El régimen no es una roca monolítica
El sociólogo Óscar René Vargas sostiene que el régimen Ortega-Murillo atraviesa fisuras internas en medio de un escenario marcado por pobreza estructural, dependencia de remesas, estancamiento de la inversión y aumento de las ganancias bancarias
Óscar René Vargas
El Instituto Nacional de Información de Desarrollo de Nicaragua (INIDE) reportó que en el 2025 el subempleo (no tienen trabajo formal) a nivel nacional alcanzó la cifra de 39.7% de la población económicamente activa (PEA). Al mismo tiempo, indicó que la participación de los trabajadores no remunerados se ubicó en el 12.1% de la PEA. Finalmente, señaló que el 2.4% estaban en la categoría de desocupados. Por lo tanto, el 54.3% de la PEA no tienen trabajo formal remunerado y no tienen la capacidad de comprar una canasta básica, viven en pobreza.
De acuerdo al Presupuesto General de la República de 2026 indica que el sueldo promedio mensual de los maestros es de C$10,821 córdobas y el costo de la canasta básica era en diciembre de 2025 de C$20,821 córdobas. Es decir, solamente pueden comprar la mitad de una canasta básica, viven en pobreza laboral.
En Nicaragua los banqueros acumularon US$ 922.39 millones de dólares entre 2018 al 2024, mientras 3.5 millones de nicaragüenses viven en condiciones de pobreza (el 54.3% de acuerdo a las cifras oficiales de INIDE). Y otros 1.5 millones viven de forma miserable y pasan hambre (de acuerdo a las cifras de la FAO), sin ninguna perspectiva de vida que vaya más allá de la supervivencia inmediata.
En el último año (2025), los bancos privados que operan en Nicaragua incrementaron sus ganancias en relación al 2024 al pasar de US$ 172.83 millones de dólares a US$ 216.70 millones de dólares en el 2025, producto de las comisiones bancarias y tarifas que cobran al público. Solo para dimensionar: las comisiones y tarifas cobradas al público resultan el equivalente a 90% de las ganancias obtenidas por el sector bancario en todo 2025.
Las comisiones bancarias son los cargos que las instituciones financieras cobran directamente al público por la prestación de servicios como manejo de cuentas, uso de tarjetas de crédito, transferencias, retiros de efectivo o pago tardío de créditos.
A diferencia de los intereses, que dependen del nivel de las tasas, las comisiones representan ingresos recurrentes, inmediatos y de bajo riesgo para la banca, pues se cobran independientemente del desempeño de cada cliente. Las comisiones no son la única fuente de ingresos para los bancos, también se encuentran los intereses provenientes de los créditos o de las inversiones que realizan en bonos gubernamentales y a eso se le deben de restar los impuestos.
Mientras tanto, Murillo y sus aliados implementan una política de desprecio entero a la condición del otro como ser humano, de anulación de su dignidad y de rechazo a los derechos humanos. La mejor muestra de ello es la situación en Nicaragua, donde hemos observado hasta dónde puede llegar la deshumanización, al grado de que, sin tapujos, se reprime a religiosos, adultos mayores, campesinos, adolescentes, estudiantes, mujeres y población en general.
Lo que sí podemos visualizar es que el orteguismo no es una roca monolítica como aparentaba ser, antes de 2018, pues en su interior se cruzan distintas posiciones, algo que conviene tener muy en cuenta. Por otro lado, Nicaragua es y será parte del hemisferio occidental y Murillo se verá obligada a aceptar la hegemonía militar, política y económica de los Estados Unidos en la región centroamericana.
Las remesas en el 2025 alcanzaron el monto de US$6,199 millones de dólares, lo que representa el 30% del PIB nacional, convirtiéndose en el principal motor del consumo. El crecimiento sostenido ha convertido a las remesas en un componente estructural de la economía nacional, ayudando a la estabilidad de la balanza de pagos. Sin embargo, los datos de la FAO nos indica que el 30% de los nicaragüenses viven en condiciones de pobreza alimentaria.
Es decir, 3 de cada 10 nicaragüenses diariamente se saltan el desayuno, el almuerzo o la cena por falta de dinero. Regularmente la gente no tiene para comer y, por lo tanto, se están dando las condiciones para un aumento de la criminalidad.
