¿Por qué los Ortega Murillo constituyen una amenaza a la seguridad hemisférica?

Un análisis del Centro de Pensamiento Internacional sostiene que las decisiones adoptadas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo han trascendido el ámbito interno de Nicaragua y plantea que sus alianzas internacionales, la represión y el debilitamiento institucional tienen implicaciones para la estabilidad y la seguridad del hemisferio

Centro de Pensamiento Internacional, CPI
agosto 11, 2026 04:23 PM
¿Por qué los Ortega Murillo constituyen una amenaza a la seguridad hemisférica?
¿Por qué los Ortega Murillo constituyen una amenaza a la seguridad hemisférica?
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El reciente anuncio de Daniel Ortega de que en Nicaragua no volverán a haber elecciones, obligó a la Organización de Estados Americanos (OEA) a llevar el tema al seno del Consejo Permanente del organismo.

Allí, el debate se centró en si Nicaragua es una amenaza a la seguridad hemisférica, tema que requiere ser analizado bajo las luces de la evolución del derecho internacional, valorando cada una de las políticas y acciones impulsadas por los Ortega Murillo en los últimos años.

En septiembre del 2012, después de conseguir su primera reelección continúa sustentada en una resolución judicial que transgredió la prohibición constitucional de no reelección, Daniel Ortega denunció el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

Con esa acción rompió su compromiso de defensa mutua con los países del hemisferio que contempla el convenio, y comenzó a prepararse para una colaboración con los posibles agresores.

Más de una década después, sus alianzas actuales con potencias extrarregionales que adversan a algunos de los integrantes del TIAR, desafían los principios de la doctrina Donroe o corolario Trump de la Doctrina Monroe.

Esto refleja que sustituyó el compromiso de defensa mutua de la región asumido en el TIAR, por su intención de agredir, junto con sus nuevos aliados políticos, a sus vecinos miembros del tratado.

Adicionalmente, cuando un Estado incumple el derecho internacional, denuncia tratados a su conveniencia, desacata las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) y las resoluciones de los organismos internacionales competentes para la defensa de los derechos humanos, destruye la confianza y sin esta no puede haber cooperación en materia de seguridad regional.

La represión y el totalitarismo que caracteriza actualmente a la Nicaragua de los Ortega Murillo, incrementa la inseguridad y tiene un efecto derrame hacia sus vecinos, porque provoca migración masiva hacia los países de la región.

Además, al desaparecer el Estado de derecho las naciones totalitarias se vuelven refugio del crimen organizado, tanto dentro de su territorio como en el de sus vecinos, especialmente del que promueve el tráfico de personas y de drogas y la explotación ilegal de los recursos naturales.

El TIAR conocido también como Tratado de Río, es un pacto de defensa mutua que los países del hemisferio firmaron en Brasil en 1947, en el inicio de la Guerra Fría, para garantizar la paz y seguridad regional.

Establece que un ataque armado contra cualquier país de América u otro tipo de agresión, conforme el artículo sexto del TIAR, modernamente clasificados como acciones de guerra hibrida, afectan a todos los miembros del TIAR.

Esto los obliga a reaccionar de inmediato para impulsar medidas de apoyo.

Al volverse peones de potencias extra regionales los regímenes totalitarios, como el de los Ortega Murillo ponen en riesgo el principio de defensa hemisférica y facilitan que la región se convierta de nuevo en un espacio de confrontación entre potencias que pone en riesgo la paz regional.

Nicaragua es una amenaza regional porque los Ortega Murillo no respetan su propia Constitución ni el derecho del pueblo a elegir a sus gobernantes.

Tampoco las fronteras al incurrir en la comisión de crímenes transnacionales mientras persiguen a sus opositores.

También el autoritarismo y la impunidad tienen un efecto de contagio que obliga a las instituciones del Sistema Interamericano a frenarlos, ya que el orden democrático vigente en los países es garantía de estabilidad y predictibilidad, que son condiciones básicas para garantizar seguridad conforme el modelo interamericano de seguridad integral.

Pero el régimen Ortega Murillo convirtió a Nicaragua en un nódulo al servicio de China, Rusia, Irán y Corea del Norte, desde donde estas naciones pueden desarrollar agresiones propias de la guerra hibrida en contra de sus enemigos políticos, instrumentalizando la migración masiva e impulsado la guerra cognitiva contra el modelo democrático de la región.

En este tipo de conflicto no convencional, el país se convierte en un agresor efectivo bajo el umbral declarado. Es así que Nicaragua pasó de ser una posible amenaza a un real agresor que pretende pasar desapercibido.

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