Nicaragua: los precios de los alimentos
En Nicaragua, el alza de los precios de los alimentos comienza a golpear con fuerza el bolsillo de la población, impulsada por el encarecimiento de combustibles, fertilizantes y costos logísticos en un contexto internacional marcado por tensiones en Medio Oriente. La presión inflacionaria amenaza con profundizar la pobreza y reducir el consumo básico
Óscar René Vargas
En un entorno marcado por afectaciones a las cadenas de suministro globales y presiones externas derivadas del conflicto en Medio Oriente, propiciado por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, la inflación alimentaria se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación para la economía nacional y la población en general.
Los productores del campo lo tienen claro: el encarecimiento de productos básicos como tomate, limón, papa, arroz, maíz, o cebolla será resultado del alza de precios de los combustibles y la logística, así como de los fertilizantes fosfatados y nitrogenados fundamentales para la producción agrícola.
Es decir, las presiones inflacionarias a la producción agrícola, particularmente la de alimentos básicos, afectarán desde las tierras de cultivo hasta la logística. El segundo factor que va a disparar los costos de producción son los agroquímicos, cuyo suministro también va a sufrir los estragos del panorama internacional.
La lógica es simple: si producir cuesta más y mover la mercancía también, el precio final sube. El alza de los combustibles encarece el traslado de los alimentos, y el aumento de los fertilizantes eleva el costo de cultivar, lo que termina por reflejarse en el bolsillo de los consumidores. En la calle y en la casa se repite la misma frase: ”Todo está más caro”, lo que aumenta el impacto negativo en el consumo cotidiano de la población.
La combinación de ambos elementos hace matemáticamente imposible que el precio final se mantenga estable, pues fertilizantes y combustibles al alza sin duda generan una escalada de aumentos Al final de la cadena, el golpe es inevitable. La lógica comercial y de supervivencia del sector impide que productores y vendedores absorban este choque inflacionario. A las presiones por el aumento de precios de combustibles y fertilizantes se suman factores estacionales y especulativos que intensifican el alza en los precios.
Resultado: la gente compra menos y el comerciante vende menos, no gana más y se incrementará la pobreza y la desnutrición crónica que padece la población vulnerable.
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