El juego de la mímica en Nicaragua
La decisión de Daniel Ortega de anunciar el fin de las elecciones en Nicaragua y las reformas constitucionales impulsadas por el oficialismo son interpretadas por analistas como un nuevo paso para institucionalizar un modelo de poder sin límites temporales
Kevin OReilly
Desde entonces, hemos visto una serie de declaraciones sustancialmente vacío de contenido de “lo que el comandante quiso decir” de representantes de la dictadura, incluyendo a su esposa y “copresidenta” Rosario Murillo y al presidente de su complaciente Asamblea Nacional, Gustavo Porras Cortés, pero los fundamentos siguen claros: la gente que controla el Estado nicaragüense no tiene intención de aflojar su control.
Ortega regresó a la presidencia el 10 de enero de 2007, y él y su esposa claramente harán todo lo posible para salir del poder solo con los pies por delante. No se someterán a ningún proceso sin un resultado predeterminado a su favor.
Esto no es nada nuevo, la derrota de Ortega ante Violeta Chamorro en 1990 sigue doliendo como una amarga humillación. El reconocimiento de que las protestas de 2018 revelaron un profundo descontento y desprecio por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) debe doler aún más.
Hoy, cuando hablemos de elecciones nicaragüenses, recordemos que la dictadura no ha hecho más que una pantomima fraudulenta de un proceso electoral durante varios años, y en febrero de 2025 creó la copresidencia de Murillo, pospuso nuevas “elecciones” no para el noviembre de 2026 sino para el noviembre de 2027, y subordinó explícitamente a los poderes legislativo y judicial y a las autoridades electorales al control directo del ejecutivo. Lo que está ocurriendo ahora simplemente continúa ese proceso.
Mamá y papá saben mejor
Ahora la dictadura impondrá mandatos renovables de siete años para la copresidencia, para “garantizar la estabilidad en la visión, las operaciones y la continuidad”, como ha dicho Porras, y para satisfacer las “necesidades materiales, culturales y espirituales de Nicaragua.” Estabilidad por encima de la democracia; control centralizado justificado como salvaguarda del orden, la paz y el progreso; la disidencia presentada como un servicio a fuerzas extranjeras más que como una oposición legítima.
Como escribió el historiador romano Tácito hace dos mil años, “hacen un desierto y lo llaman paz.”
Ortega cumplirá 81 años en noviembre. Murillo acaba de cumplir 75 años en junio, así que entiende mandatos renovables de siete años como control "indefinido", permanencia hasta la muerte.
Ucase
La dictadura ha creado una comisión especial para preparar e implementar los cambios ordenados por Ortega el 19 de julio. Como en las “elecciones”, tiene sentido recordar que la palabra “constitución” significa poco en la Nicaragua actual. Mejor adoptar la palabra edicto, o el antiguo término ruso para los decretos imperiales de los zares, “ucase”.
Aun así, incluso las dictaduras codician ilusiones de legitimidad, y así esta dictadura ha iniciado lo que llama “consultas” que durarán más o menos un mes antes de que la Asamblea Nacional bendiga en septiembre de manera inevitable las nuevas reglas del juego.
"Todo dentro del estado, nada fuera del estado, nada contra el estado"
Rosario Murillo anunció recién quién participaría en el proceso, y parece demasiado al fascismo corporativista italiano de Benito Mussolini de los años 30.
Palazzo Braschi, sede del partido fascista en 1934, antes del voto si o no que reemplazo la Cámera de Diputados por la Cámera de Fasces y Corporaciones
Corporativismo pretende organizar la sociedad no sobre la base de los ciudadanos como individuos, sino a través de representantes políticamente fiables de grupos sociales definidos, una parodia de un gobierno representativo: los miembros del gabinete de la dictadura; las fuerzas armadas de Nicaragua, el ministerio del interior y la policía; alcaldes, representantes de gobiernos regionales y otras autoridades estatales seleccionadas por su lealtad al sistema político; miembros selectos de las comunidades indígenas y afrodescendientes que representan únicamente a los fieles del partido; líderes de universidades elegidas por el Estado; trabajadores culturales y sanitarios del sandinismo; trabajadores sindicales, de transporte y de mercado organizados por el partido; miembros de la juventud sandinista; representantes selectos y preaprobados por su confiabilidad política de comunidades religiosas; y banqueros y miembros de la comunidad empresarial que dependen del Estado o que solo expresan libremente sus opiniones a costa de sus negocios y su libertad personal.
"Todo dentro del estado, nada fuera del estado, nada contra el estado", como diría Mussolini. Solo deben presentarse los participantes aprobados, excluyendo por completo las voces independientes.
La retórica de la dictadura imita los esfuerzos corporativistas y fascistas por fusionar Estado, partido y nación: "Pueblo Presidente", equipara la lealtad a Ortega, Murillo y el statu quo a la devoción a Nicaragua como sociedad, nación e idea, y excluye a los críticos de la dictadura, que “ya no merecen ser nicaragüenses.”
Las responsabilidades al ajeno
Algunos gobiernos de la región han expresado su oposición a este abuso explícito de los principios democráticos. Otros se han ocultado tras definiciones demasiado flexibles de la no intervención (tras criticar movimientos políticos que les resultan desagradables, quedan en silencio ante este robo descarado del derecho del pueblo nicaragüense a elegir su propio camino). Al hacerlo, pueden descubrir que —como en Venezuela— no han hecho nada para proteger los derechos de un pueblo vecino, ni la integridad del sistema interamericano, ni siquiera la práctica y los principios de la no intervención. Simplemente han cedido terreno y agencia a los actores más imprudentes de nuestro hemisferio.
La paz deriva del respeto al ajeno, no de ignorar su calvario.
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