Ortega tiene casi US$10 mil millones en el exterior: ¿puede EEUU bloquearlos?
El análisis plantea hasta dónde podría llegar Washington si decidiera sancionar directamente al Banco Central de Nicaragua y qué parte de ese dinero podría quedar inmovilizado
Miguel Mora
Mientras muchos ven como escenario una eventual extracción u operación quirúrgica contra los Ortega Murillo, otros ponen la mirada en dos medidas económicas que podrían tener efectos devastadores sobre el régimen y aumentar significativamente el costo de mantenerse cerrado a una negociación que abra el camino hacia una transición democrática.
Y atención, porque hablamos de dos herramientas que Washington podría intentar activar sin depender de una votación en la OEA.
La primera estaría prácticamente a la vuelta de la esquina: elevar sustancialmente los aranceles a las exportaciones nicaragüenses que ingresan al mercado estadounidense, como respuesta a incumplimientos previamente señalados por Washington.
Una medida de esa magnitud golpearía directamente uno de los principales motores de la economía nicaragüense y tendría consecuencias para empresarios, trabajadores y familias que dependen de las exportaciones.
Pero la segunda sería de una dimensión completamente distinta. Sería, en términos financieros, la opción nuclear: ir directamente contra el Banco Central de Nicaragua.
¿Qué ocurriría si Estados Unidos decidiera sancionar al BCN y bloquear las operaciones que estén bajo su jurisdicción?
¿Y qué pasaría si esa decisión consiguiera además el respaldo de aliados europeos y de otras plazas financieras internacionales?
Nicaragua acumula actualmente casi 10 mil millones de dólares en reservas internacionales, una parte sustancial de las cuales está depositada o invertida en el exterior.
Washington por sí solo no podría simplemente apoderarse ni congelar automáticamente todo ese dinero. Pero una ofensiva financiera coordinada podría inmovilizar una parte de esos activos, restringir operaciones internacionales del Banco Central y dificultar el acceso efectivo del régimen a sus reservas.
Y ahí podría estar una de las cartas económicas más poderosas sobre la mesa: no necesariamente una operación militar, sino una operación financiera destinada a colocar a los Ortega Murillo ante una disyuntiva mucho más costosa: seguir resistiendo bajo un creciente aislamiento económico y financiero, o sentarse a negociar el inicio de una verdadera transición democrática en Nicaragua.
Ahora bien, ¿dónde está realmente el dinero de las reservas de Nicaragua?
Los estados financieros auditados del Banco Central nos permiten seguir una parte importante de la ruta del dinero y saber dónde se encontraba al cierre de 2024.
La mayor concentración estaba vinculada al Banco de Pagos Internacionales, el BIS, con sede en Basilea, Suiza, conocido como el banco de los bancos centrales. Allí el BCN reportaba depósitos e inversiones por aproximadamente 4 mil 246 millones de dólares.
Estamos hablando, por mucho, de la mayor concentración identificada en esos estados financieros.
Después aparece el Banco Centroamericano de Integración Económica, el BCIE, con aproximadamente 580 millones de dólares.
Pero atención con lo que viene, porque aquí encontramos conexiones directas con el sistema financiero estadounidense.
En la Reserva Federal de Nueva York, el Banco Central de Nicaragua reportaba aproximadamente 47.3 millones de dólares.
En Bank of America, otros 5.8 millones de dólares.
Y en Europa aparece el Deutsche Bundesbank, el banco central de Alemania, con aproximadamente 14.3 millones de dólares.
Hay además otra cantidad importante que no estaba depositada en el extranjero.
El BCN mantenía aproximadamente 521.5 millones de dólares en efectivo dentro de sus propias bóvedas en Nicaragua.
La herramienta mortal: Sancionar al Banco Central de Nicaragua.
Pero ojo con este dato.
Al cierre de 2025, el propio Banco Central informó que el 99.1 % de la exposición de su portafolio de inversiones estaba concentrada en instituciones supranacionales.
Entonces la pregunta inevitable es: ¿por qué Nicaragua ha concentrado semejante cantidad de recursos en este tipo de instituciones?
¿Estamos simplemente ante una estrategia normal de administración de reservas, buscando seguridad, liquidez y rentabilidad?
¿O esta estructura financiera tiene además el efecto de proteger una parte de las reservas ante eventuales sanciones de Estados Unidos?
Porque las reservas internacionales de Nicaragua han crecido extraordinariamente y, al 31 de julio de 2026, rozaban ya los 9 mil 900 millones de dólares.
Estamos hablando del principal colchón financiero del país.
Son recursos fundamentales para respaldar la moneda, enfrentar problemas de balanza de pagos, sostener la confianza en el sistema financiero y responder ante una crisis externa.
Y aquí tenemos que hacer una aclaración fundamental.
Estados Unidos no puede simplemente levantar un teléfono y ordenar que le congelen a Nicaragua los casi 10 mil millones de dólares.
No funciona así.
Depende de dónde está depositado cada activo, quién lo custodia, en qué moneda está denominado, cuál es el instrumento financiero y, sobre todo, bajo qué jurisdicción se encuentra.
Y los documentos financieros que hemos revisado muestran algo muy interesante.
Al cierre de 2024, el Banco Central mantenía directamente alrededor de 47 millones de dólares vinculados a la Reserva Federal de Nueva York y aproximadamente 6 millones en Bank of America.
Eso significa que la exposición directa identificada en esas dos instituciones estadounidenses era relativamente pequeña frente al volumen total de reservas.
Pero el verdadero gigante estaba en otro lado.
El Banco de Pagos Internacionales, el BIS.
