La anulación de las elecciones y el malestar económico de la población

La paradoja del “modelo”: la dictadura aumenta las exportaciones a EE.UU y mantiene un superávit comercial, mientras incrementa las importaciones de China.

Manuel Orozco
Agosto 08, 2026 11:47 AM
La anulación de las elecciones y el malestar económico de la población
La anulación de las elecciones y el malestar económico de la población
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Manuel Orozco

Los cambios políticos que hace el gobierno al anular las elecciones reflejan una fuerte percepción de amenaza a su impopularidad, lo que los lleva a postergar las metas otra vez, creyendo que así pueden sostenerse en el poder sin ser electos.

Al final, la verdadera farsa es dar la impresión de que, en términos formales, las elecciones no se descartan, pero en realidad no se llevarán a cabo.

A la par de esto, la economía es cada vez más dependiente del entorno externo, el cual, a su vez, es fluctuante y puede afectar la percepción y el sentimiento de normalidad tanto del régimen como de la ciudadanía.

El “modelo” económico trae consigo grandes limitaciones, primero, su crecimiento no es distributivo, situación que afecta el día a día de la gente; segundo, la actividad del Gobierno y su relación comercial con Estados Unidos plantean desafíos que ponen en riesgo la estabilidad del régimen. Finalmente, la desaceleración económica aumentará la molestia subyacente en la población y puede provocar una nueva salida migratoria, así como puede desembocar en una protesta social inesperada.

El comercio exportador de Nicaragua

Este año, la economía crecerá porque el aumento en las remesas continuará (que llegará a US$7,200 millones), y la exportación de oro muestra una bonanza en los primeros seis meses. Juntos muestran un crecimiento anual del 13% e impactarán la economía. Sin embargo, la distribución del ingreso es desigual, porque en el contexto real, hay fluctuaciones y decrecimientos dentro del sector exportador, así como en el número de receptores de remesas.

La economía de Nicaragua depende en gran medida de tres fuentes de ingreso externo: las remesas (30% del ingreso nacional, recibidas por el 45% de los hogares), las exportaciones e importaciones (90% del ingreso nacional, donde las exportaciones, en particular, representan el 35% del ingreso, pero cubren a cerca del 25% de los hogares), y el endeudamiento externo (7%), que beneficia exclusivamente al círculo de poder (y a algunos que trabajan en construcción y servicios estatales).

Este año hay un boom en el volumen de exportación.

Pero este crecimiento no se distribuye entre todos los bienes, sino que proviene fundamentalmente del aumento del volumen y del valor de las exportaciones de oro a Estados Unidos. En cambio, las exportaciones de la zona franca (el sector históricamente más dinámico de las exportaciones) caerán al menos un 20%, y las de oro son las que, en términos macroeconómicos, muestran una tendencia de aumento de dos dígitos.

 

Las exportaciones de oro han crecido en la mitad del año un 140%, mientras que las de textiles y agroexportación han caído. Sin embargo, tomando en cuenta que desde julio el precio del oro ha vuelto a bajar (de $5,000 a $4,000 la onza) y que el mercado financiero proyecta que el valor no volverá a crecer durante el resto del año, la tendencia se mantiene, pero con el beneficio del primer semestre.

En todo caso, en términos reales, se trata de un crecimiento sesgado en favor del sector minero exportador—del cual el gobierno, con la minería china, ha querido desplazar a las empresas establecidas.

En general, aunque crece el volumen total exportado, la mayoría del sector exportador disminuye, lo que afecta a la fuerza laboral local.

 

El sector exportador tiene una fuerza laboral de menos de medio millón de trabajadores—96,000 en la zona franca (de 120,000 en 2022), y menos de 40,000 en oro, con el resto operando en el sector agro (300,000) que percibe ingresos menores a US$300 mensuales y en otros servicios de exportación.

En ese sentido, salvo en café y carne, se observa un contraste entre el valor acumulado de las exportaciones y la disminución de los ingresos de los trabajadores, ante la caída de los sectores productivos no mineros. La disminución, excluyendo la exportación de oro, es del -2%, lo que afecta los ingresos de los trabajadores, muchos de los cuales han sido despedidos.

La geopolítica de las importaciones

Mientras tanto, el sector importador refleja dos realidades contradictorias pero consistentes con la estrategia oportunista del gobierno actual: continuar la dependencia de Estados Unidos, pero disminuirla en la medida de lo posible mediante alianzas con países como China.

La participación de la importación de mercancía china ha crecido mientras que la dependencia de Estados Unidos se ha mantenido por necesidad más que por opción.

A pesar de que Estados Unidos tiene a Nicaragua bajo la advertencia de que en enero de 2027 sus beneficios arancelarios cambiarán como resultado de los hallazgos de la investigación que realizó la Oficina de Comercio, Nicaragua, en vez de remediar, aumentó su superávit comercial con Estados Unidos, vendiéndole más y comprándole menos. Y lo que compra es porque no puede sustituirlo por otros socios: el petróleo y el combustible, de los que más de la mitad proviene de ese país.