Para un nicaragüense que vive en Estados Unidos, enviar dólares cada mes a sus familiares no es misión sencilla: debe trabajar de lunes a sábado, en jornadas que superan 12 horas diarias; compartir habitación con otras personas y evitar, a toda costa, enfermarse, por los altos costos de los servicios de salud. Enviar una cantidad de dólares, con el miedo de ser deportado en cualquier momento, se volvió misión complicada.
Los indicadores claves de la demanda doméstica en Nicaragua, el consumo privado y la inversión fija de los capitales privados, mostraron un comportamiento desigual entre el 2018 al 2025. Por otro lado, el crecimiento del consumo, gracias a las remesas, sostiene más del 30% de la economía. No hay que olvidar que las remesas pagan impuestos, ya que el dinero que reciben las familias y ellos con esos recursos compran cosas, pagan el IVA.
Por otro lado, la inversión fija bruta, que representa el valor de los bienes duraderos adquiridos por las unidades económicas con el fin de utilizarlos durante sus procesos de producción, se mantiene estancado durante los últimos 8 años de manera consecutiva en relación a las necesidades de crecimiento del país. La inversión fija bruta, que también determina el crecimiento económico en el largo plazo, fue apoyada por gastos en construcción. La adquisición de bienes productivos (maquinarias y equipos) importados no avanzó a un ritmo que permitiera un crecimiento de la formación bruta de capital fijo.
El orteguismo-murillismo no sólo sepultó lo progresivo de la revolución social de 1979 sino que liquidó la democracia iniciada en 1990. El régimen ha fagocitado su propia consigna “los pobres primeros”, y la población, más que nunca, está convencida de ello. La salud, la educación, la lucha contra la pobreza, las condiciones de vida se han resquebrajado. La población ha perdido la esperanza de mejorar. Es decir, la incertidumbre se ha convertido en un sentimiento agobiante para la gran mayoría de los nicaragüenses.
La permanencia del régimen Ortega-Murillo expresa de manera nítida la derrota histórica del proyecto social de 1979. Esa es una realidad concreta que hay que tener presente para reformular la política desde los sectores democráticos, populares y progresistas. La verdad sea dicha, aunque nos duela, no hay posibilidades en este momento de políticas unitarias, que evidencien unidad nacional.
En consecuencia, la lucha por democratizar la vida social y política del país debe ser la prioridad en la agenda nacional, lo cual pasa por la reinstitucionalización de los poderes públicos y la apertura para atender las urgentes demandas sociales. Este es el único camino posible para abrir cauces a la conciencia y lucha sociopolítica. Sin la democratización de la sociedad nicaragüense será imposible recuperar la República.
Las experiencias políticas anteriores nos enseñan que el dictador auspicia la conformación de partidos políticos complacientes, que por su naturaleza de aceptación de la condición de “zancudo” están dispuestos a servir a los intereses del régimen y a quienes los consideran los interlocutores políticos válidos; hoy, una parte importante de la clase política manipulable y los parásitos políticos, que está en el parlamento, y sectores de la oposición funcional al “status quo”, pugnan por cumplir ese rol de “tontos útiles”.
En consecuencia, el desafío es edificar partidos políticos democráticos que realmente cumplan el rol de intermediación que permita de manera constructiva recuperar la República. Esto implica construir espacios de convergencia en la diferencia, organizar instrumentos políticos plurales, como la única forma de evitar que la democratización se oriente al auge de partidos que promuevan la situación actual.
No es fácil, porque venimos de décadas de polarización, de desencuentro, de abandono de la política como el arte de hacer posible lo imposible en favor de las mayorías. Para los políticos no orteguista ni murillista (ya sean de derecha, progresistas e izquierda) implica superar el sectarismo y las poses de radicalidad sin capacidad de vincularse al movimiento popular, reivindicar, también, las demandas más sentidas de la población, preservar el derecho a existir como opción de poder, de los sectores populares. El liderazgo opositor tiene que partir del convencimiento que el régimen no es una roca monolítica para actuar estratégicamente fisurando los pilares de sostenimiento de la dictadura para derrotarla.
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