Oscar René Vargas: Nicaragua 2026: el año que lo define todo
El analista Oscar René Vargas advierte que 2026 será un año decisivo para Nicaragua, marcado por la fragilidad del régimen, sus errores internos y la presión sociopolítica acumulada
Óscar René Vargas
¡Nunca interrumpas a tu enemigo político cuando está cometiendo errores no forzados!
En Nicaragua la lucha sociopolítica es asimétrica, ya que el régimen goza de recursos económicos, materiales, policiales y militares para sostenerse en el poder. La oposición tanto interna como externa no tiene esos recursos; por lo tanto, la estrategia de lucha de la oposición debería centrarse, de manera constante, en incrementar los costos diplomáticos, políticos y económicos del régimen para fisurar y fracturar sus pilares de sostenimiento.
La oposición necesita mantener la lucha sociopolítica asimétrica para derrotar a la dictadura, mientras que Murillo-Ortega necesita una victoria total, destruir a la oposición. La lucha sociopolítica de la oposición debe de trascender a los anillos de poder y debe afectar los intereses de todos los poderes fácticos aliados al régimen para que tomen distancia de la dictadura.
Dado la fragilidad del régimen, lo más probable es que opte por incrementar la escalada represiva antes de asumir su derrota política estratégica. En las condiciones actuales, dado la debilidad de la oposición (sin unidad ni estrategia), el factor externo (presión de los poderes fácticos externos) será importante para el desenlace final. Sin embargo, hay que estar claro que la caída del régimen no será solamente por las presiones externas, también serán determinantes los fracasos, los errores no forzados, las fisuras y fracturas internas acciones que incrementarán su implosión sociopolítica.
La falta de visión estratégica de parte del régimen Murillo-Ortega, tiene que ver con la soberbia de quien está acostumbrado a dictar su voluntad en el país y encuentra grandes dificultades en cambiar de rumbo, no reconoce que se ha producido un punto de inflexión en el escenario geoestratégico latinoamericano, lo que no le permite adaptarse a la nueva realidad. El error del régimen es que continúa comportándose como si su hegemonismo siguiera siendo viable sin aceptar que ha perdido su capacidad política de antaño. Los cotidianos disparates y contradicciones del régimen, tanto en el plano interno como en el internacional, alimentan la posibilidad de una rebelión en su propio círculo de poder.
También tiene que ver con la decadencia de los procedimientos de toma de decisiones en la cúpula del poder y del colapso institucional producto de las purgas internas. Nadie puede decidir gran cosa contra la infalible voluntad desequilibrada de la dictadora, cuya principal virtud es concentrar todos los rasgos del típico mafioso y fanfarronear.
La decadencia institucional puede verse también en la incapacidad de los miembros de los anillos de poder para detener la loca carrera represiva y señalar el peligro de un estancamiento económico prolongado que contiene la actual política económica neoliberal. Mientras la dictadura no se vaya del poder, el peligro de un cisne negro está en la palestra. Vemos que la crisis sociopolítica está demostrando urbi et orbe que el régimen y sus compinches son uno de los principales factores de caos de la sociedad nicaragüense. Y lo más inquietante es que los poderes fácticos internos han comenzado a acostumbrarse, como si la barbarie pudiera volverse paisaje normal.
En el régimen no hay estrategia de futuro, sino más bien un cuadro de decadencia tardía a cargo de toda una serie de parásitos políticos desprestigiados, corruptos e incompetentes, obsesionados con la “imagen” y la “comunicación”, y rodeados de un complejo de un ambiente pseudo académico estructuralmente corrupto y servil. Murillo ha cometido cualquier cantidad de barbaridades en contra de los profesionales (médicos, abogados, educadores, etcétera), y, a pesar del creciente costo, no se han doblegado resistiendo en silencio. Mientras se permanezca en pie de lucha estamos derrotando a la dictadura que ha sido incapaz de restablecer el equilibrio sociopolítico previo a abril del 2018.
En la estrategia de la lucha política asimétrica la oposición tiene que promover una nueva alianza política estratégica de defensa mutua entre sectores del ejército, de la oposición externa e interna (liberales, conservadores, sandinista no orteguistas), movimientos y plataformas sociales y políticas (estudiantes, mujeres, campesinos), funcionarios no corruptos, profesionales etcétera); para desescalar la represión y seguir fracturando sus pilares de sostenimiento y asegurar una transición no violenta.
La oposición necesita mantener vigente la lucha política asimétrica para derrotar a la dictadura, mientras que Murillo-Ortega necesita resolver las cinco crisis en desarrollo (económica, social, política, religiosa e internacional) para asegurar la sucesión dinástica. Mientras persista la resistencia a Murillo y a la banda de los cinco, el régimen no podrá cantar victoria.
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