 

Otra consideración dentro de esta geopolítica del gobierno de Murillo es que la alianza con China repercute en la tendencia histórica de las relaciones comerciales entre países.

En particular, las remesas que se envían desde Estados Unidos exhiben una fuerte correlación macroeconómica positiva con las importaciones de productos estadounidenses—el envío de dinero conlleva una circunstancia material importante que apunta al consumo de productos estadounidenses adquiridos con la remesa misma. Sin embargo, la estrategia geopolítica de un giro hacia China ha debilitado esa correlación al obligar a comprar productos de ese país.

 

Las remesas ya están desacelerándose, crecerán a la mitad de lo que fueron en 2025, y el número de hogares que reciben de Estados Unidos bajará de 750,000 a 700,000 al fin del año. El próximo año, el crecimiento de las remesas será inferior al 5%.

A esto se suma que las medidas arancelarias del 12,5% este año y las venideras que entrarán en vigor en 2027, afectarán a gran parte del sector exportador y las exportaciones seguirán disminuyendo.

Tanto la desaceleración de las remesas como la de las exportaciones afectarán la actividad económica del país.

En ambos casos, la capacidad de ingreso del nicaragüense disminuirá, ya sea por desempleo, o menor cantidad de entrada de dinero.

Si a fines del 2026 se habrán perdido al menos 20,000 empleos (15,000 en zona exportadora y al menos 4,000 del Estado), y llegado más de 25,000 deportados, ya eso es 3% de los hogares en desempleo, sin incluir el ya existente, y 1.5% de la fuerza laboral.

Esta situación incidirá en la necesidad de emigrar. Los datos actuales muestran, primero, que la intención de migrar se mantiene en el 15% de los hogares, sin cambios desde el 2024 y se correlacionan con la percepción de que el país va en la dirección equivocada. Los datos ya muestran que las llegadas a la frontera empezaron a subir gradualmente y se observa una tendencia al alza en los próximos 12 meses.

¿Se avecina algo difícil?

La confluencia de coyunturas en el 2027

La inseguridad de Murillo y Ortega de seguir en el poder, frente a su impopularidad, se evidenció con la imposición de mayores obstáculos al ejercicio del sufragio universal, expresión inequívoca de la voluntad popular. No es de sorprenderse y, de hecho, los países más autoritarios mantienen ciclos electorales más amplios o largos para impedir que la expresión popular los remplace cuando el fraude no basta. Pero también impiden el espacio a nuevas generaciones, a la innovación y adaptación al contexto global.

Esta coyuntura política se suma a una coyuntura económica adversa para el nicaragüense, porque la política pública no aborda sus necesidades materiales; la vigilancia no garantiza su libertad de expresión.

En los próximos doce meses se producirán tres tendencias con repercusiones distintas.

Primero, los nicaragüenses contarán con menos opciones de ingresos y empleo, esto puede desembocar en una mayor migración a Costa Rica, España y Estados Unidos. La evidencia estadística muestra que la intención de migrar aumenta con mayor privación económica y se acelera cuando la represión política está a flor de piel.

Segundo, dado que la población más joven (aquellos nacidos en el siglo XXI) desconoce el comportamiento violento de esta dictadura, esta podría mostrar una mayor proclividad a la desobediencia civil, si su molestia subyacente se convierte en un malestar colectivo ante una combinación de escasez, desempleo y menos oportunidades.

Tercero, ante la ausencia de referentes globales sobre cómo es tener un buen empleo y vivir en democracia, esta juventud se acomodará a vivir de forma mediocre y con menos.

El destino de Nicaragua puede depender del tamaño de estos tres grupos.

Mientras tanto, para Estados Unidos y bajo esta administración, Nicaragua está violando las cuatro prerrogativas de su política exterior: hay un creciente superávit comercial apoyado en la estructura de un estado no democrático; hay un reemplazo comercial con importaciones e inversiones chinas sobre las de Estados Unidos; hay una tendencia creciente hacia una emergente ola de emigración, a pesar de las deportaciones; y sus lealtades con Irán, Rusia y otros estados ‘malignos’ son evidentemente agresivas.

Aunque el consejo de los asesores de Murillo es no provocar a Estados Unidos, el discurso de Ortega y la desidia de Murillo despertaron el apetito de Estados Unidos por dar una respuesta proporcional. Mientras tanto, se están realizando consultas y deliberaciones, y el nombramiento de un embajador es parte de esa señal.

Aunque la gente esté callada, tanto el mal manejo económico como el político están convirtiéndose en el principal ingrediente de un conflicto emergente en lo que queda de este y lo que viene el próximo año.

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