Homilía Báez: “Un sacerdote o es profeta o no es nada”
Monseñor Silvio Báez afirmó durante la primera misa del sacerdote nicaragüense Cristhian David Mendieta que Nicaragua vive una “orfandad” provocada por la falta de libertad y justicia. El obispo también llamó a los sacerdotes a ser “profetas” frente a las injusticias
Silvio José Báez, o.c.d. Obispo Auxiliar de Managua
Queridos hermanos y hermanas: Esta mañana celebramos con gran alegría la primera misa de nuestro hermano, P. Cristhian David Mendieta, quien ayer fue ordenado sacerdote. Nos unimos a tu acción de gracias, querido Cristhian David, bendiciendo al Señor por el don de tu vocación y de tu ministerio sacerdotal, con el que se enriquece la Arquidiócesis de Miami y también la Iglesia de Nicaragua, en la que recibiste el don de la fe y fuiste llamado por el Señor. Eres un regalo del Señor para la Iglesia. ¡Felicidades, Cristhian David!
El P. Cristhian David es un signo elocuente de la vitalidad de la Iglesia nicaragüense, que sigue siendo fecunda aun en medio de la persecución y el exilio. Su historia vocacional es un testimonio de la fidelidad del Señor que lo ha llamado y también de su docilidad para dejarse conducir por Él, aun en medio de la contradicción y la oscuridad. ¡Gracias, Cristhian David, por decirle sí al Señor!
El evangelio que hemos escuchado nos recuerda algunas de las palabras que Jesús dirigió a sus discípulos en la Última Cena. Quería que no se sintieran solos y que, después de su resurrección, lo descubrieran siempre presente y cercano en medio de ellos. Hablando de su muerte, les dice claramente: “Dentro de poco el mundo no me verá” y, refiriéndose a los discípulos, añade: “Pero ustedes sí me verán” (Jn 14,19), porque “no los dejaré huérfanos, sino que volveré a ustedes” (Jn 14,18).
La orfandad no es sólo la pérdida física del padre y de la madre. Una persona es huérfana también si se siente sola, si no tiene quien la proteja o vive con un sentimiento de desamparo. Es huérfana cuando carece de recursos emocionales, morales o económicos suficientes para afrontar los desafíos de la vida. Todos somos un poco huérfanos de amor, de atención, de cuidado.
Hoy, nuestra sociedad vive con un profundo sentido de orfandad. La globalización, la rápida evolución de la tecnología y la desaparición de instituciones tradicionales han provocado la pérdida de valores y referentes culturales, religiosos y sociales que antes brindaban seguridad. Otra forma de orfandad en la sociedad es la falta de liderazgo auténtico, sobre todo en el ámbito político. No podemos olvidar tampoco la orfandad impuesta por los poderes tiránicos a los pueblos, despojándolos de la libertad y la dignidad, negándoles el derecho a la voz, a la memoria y al futuro.
Jesús no quiere ni una comunidad ni una humanidad huérfanas. La orfandad evoca la muerte; Jesús es vida y vida en abundancia. Él ya no está físicamente presente, pero no nos ha dejado solos ni abandonados. El don del Espíritu, que estará siempre con nosotros y habita en nosotros, será la nueva presencia de Jesús en medio de los suyos y vendrá para ser consuelo, compañía y fuerza.
Ungido por el Espíritu, Padre Cristhian David, hoy inicias tu ministerio sacerdotal en medio de un mundo y de una sociedad profundamente huérfanos. Ungido por el Espíritu, estás llamado a ser signo vivo de la paternidad de Dios en el mundo y en la Iglesia. Encarna en tu corazón la identidad más profunda de Dios, que en el Salmo 68 es llamado “Padre de huérfanos” (Sal 68,5), y que en la parábola de los dos hijos es descrito como un Padre que no deja de esperar que el hijo regrese a casa y celebra cuando lo recupera vivo (cf. Lc 15). Con la ordenación, Cristhian David, el Espíritu te ha conferido el don de la paternidad. Sé padre que escucha en lugar de juzgar, que acompaña en vez de imponer, que acoge en lugar de condenar.
