¿Basta con esperar el quiebre del régimen… o hay que marcar el destino primero?

El debate sobre cómo poner fin a la crisis política nicaragüense vuelve a cobrar fuerza con un análisis que plantea la necesidad de construir una hoja de ruta consensuada para la transición democrática, como condición para dar dirección a las presiones nacionales e internacionales contra el régimen

Rudy Siles, activista político opositor en el exilio
agosto 07, 2026 08:18 AM
¿Basta con esperar el quiebre del régimen… o hay que marcar el destino primero?
¿Basta con esperar el quiebre del régimen… o hay que marcar el destino primero?
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Rudy Siles, activista político opositor en el exilio

Ningún plan político es perfecto. Su valoración depende del ángulo y de los intereses de quien lo examine: cada nicaragüense, cada actor político, cada organización, cada individuo. Hay, sin embargo; un punto que ya no admite ambigüedad: un gobierno de transición no puede constituirse mientras la dictadura sandinista mantenga el control del Estado, carezca de respaldo popular genuino o pretenda gestionarse desde el exterior.

EL COSTO DE LA ESPERA INDEFINIDA:

Se ha insistido en que lo prioritario es fortalecer la coordinación y aguardar a que se produzca un quiebre interno mayor. La premisa es comprensible, pero la ausencia de un horizonte definido tiende a convertirse en inercia. Sin una meta concreta, las presiones internacionales pierden dirección y el margen de la tiranía se amplía. Hay quienes sostienen que plantear un gobierno provisional ahora, adelanta etapas y que primero debe modificarse la correlación de fuerzas. La experiencia indica, no obstante; que una propuesta creíble es precisamente lo que contribuye a generar esas condiciones. No se trata de poner la carreta delante de los bueyes; se trata de saber hacia dónde se dirige el camino. Pedir presiones a la comunidad internacional sin haber definido previamente una meta equivale a pedir a que alguien reme en el vacío.

¿POR QUÉ EL PLAN DEBE OCUPAR EL CENTRO?

Una hoja de ruta no anticipa etapas ni configura un gobierno simbólico desde fuera. Se implementa únicamente una vez desalojada la dictadura sandinista. Antes de ese momento, el derrocamiento involucra un sinnúmero de situaciones estratégicas, métodos, formas y posibilidades; ese es un terreno para otros análisis que deben manejarse con rigor y discreción. La hoja de ruta aquí planteada se activa después del desalojo: primero las presiones logran la salida; después se instala un gobierno provisional de corta duración, con control efectivo del territorio y con legitimidad interna. Las transiciones que lograron consolidarse lo ilustran con claridad. En España, tras el franquismo (1975-1978), y en Chile, tras la dictadura militar (1988-1990), existieron hojas de ruta precisas: mecanismos provisionales, procesos constituyentes, garantías de derechos y retorno de exiliados. Se alcanzó la democracia sin vacío de poder. En Nicaragua se han formulado distintos planes a lo largo de estos años. El debate se ha reabierto y conviene abordarlo con rigor. Me consta, de mi conocimiento, que se avanza en un trabajo interno sobre una hoja de ruta concreta. El secretario general de la OEA, Albert Ramdin, se reunió recientemente con representantes del exilio para conocer propuestas de reconstrucción democrática. La misión de Estados Unidos ante el mismo organismo ha subrayado que la reescritura constitucional para extender el poder y excluir a amplios sectores no es reforma sino autoritarismo, y ha llamado a una respuesta hemisférica basada en acciones concretas frente a la amenaza que representa la dictadura. Reiterando la necesidad de una respuesta internacional firme y el derecho del pueblo nicaragüense a elegir libremente. Lo determinante sigue siendo que un plan concreto reciba el respaldo de la mayoría democrática del país y también de apoyo externo.

LA HOJA DE RUTA CONCRETA:

Debe ser integral, calendarizada y contar con el reconocimiento de la mayoría democrática, orientada a la plena restauración de un Estado republicano y democrático:

Jurídico: derogar de inmediato las leyes represivas y las reformas que perpetúan el poder, restaurar la separación de poderes y convocar una Asamblea Constituyente que elabore una Constitución republicana fundamentada en el Estado de derecho y las libertades ciudadanas.

Derechos humanos: liberar a todos los presos políticos, garantizar el retorno seguro de los exiliados con restitución de nacionalidad, derechos y propiedades confiscadas, cesar la persecución religiosa y el despojo arbitrario de nacionalidad, desmovilizar a los grupos paramilitares, detener toda forma de represión y aplicar justicia sin venganza.

Económico: asegurar la estabilidad macroeconómica, eliminar la corrupción y el clientelismo, y construir un Estado al servicio de todos, sin exclusiones ni privilegios.

Político y diplomático: presentarse ante Estados Unidos y los aliados como un interlocutor previsible, capaz de reducir los riesgos de vacío de poder o de continuidad de la tiranía, y de garantizar una competencia democrática bajo reglas claras y permanentes.

El gobierno provisional se instala únicamente cuando el régimen ya no ejerce el control, con un calendario acotado y la misión clara de restituir al pueblo el derecho soberano a elegir.

CÓMO HACERLO EFECTIVO:

Para que el plan deje de ser un documento y se convierta en instrumento real se requiere, en primer lugar, que las distintas fuerzas opositoras lo discutan con disposición a ceder y a reconocer el trabajo ajeno, hasta alcanzar un respaldo mayoritario. En segundo lugar, vincular de manera explícita las gestiones internacionales a esa hoja de ruta, de modo que las presiones de la OEA, de Estados Unidos y de otros aliados tengan un objetivo concreto y verificable. En tercer lugar, comunicarlo con claridad tanto a la población nicaragüense como a los actores externos, para que se perciba como una alternativa ordenada orientada a la reconstrucción institucional republicana. Solo así se genera la legitimidad y la fuerza necesarias.

EL PASO PENDIENTE:

La coordinación entre las distintas fuerzas opositoras es indispensable. Aun así, persisten cuestionamientos conocidos: que no se alcanza el nivel necesario, que resulta difícil acordar un plan reconocido por la mayoría democrática, y que con demasiada frecuencia se prioriza el señalamiento mutuo por encima de la aceptación de responsabilidades, la cesión y el reconocimiento del trabajo de los demás. No pretendo poseer la verdad absoluta ni erigirme en estratega. Una hoja de ruta seria, sin embargo, define el destino. Solo de esa manera las presiones dejan de ser declaraciones y se transforman en una fuerza efectiva frente a la dictadura sandinista. Sin ese destino compartido y determinante, la oposición continúa sin rumbo claro.

Análisis sobre posibilidades de un plan de transición:

Rudy SilesActivista político en el Exilio.

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