sobre principios nuevos.
Una Nicaragua donde invertir vuelva a ser seguro
La libertad política necesita también libertad económica.
No podemos hablar de democracia mientras miles de jóvenes continúan creyendo que para progresar tienen que abandonar Nicaragua.
Necesitamos convertir nuestro país en un lugar donde trabajar, emprender e invertir vuelva a valer la pena.
La propiedad privada debe ser inviolable.
La seguridad jurídica debe dejar de depender de amistades políticas.
Un empresario nacional o extranjero debe saber que ningún gobierno podrá quitarle su empresa porque no le gustan sus opiniones.
Necesitamos atraer inversión, generar empleos, recuperar la confianza internacional, fortalecer a los pequeños y medianos empresarios, modernizar nuestra infraestructura y aprovechar la extraordinaria posición geográfica de Nicaragua.
Quiero una Nicaragua que exporte más y expulse menos ciudadanos.
Una Nicaragua donde nuestros jóvenes puedan decir:
“No necesito irme para tener futuro.”
Estados Unidos debe ser socio, no dueño de nuestro destino
Nicaragua necesita reconstruir también su política exterior.
Estados Unidos es nuestro principal socio comercial y alberga a una enorme comunidad nicaragüense. Debemos construir con Washington una relación madura basada en comercio, seguridad, democracia, inversión y respeto mutuo.
Pero quiero ser absolutamente claro: el futuro político de Nicaragua deben decidirlo los nicaragüenses.
No busquemos que Washington escoja gobernantes.
Busquemos que Estados Unidos, Europa y las democracias latinoamericanas acompañen el derecho de nuestro pueblo a escogerlos libremente.
Nuestra relación con el mundo tampoco debe construirse sobre obediencias ideológicas.
China, Estados Unidos, Europa, América Latina y cualquier otra nación que quiera relacionarse con Nicaragua debe saber que encontrará un país dispuesto a comerciar y cooperar, pero también una República soberana.
Nicaragua no necesita cambiar una dependencia por otra.
Necesita amigos, socios y mercados.
Los nicaragüenses que se fueron también son Nicaragua
Millones de compatriotas viven hoy fuera del país.
Algunos se fueron buscando oportunidades.
Otros escaparon de la persecución.
Otros fueron desterrados.
Pero ninguno dejó de ser nicaragüense al cruzar una frontera.
La diáspora será fundamental para reconstruir Nicaragua.
Tiene conocimientos, capital, experiencia profesional, contactos internacionales y, sobre todo, un vínculo emocional enorme con nuestra patria.
Una nueva Nicaragua debe abrirles las puertas.
Debemos crear condiciones para que quien quiera regresar pueda hacerlo, invertir, trabajar, recuperar sus derechos y participar plenamente en la vida nacional.
El exilio no puede convertirse en una condena permanente.
La prensa nunca más debe pedir permiso para informar
Soy periodista.
Y probablemente por eso hay un compromiso que para mí tiene un significado particularmente profundo.
Nunca más un gobierno nicaragüense debe decidir qué puede publicar un periodista.
Nunca más debemos permitir confiscaciones de medios por razones políticas.
Nunca más TELCOR, la Policía, el Ejército, un presidente o cualquier otra institución debe convertirse en censor.
Y este principio también deberá aplicarse cuando las críticas sean contra nosotros.
La verdadera prueba de nuestra convicción democrática llegará cuando un periodista publique algo que consideremos injusto, equivocado o incómodo.
En ese momento tendremos que recordar: la libertad de prensa que exigimos hoy deberá ser exactamente la misma libertad que respetemos mañana.
No propongo sustituir un caudillo por otro
Nicaragua ha sufrido demasiado por el caudillismo.
Por hombres que llegaron al poder creyendo que la patria les pertenecía.
Tenemos que terminar con eso.
No quiero una Nicaragua dependiendo permanentemente de un hombre, una mujer, una familia o un partido.
Quiero instituciones suficientemente fuertes para que ningún presidente vuelva a estar por encima de ellas.
Quiero presidentes que terminen sus períodos y se vayan a sus casas.
Quiero elecciones donde el gobernante pueda perder.
Quiero jueces capaces de fallar contra el Gobierno.
Quiero diputados capaces de decirle no al presidente.
Quiero periodistas capaces de investigarlo.
Eso es una República.
El día después debe comenzar antes
Algunos podrían decir que todavía no es momento de hablar de estas cosas.
Yo pienso exactamente lo contrario.
Tenemos que preparar la democracia antes de recuperar la democracia.
Debemos discutir desde ahora cómo será la transición, qué instituciones reconstruiremos, cómo recuperaremos la economía, cómo reintegraremos a quienes viven en el exterior y cómo evitaremos que las heridas acumuladas durante décadas produzcan una nueva espiral de enfrentamientos.
No podemos esperar hasta el día después para preguntarnos qué haremos el día después.
Tenemos que prepararnos.
Con serenidad.
Con responsabilidad.
Sin triunfalismos.
Sin odio.
Tengo una Nicaragua que soñar
Después de todo lo vivido, sigo creyendo en Nicaragua.
Creo en el campesino que trabaja desde antes de salir el sol.
Creo en nuestros empresarios y emprendedores.
Creo en nuestros jóvenes.
Creo en los periodistas que continúan informando.
Creo en los sacerdotes y pastores que acompañan a sus comunidades.
Creo en los nicaragüenses que permanecen dentro del país y en aquellos que desde el exilio sueñan con regresar.
Creo en las comerciantes de nuestros mercados, mujeres trabajadoras y emprendedoras que, con su esfuerzo diario, sostienen a sus familias y dinamizan la economía de Nicaragua.
Y también creo que nuestra generación todavía puede hacer algo extraordinario: entregarles a nuestros hijos un país mejor que el que recibimos.
Una Nicaragua democrática.
Una Nicaragua reconciliada.
Una Nicaragua donde se respete la propiedad.
Una Nicaragua donde las instituciones sean más fuertes que los gobernantes.
Una Nicaragua amiga de las democracias del mundo, pero soberana en sus decisiones.
Una Nicaragua donde nadie vuelva a tener que escoger entre callarse, ir a prisión o abandonar su patria.
Durante demasiado tiempo hemos explicado todo aquello contra lo que luchamos.
Ahora tenemos que comenzar una conversación diferente.
Tenemos que hablar de lo que viene.
Tenemos que construir ideas.
Tenemos que encontrarnos incluso con quienes piensan distinto.
Tenemos que prepararnos para gobernarnos en libertad.
Porque Nicaragua no necesita solamente una oposición.
Nicaragua necesita una propuesta. Necesita que la soñemos.
Y esa Nicaragua tenemos que comenzar a construirla desde ahora.
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