La paternidad que el Espíritu te ha conferido con la ordenación sacerdotal no es autoridad fría: es servicio entregado, paciencia creativa y exigencia compasiva. Cuando prediques el Evangelio, cuando celebres la Eucaristía y cuando pastorees a tu pueblo, recuerda que en esas acciones sagradas de la Iglesia se hace presente el Padre del Cielo. Sé reflejo de su paciencia y de su ternura. Sé padre. Contagia alegría, siembra esperanza, propicia la comunión. A ejemplo de Jesús, acércate a la humanidad huérfana para acompañar, cuidar y vendar las heridas de tu pueblo: no con temor, sino con la audacia evangélica de la multiplicación de los panes; con la premura del buen samaritano; con la alegría del pastor por su oveja encontrada; con el abrazo reconciliador del padre que sabe de perdón (cf. Francisco, Carta a los sacerdotes de Roma, 31/5/2020).
Por experiencia conoces las trágicas consecuencias del pecado social encarnado en estructuras de injusticia. Nuestro país, Cristhian, es un país huérfano por falta de libertad y justicia, al que han querido robarle la dignidad y el futuro. También, frente a la sociedad, debes ser padre y profeta con tu palabra de denuncia y tu cercanía amorosa a los más pobres.
Cuando estaba en Nicaragua, solía decirles a los sacerdotes que en el mundo de hoy un sacerdote o es profeta o no es nada. Cristhian David, aun en medio de situaciones conflictivas y complejas, no temas ser siempre un padre para los pobres, los excluidos y las víctimas. “La realidad no debe darnos miedo”, les decía el Papa León a los sacerdotes que ordenó recientemente. Y los exhortaba a que la denuncia no se convirtiera en renuncia y que el peligro no los llevara a la fuga (Homilía 26/4/2026).
Quien te ha elegido, Cristhian, es el Señor de la vida, el mismo que ahora te confía el ministerio de la paternidad en un mundo huérfano. Que tu seguridad resida en la fuerza que dimana de la muerte y resurrección de Jesús. “Deja que sea él quien configure tu vida, unifique tu corazón y dé forma a tu ministerio, vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y el servicio pastoral a las personas que te serán confiadas (cf. León XIV, Carta a los sacerdotes de Madrid, 28/1/2026).
Querido Cristhian David, hemos compartido tantos momentos juntos durante muchos años al servicio del Señor y de la Iglesia. Permíteme expresarte mi gratitud: gracias por tu fidelidad al Señor, gracias por tu servicio a mi ministerio episcopal, gracias por haber estado ahí, incluso en los momentos más oscuros. Hoy te veo convertirte en padre y mi corazón se alegra profundamente. Siempre contarás con mi cercanía y mi oración. ¡Que Dios te bendiga!
Father Cristhian David, anointed by the Spirit, you are called to be a living sign of God’s fatherhood in an orphaned world. When you preach the Gospel, celebrate the Eucharist, and shepherd your people, remember that in those sacred actions the Father of Heaven is made present. Be a reflection of his patience and tenderness. Be a father. Spread joy, sow hope, foster communion. Be a priest after God’s own heart.
P. Cristhian David, le pedimos al Señor hoy que seas un santo sacerdote y que, en un mundo huérfano, mantengas siempre abierto el umbral de tu corazón de padre (cf. León XIV, Homilía, 26/4/2026). Que la Virgen Madre de Dios, Nuestra Señora de Montserrat, Patrona de tu pueblo natal en Nicaragua, quien siempre ha cuidado tu vocación con ternura, te siga acompañando con su amor maternal en tu ministerio sacerdotal al servicio del pueblo de Dios.
SILVIO JOSÉ BÁEZ ORTEGA, o.c.d
Obispo auxiliar de Managua
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