Padre Marcos Somarriba: “El gobernante que busca únicamente perpetuarse está utilizando el poder para sí mismo”
El sacerdote Marcos Somarriba afirmó que un gobernante que busca perpetuarse en el poder lo utiliza para su propio beneficio y no para servir al pueblo. Basado en el pasaje bíblico 1 de Reyes 3:5, llamó a ejercer la autoridad con justicia, humildad y responsabilidad
Sacerdote Marcos Somarriba, párroco de la iglesia Santa Agatha en Miami
Una interpretación de 1 Reyes 3:5, 7-12 desde la perspectiva de la justicia social puede ser muy profunda para analizar el poder político de hoy.
1. Dios le pregunta a Salomón: «¿Qué quieres que te dé?»
Salomón tenía la posibilidad de pedir riqueza, larga vida o la derrota de sus enemigos. Sin embargo, pide: «Da, pues, a tu siervo un corazón entendido para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo» (1 R 3:9).
En la mente y el corazón de Salomón, el poder o la autoridad es, sencillamente, energía para servir, no para servirse. Esto es fundamental: el poder no debe existir para satisfacer los deseos personales del gobernante, sino para servir y hacer justicia al pueblo.
2. Salomón reconoce que gobernar es una responsabilidad, no un privilegio absoluto
Salomón dice, en esencia: «Soy joven y no sé cómo gobernar a este pueblo tan grande».
Esta actitud contrasta fuertemente con la de los dictadores, que se consideran infalibles, dueños de la nación o elegidos para siempre. Hombres y mujeres caducos que creen la mentira de que permanecerán eternamente y que lo mal habido debe ser protegido, aun sabiendo que no se lo llevarán consigo cuando llegue la noche oscura de su muerte. Se creen eternos y ni siquiera piensan que la hermana muerte también llegará para ellos.
Desde una perspectiva bíblica, un gobernante debería tener: Humildad, para reconocer sus limitaciones; sabiduría, para distinguir el bien del mal; sensibilidad, para escuchar el sufrimiento del pueblo; imparcialidad, para no favorecer solamente a los poderosos y responsabilidad, porque el poder es un servicio.
3. La sabiduría bíblica está relacionada con la justicia y el servicio
Cuando Salomón pide un «corazón entendido», no está pidiendo simplemente inteligencia académica. Pide la capacidad de juzgar correctamente y discernir entre el bien y el mal.
Aplicado a la justicia social, significa que un gobierno debe preguntarse:
¿Quiénes están sufriendo? ¿Quiénes son marginados? ¿Hay corrupción? ¿Se protege al pobre o se beneficia únicamente a la élite? ¿A su familión enriquecido por medio del robo y sostenido por las armas? ¿Se respetan la vida, la dignidad y los derechos humanos? ¿Se usa la ley para todos o solo contra los adversarios?
Por eso, un dictador que acumula riqueza, persigue a sus opositores, silencia al pueblo y usa el Estado para su beneficio personal está actuando en dirección contraria al espíritu de la petición de Salomón. Son energúmenos, personas exaltadas por la violencia, que verdaderamente no tienen control de sí mismas y esconden esa violencia detrás de retóricas dulces y espirituales.
4. Aplicación a los dictadores de hoy
El texto plantea una pregunta muy fuerte para cualquier gobernante: Si Dios te preguntara hoy: «¿Qué quieres que te dé?», ¿pedirías más poder para controlar al pueblo o sabiduría para servirlo?
El gobernante que busca únicamente perpetuarse en el poder, controlar las instituciones, silenciar las voces del pueblo, eliminar la oposición, enriquecerse, manipular la verdad y perseguir a quienes piensan diferente está utilizando el poder para sí mismo. En cambio, el modelo de 1 Reyes 3 presenta el poder como una responsabilidad moral ante Dios y ante el pueblo.
5. Una advertencia importante: incluso Salomón no fue perfecto
La Biblia tampoco presenta a Salomón como un modelo perfecto durante toda su vida. Más adelante, su gobierno llegó a imponer cargas pesadas al pueblo.
Esto nos enseña algo importante: un buen comienzo no garantiza un buen final.
Por eso, incluso un gobernante que inicialmente pide sabiduría necesita límites al poder, elecciones libres, instituciones justas, rendición de cuentas, dar la cara en lugar de esconderse, libertad para que el pueblo pueda denunciar abusos y leyes que también se apliquen al gobernante. Nadie es inmune.
En resumen, 1 Reyes 3:5, 7-12 enseña que el verdadero liderazgo no consiste en dominar al pueblo, sino en tener la sabiduría y la conciencia moral necesarias para juzgar con justicia.
Aplicado a los dictadores de hoy, el pasaje funciona como una crítica poderosa al autoritarismo, la corrupción y la concentración absoluta del poder.
La pregunta bíblica no sería simplemente: «¿Quién tiene el poder?», sino:
«¿Para quién se está usando el poder: para el gobernante y sus intereses, o para proteger la dignidad y el bienestar del pueblo?»
Desde una lectura cristiana de justicia social, el gobernante no es dueño del pueblo; es responsable ante Dios de cómo trata al pueblo. Tarde o temprano se le pedirán cuentas, y allí se oirá el rechinar de dientes, los gritos de angustia, el llanto y la desesperación ante un juicio que llega, no olvida y es inminente.
Como decía Jesús la semana pasada:
«Al que tenga oídos para oír, que oiga». Amén.
Sacerdote Marcos Somarriba.
Facebook
Visitar Facebook
X
Visitar X
Instagram
Visitar Instagram
Youtube
Visitar Youtube
LinkedIn
Visitar LinkedIn
WhatsApp
Visitar WhatsApp
Telegram
Visitar Telegram
Spotify
Visitar Spotify
TikTok
Visitar TikTok
Google Noticias
Visitar Google Noticias