Óscar René Vargas: El Parásito político
En su artículo de opinión, Óscar René Vargas disecciona la figura del “parásito político” en Nicaragua: actores que se incrustan en el Estado, renuncian a principios y viven de la institucionalidad mientras debilitan la ética pública y degradan la vida democrática
Óscar René Vargas
El parásito, en la relación biológica alude a un organismo que vive a expensas de otro, debilitándolo sin llegar a matarlo inmediatamente. En política equivale a cierta patología de la mediocridad de quien renuncia a los ideales, principios y ética y se mete en el cuerpo social para vivir de él, lo que revela degradación tanto individual como colectiva. En Nicaragua, existe muchos parásitos políticos (Wilfredo Navarro, Enrique Quiñonez, José Antonio Alvarado, Byron Jeréz, Absalón Pastora, Adolfo Pastrana y muchos otros).
El parásito político exitoso desarrolla adaptaciones específicas, se mimetiza, pasa de un partido a otro con facilidad, evita la detección, se proclama “líder”, compra conciencias y vende desgracias, neutraliza las defensas del colectivo social, optimiza su extracción de recursos y asegura su propagación.
El parásito político existe porque la sociedad y/o la clase política tradicional lo sostiene, puede ser un actor visiblemente corrupto o el que institucionaliza su dependencia del Estado o del tejido social, se mete en las estructuras burocráticas, partidarias, de grupos o movimientos sociopolíticos, se incrusta, neutraliza los mecanismos de control (justicia, prensa libre, rendición de cuentas) mediante el clientelismo, la cooptación o la desinformación, y extrae recursos mediante prebendas, contratos opacos, transferencia de riqueza o robo directo.
El objetivo del parásito político no es la salud del país nación ni de su departamento o municipio, ni de su institución, sino perpetuar su ciclo de vida política, reelegirse indefinidamente o hacer rotación en cargos sin mérito y se esfuerza por eliminar desde adentro el objetivo original de una institución que es servir, para suplantarlo por el objetivo de perpetuar a su propia clientela, burocracia y a sus leales integrantes.
El parásito político suele ser un hombre mediocre sin muchas luces que carece de ideales originales, no defiende nada (salvo lo suyo), es traidor, oportunista, adopta lo que se impone en el entorno (rutinas, prejuicios, modas, dogmas). Es en esencia un parásito de las ideas ajenas y de la energía social. Su virtud máxima es la astucia para navegar en todas las aguas y aprovecharse del “statu quo”. Es decir, subsiste de frases hechas, eslóganes, fotos con sonrisas diseñadas y promesas vacías, pero carece de un proyecto político en beneficio de la sociedad.
El parásito político aprende a adoptar los rituales y discursos de la política del régimen de turno como su juego de poder y repite incansable un mismo libreto sin otro argumento que estar en contra de algo o de alguien por que sí y acuña y publicita injurias, insultos, calumnias, vulgarizaciones. Su ideal prestado es la retórica patriótica o partidaria, defender la patria, la seguridad o el orden, que utiliza como una cortina de humo para enmascarar su verdadero fin que es la extracción de recursos del Estado en su propio beneficio.
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