El capitalismo de amiguetes: informalidad, emigración, remesas y crecimiento insuficiente
El economista y analista político Óscar René Vargas sostiene que la informalidad, la emigración y las remesas se han convertido en “válvulas de escape” que amortiguan los efectos de un modelo económico incapaz de generar suficiente empleo productivo, inversión y mejores ingresos para los nicaragüenses
Óscar René Vargas
Desde el 2007 Nicaragua ha crecido lentamente, ese magro crecimiento no ha evitado el incremento del deterioro social ni ha evitado la profundización de la inestabilidad política. El crecimiento económico ha sido socialmente insatisfactorio e insuficiente para dar sustento a una evolución productiva vinculada a las exigencias de compensación y redistribución socioeconómicas de la mayoría de la población.
En realidad, el magro crecimiento da cuenta de que seguimos en una situación de semi estancamiento y de carencias estructurales que el régimen no ha podido superar. El crecimiento de la economía se ha mantenido en la mediocridad. Por ejemplo, la inversión como proporción del PIB permanece alrededor del 20%, cuando años antes era del 30%, lo cual compromete el crecimiento futuro de la economía del país.
Se trata de un crecimiento insuficiente para lo que el país requiere y no permite avanzar en la meta de generar prosperidad. Llevamos años exportando los mismos sin incrementar la capacidad productiva. El mantenimiento de la paridad del córdoba frente al dólar no es sinónimo de que la economía nicaragüense esté fuerte, sino por la debilidad general del dólar.
La evolución económica ha estado marcada por carencias y deficiencias, que apuntan a mantener unos ritmos centrados en una especie de reproducción simple que de seguir amenaza no sólo los recursos de la nación, sino las fuentes de recuperación ampliada de la economía y, sobre todo, de las satisfacciones sociales básicas en educación, salud, vivienda y acceso a los alimentos.
La inversión tanto pública y privada en Nicaragua no está colapsando, pero se requiere que sea mayor para atender las necesidades de infraestructura e impulsar tasas de crecimiento a mayor nivel, sobre todo si se considera que el país ha estado creciendo por debajo del promedio de América Latina desde 2007.
El país necesita invertir en educación, investigación en ciencia, tecnología e innovación a fin de contribuir a un crecimiento económico elevado, sostenido, sustentable y equitativo. Si bien el sector externo se ha consolidado como un pilar de crecimiento, la cautela empresarial sugiere que la recuperación de la actividad económica continuará siendo gradual, insuficiente y heterogénea entre sectores.
La política financiera de la dictadura ha estado subordinada, desde hace varios años, a las exigencias estabilizadoras de corto plazo, que tienden a ser miopes y que resultan nocivas para la propia reproducción de la economía y del mismo Estado. Por ejemplo, el Banco Central de Nicaragua informó que las reservas internacionales brutas eran de US$9,772.3 millones de dólares al cierre de mayo de 2026 equivalente al 43.94% del PIB del año 2025; en enero de 2007 las reservas internacionales eran de US$859 millones de dólares. Es decir, la política económica ha sido una estrategia de acumular reservas internacionales y no invertir en proyectos productivos que generarían mayor producción, riqueza, empleos y crecimiento.
Por otro lado, la reforma fiscal ha sido postergada so pretexto de conservar las estabilidades políticas (debido a su alianza con el gran capital empresarial y bancario) y el mantenimiento de unas variables del nocivo mecanismo de austeridad, lo que ha significado la retracción del Estado del proceso político económico, el mantenimiento de índices inaceptables de pobreza, desigualdad y afectar los tejidos primordiales de la formación social en su conjunto.
El mayor riesgo para la economía de Nicaragua es que siga con crecimientos insuficientes, como en “piloto automático”, igual que ha estado en los recientes años, debido a que afecta la inversión productiva y social, empleos precarios y poca productividad. El régimen no ha resuelto el desafío fundamental de hacer avanzar la productividad general, si las cosas siguen como van la política económica continuará empobreciendo a más personas.
En los primeros cinco meses de 2026, el salario real de los afiliados al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) ascendió a C$4,950.8 córdobas, por debajo de los C$4,990.5 córdobas que tenían en diciembre de 2025. Por otro lado, el costo de la canasta básica en julio de 2026 cerró en C$21,474.94 córdobas por encima de los C$20,821.68 córdobas en diciembre de 2025.
