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Nicaragua: Ocho años después, la "locura política" del régimen persiste

El analista Óscar René Vargas sostiene que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa un deterioro estratégico marcado por una “locura política” basada en la repetición de la represión sin resultados efectivos

Abril 18, 2026 11:53 AM
Nicaragua: Ocho años después, la "locura política" del régimen persiste
Nicaragua: Ocho años después, la "locura política" del régimen persiste
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Óscar René Vargas

Si es cierto que el régimen ha perdido estratégicamente la lucha sociopolítica por su acelerado su desempeño negativo, cuyo declive final puede llevar algún tiempo si la oposición no adopta una estrategia de lucha eficaz que pase por fracturar, aún más, los pilares de sostenimiento de la dictadura e impulsar la constitución de un frente amplio de las principales corrientes políticas existentes.

El régimen Ortega-Murillo es temido, pero no respetado por los poderes fácticos internos. Está jugando muy equivocadamente. Parte de la premisa de que la fuerza represiva determina las reglas del juego sociopolítico. Pero no es así, porque, en el fondo, está creando mayores problemas a la misma dictadura.

La persistencia de la insensatez y la irracionalidad del régimen cuyos líderes actúan, a pesar de la evidencia, contra sus propios intereses. La “locura” en política es creer que haciendo lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente. Por eso, la “locura política” del régimen se ha transformado en un componente recurrente en el arte de gobernar de Ortega-Murillo, escogiendo espectáculo sobre realidad, vendiendo ilusiones y atizando las tensiones.

El desarrollo y combinación de las cinco crisis están reduciendo de forma estratégica la hegemonía y la viabilidad política de Ortega-Murillo. Ellos y los principales miembros del círculo de poder piensan que el régimen puede salirse con la suya mediante la represión, la intimidación y el miedo; sin embargo, esa estrategia ha llegado a su límite. Llevan 8 años reprimiendo, encarcelando, confiscando, desterrando y exiliando a sus adversarios políticos y no han logrado salirse con la suya, más bien las cinco crisis se siguen desarrollando y alimentándose mutuamente.

Por otro lado, el exceso de confianza, los gastos extravagantes improductivos y la corrupción generalizada están creando el caldo de cultivo de una escisión y crisis interna en los anillos de poder. Su rechazo a aceptar que la lucha política no puede ser ganada a través de la represión generalizada, los llevará a una muy humillante derrota. Arrogancia, autoengaño y corrupción los llevarán inexorablemente a la ruina.

La represión generalizada se parece más a lo que Freud describió como compulsión repetitiva, un proceso inconsciente en el cual la mente de la cúpula del poder actúa sin que se acuerde de lo que ha ocurrido previamente. Las bravuconadas del régimen sobre la exterminación de la oposición no son sólo indecentes, en la medida que supone la muerte de centenares de personas inocentes, sino que son, también, la expresión de un delirio con el que intenta ocultar su impotencia con gruñidos que ya no asustan a nadie.

Los ataques contra la iglesia católica se dan en el contexto de la incansable búsqueda del régimen de sembrar el miedo en la población, debilitar el desarrollo del proceso de implosión sociopolítica y proporcionar una oportunidad para que sus fuerzas paramilitares implementen sus agendas maliciosas.

El régimen ha dejado claro que su violencia sistemática contra la población ya no necesita ocultarse bajo el pretexto de operaciones de seguridad nacional. Ahora constituye un elemento permanente y codificado de un sistema jurídico diseñado para facilitar e implementar la violencia estatal contra ciudadanos desarmados.

¿Ocho años después, la resistencia al régimen ha ganado influencia? Si. Ha logrado frustrar los planes de la dictadura de una sucesión dinástica en frío; es decir, sin resistencia interna e internacional. El régimen padece de fisuras importantes en sus pilares de sostenimiento y se encuentra más aislado a nivel internacional.

Ocho años después, ¿cómo está la situación al interior del país? Diversos síntomas expresan su fragilidad: 1) La base social del régimen ha disminuido. 2) Las fisuras en sus pilares de sostenimiento se ensanchan. 3) El 80% de la población rechaza al régimen, aunque no esté organizada. 4) Cuanto más se prolongue la represión, más evidente se hace su aislamiento internacional y las fracturas al interior de los anillos de poder. 5) La represión a la iglesia católica se ha incrementado, eso no significa reforzamiento del régimen, significa más pérdida de legitimidad. 6) No sólo se ha incrementado la pobreza, sino también la desigualdad social mediante tres acciones principales: mantener el subsidio al gran capital, reducir los salarios reales y los programas sociales (educación, salud, vivienda) para el bienestar de las familias trabajadoras. En conjunto, estos han sido los mecanismos para mantener la redistribución negativa de la riqueza. Es decir, la concentración del ingreso va viento en popa, no hay quien la frene.

La concentración de la riqueza fue posible porque el régimen Ortega-Murillo “modernizó” la cúpula empresarial del país (mandó a retiro a algunos personajes; incorporó a otros que resultaron más que beneficiados con la política económica) por medio de “acuerdos” entre las partes (arreglos en lo oscurito con los poderes fácticos empresariales y financieros, porque gratis no ha sido); se implementó el reparto de zonas económicas de influencia entre los miembros de la cúpula de poder (al estilo de la mafia); y, se favorecieron a través de contratos de obra pública a favor de la chayoburguesía y sus aliados, siempre asociado a proyectos de infraestructuras (carretera, hospitales, estadios), finanzas, electricidad, combustibles, minería y demás, que al final de cuentas resultaron onerosísimas para el país.

Mientras tanto, el régimen sigue haciendo lo mismo una y otra vez esperando un resultado diferente producto de su “locura política”, pero la verdad es que se encuentra derrotado, estratégicamente, por el desarrollo de las cinco crisis

Ocho años después el régimen Ortega-Murillo tiene dos caminos: 1) Seguir combinando la represión para resistir y ganar tiempo político, con la esperanza, muy poco probable, que le permita sortear el desarrollo de la implosión sociopolítica; es decir, hacer más de lo mismo. Es decir, seguir en su “locura política”. 2) Producto de la profundización de la implosión sociopolítica y la presión de los poderes fácticos externos se vean obligado a aceptar un acuerdo político diferente, transparente y efectivo que permite una solución política no traumática para el país a la crisis actual.

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