Según los estados financieros auditados correspondientes a 2024, el Banco Central de Nicaragua mantenía aproximadamente 4 mil 246 millones de dólares entre depósitos e inversiones vinculadas al BIS.
Más de cuatro mil millones de dólares.
Y posteriormente, en 2025, el BCN informó que su portafolio de inversiones tuvo un saldo promedio de aproximadamente 6 mil 263 millones de dólares, mientras el 99.1 % de su exposición estaba concentrada en instituciones supranacionales.
No podemos afirmar que todos esos más de 6 mil millones estaban en el BIS porque el informe público no identifica individualmente cada institución.
Pero los antecedentes convierten al BIS en una pieza fundamental para entender dónde y cómo Nicaragua administra sus reservas.
Y aquí la historia se pone todavía más interesante.
El BIS está en Suiza y cuenta con importantes protecciones jurídicas sobre los activos que administra.
Por eso Washington no tiene sobre Basilea la misma capacidad jurídica directa que tendría sobre un banco estadounidense.
Pero existe un precedente que Managua seguramente conoce perfectamente.
Rusia.
Después de la invasión de Ucrania en 2022, el BIS suspendió al Banco Central de Rusia el acceso a sus servicios.
Y aquí tenemos que entender una diferencia fundamental.
Una cosa es confiscar el dinero.
Otra cosa es congelarlo.
Y otra es inmovilizarlo, haciendo extremadamente difícil o imposible utilizarlo normalmente.
Eso último puede ser devastador para cualquier banco central.
Estados Unidos y sus aliados demostraron con Rusia que no necesariamente necesitan apropiarse físicamente de las reservas para provocar un enorme impacto.
Pueden impedir que sean utilizadas.
Y Nicaragua también tiene otro antecedente mucho más cercano.
Venezuela.
En 2019 Estados Unidos sancionó directamente al Banco Central de Venezuela.
Es decir, Washington ya ha utilizado contra un gobierno latinoamericano la herramienta de sancionar a su banco central.
Pero hasta este momento hay una diferencia importante con Nicaragua.
El Banco Central de Nicaragua no está bloqueado como institución por Estados Unidos.
Washington sancionó en 2021 a quien entonces presidía el BCN, Ovidio Leonardo Reyes, pero esa sanción individual no significó automáticamente el congelamiento del Banco Central ni de todas las reservas nicaragüenses.
Para cambiar radicalmente ese escenario, Washington tendría que adoptar medidas adicionales contra la institución o ampliar considerablemente las sanciones contra el Estado nicaragüense.
Y aun así quedaría el problema del BIS.
Porque si Estados Unidos actuara solo, tendría limitaciones sobre activos fuera de su jurisdicción.
Pero imaginemos un escenario completamente diferente.
Estados Unidos actuando conjuntamente con la Unión Europea, Reino Unido y Suiza.
Ahí la ecuación cambia.
Ya ocurrió con Rusia.
Una acción coordinada de las principales potencias financieras occidentales podría convertir el problema no solamente en determinar cuánto dinero de Nicaragua está físicamente dentro de Estados Unidos, sino en algo mucho más serio:
¿Cuánto de esos casi 10 mil millones de dólares podría utilizar realmente el Banco Central si Nicaragua quedara financieramente aislada?
Esa es la pregunta de fondo.
Porque también existe una diferencia gigantesca entre congelar reservas y confiscarlas.
Los activos de los bancos centrales extranjeros cuentan con importantes protecciones jurídicas.
Por eso bloquear el acceso al dinero puede resultar jurídicamente mucho más viable que quitarle definitivamente la propiedad y entregárselo a otra persona o gobierno.
Y ahora llegamos a la pregunta que, desde Nicaragua, merece una investigación mucho más profunda.
¿La creciente concentración de las reservas nicaragüenses en instituciones supranacionales responde únicamente a criterios financieros normales o también reduce, en la práctica, su vulnerabilidad ante posibles sanciones unilaterales estadounidenses?
No tenemos evidencia documental suficiente para afirmar que Ortega haya ordenado trasladar las reservas con el propósito de evadir sanciones.
Eso sería especular.
Pero sí tenemos un hecho verificable:
la estructura de las reservas importa muchísimo.
Y tenemos otro dato contundente: al finalizar 2025, 99.1 % de la exposición del portafolio de inversiones del BCN estaba concentrada en instituciones supranacionales.
Por eso necesitamos seguirle la pista al dinero.
Comparar 2021, 2022, 2023, 2024, 2025 y lo que llevamos de 2026.
Determinar cuánto dinero salió de bancos nacionales, cuánto aumentaron las colocaciones supranacionales y si hubo cambios importantes después de las sanciones estadounidenses y, particularmente, después del precedente creado con las reservas rusas en 2022.
Porque estamos hablando de casi 10 mil millones de dólares.
Y en medio de la creciente confrontación entre Managua y Washington, la pregunta ya no es solamente qué nuevas sanciones podría imponer Estados Unidos.
La pregunta es mucho más concreta:
si Washington decidiera algún día ir directamente contra el Banco Central, ¿qué parte de esos casi 10 mil millones de dólares podría realmente tocar?
Y todavía más importante: ¿qué parte podría quedar fuera del alcance inmediato de los sandinistas?
Facebook
Visitar Facebook
X
Visitar X
Instagram
Visitar Instagram
Youtube
Visitar Youtube
LinkedIn
Visitar LinkedIn
WhatsApp
Visitar WhatsApp
Telegram
Visitar Telegram
Spotify
Visitar Spotify
TikTok
Visitar TikTok
Google Noticias
Visitar Google Noticias