¿Cómo se ha evitado que el modelo del “capitalismo de amiguetes” tenga una mayor repercusión negativa en la sociedad? Parte de la respuesta está en tres grandes válvulas de escape: la informalidad, la emigración y las remesas. Juntas han amortiguado las negativas consecuencias económicas y sociales del modelo del “capitalismo de amiguetes”.
La primera válvula es la informalidad. Para millones de personas, permanecer sin ingresos no es una opción. Si no encuentran un puesto formal, crean su propio empleo o aceptan una ocupación sin seguridad social. La informalidad funciona, así como un gigantesco mecanismo de absorción del excedente laboral. Pero lo hace con baja productividad. La informalidad no equivale a un empleo productivo, ya que una enorme cantidad de trabajo informal se concentra en actividades de reducido valor agregado.
La segunda válvula es la emigración. Entre el 2025, cerca de un millón de nicaragüenses están trabajando en Estados Unidos, Costa Rica, España, Panamá y otros países. En términos económicos significa que una parte del ajuste del mercado laboral nicaragüense ocurre fuera del país. Sin esa salida, las presiones sobre los empleos, los ingresos y la descomposición social habrían sido mayores.
La tercera válvula es el flujo de remesas. Entre el 2018 al 2025, Nicaragua recibió US$26,594.9 millones de dólares. Son recursos fundamentales, pero revelan una peculiaridad del modelo de acumulación: parte del ingreso de un millón de hogares receptores (5 millones de personas) se sostienen con salarios generados fuera del aparato productivo nacional.
El circuito es claro: la informalidad absorbe la mayor parte de la fuerza de trabajo; la economía norteamericana y otras, y las remesas sostienen el ingreso y el consumo de los hogares receptores. Así se dispensan los costos del crecimiento mediocre, desigual y se contiene parte de la presión social.
Estas válvulas no aseguran el crecimiento necesario para ir resolviendo las desigualdades sociales, las necesidades del país ni son respuestas racionales frente a las oportunidades disponibles para las familias. El problema central se presenta cuando el sistema político vigente confunde los mecanismos de sobrevivencia o de sostenimiento con una estrategia de desarrollo exitosa. Superar el magro crecimiento exige que la inversión pública y privada se dinamice y se convierta en una palanca para impulsar el crecimiento del país.
El resultado del modelo económico del “capitalismo de amiguetes” es un equilibrio funcional inestable, pero mediocre: permite al régimen cierta estabilidad sin resolver el problema de fondo: el crecimiento insuficiente. Y ése es su mayor peligro. Ya que el régimen se sostiene en un sistema incapaz de generar empleo productivo y escasos ingresos lo cual se traduce en una situación políticamente explosiva. Sin embargo, la dictadura mediante la informalidad, la emigración y las remesas el modelo del “capitalismo de amiguetes” ha podido amortiguar el descontento y mantenerse en el poder.
La dictadura Ortega-Murillo no cuenta con los planes, instituciones y activos financieros para llevar a cabo una estrategia nacional de desarrollo, ni dispone de una arquitectura de ejecución que los haga funcionar de manera conjunta. El presupuesto general de la república no tiene un enfoque de cartera alineado con una estrategia de desarrollo ni impulsa la inversión productiva ni crea mercados para que las pequeñas y medianas empresas puedan crecer.
Es necesario una política económica que favorezca la autosuficiencia en términos de consumo básico y que impulse la producción de bienes de producción. Una estrategia así se hace indispensable una reforma fiscal, para lo cual es necesario una participación activa y coordinada con el capital (bancario, industrial, comercial y agropecuario).
El país carece de un sector financiero de fomento comprometido con una política de transformación productiva industrial y agrícola que permita impulsar a las pequeñas y medianas empresas con programas para mejorar la productividad, empezando por disminuir la informalidad, promoviendo la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo y con financiamiento.
Tampoco existe un marco de planificación nacional, agenda de inversión, banco de desarrollo con mandatos pertinentes para echar andar una estrategia de desarrollo de manera que las empresas reciban financiamiento, contratos o concesiones y se comprometan a la inversión productiva, apoyen a los proveedores nacionales, impulsen el trabajo digno y la reinversión, entre otras medidas. Por lo tanto, seguiremos instalados en la mediocridad económica mientras la dictadura permanezca en el poder.
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