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La Arrogancia de la Indolencia: Los Desafectos de Venezuela

El nicaragüense Marco Aurelio Peña, analiza la reacción de sectores soberanistas e idealistas ante la captura de Nicolás Maduro y el optimismo del pueblo venezolano, cuestionando la arrogancia política y moral de quienes condenan desde la comodidad del exilio y las democracias consolidadas

Enero 07, 2026 01:19 PM
La Arrogancia de la Indolencia: Los Desafectos de Venezuela
La Arrogancia de la Indolencia: Los Desafectos de Venezuela
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Marco Aurelio Peña

"Águila, existe el Cóndor. Es tu hermano en las grandes alturas.
Los Andes le conocen y saben que, cual tú, mira al Sol."

Fragmento de "Salutación al Águila" de Rubén Darío

Este escrito no es otra cosa que un escrito de empatía y solidaridad con el optimismo de los venezolanos. Es humanismo beligerante. Soy nicaragüense y pertenezco a la generación de los Rebeldes de Abril (2018). Un día salí de mi país sin saber cuándo regresaré. Entre nicaragüenses y venezolanos nos vincula hondamente un ideal de libertad propio de nuestra condición humana, ya que nuestros países están secuestrados por regímenes totalitarios (el sandinista y el chavista). Cada cual ha hecho suya la causa del otro. Esto no lo hemos leído; lo hemos vivido. No hemos caminado entre los pétalos de la teoría, sino entre las espinas de la realidad.

El 2026 nos sorprendió con la captura del dictador Nicolás Maduro mediante una operación militar externa y su remisión a las autoridades judiciales estadounidenses. El capo del chavismo, esposado y procesado, ahora siente en carne propia el encierro que tantos venezolanos de bien han sufrido por razones políticas en El Helicoide. Los venezolanos en su país celebran en silencio, aplauden sin ruido y sueñan sin manifestarlo. Para los 8 millones de desplazados, hubo un estallido de júbilo que los hace soñar otra vez e hidratarse de esperanza. Es como si se contemplara un sol de medianoche.

En este festejo ecuménico -sin que falten opinólogos irrelevantes- aparecieron las guerrillas de idealistas, soberanistas y principistas personificando la arrogancia de la indolencia. Como teólogos medievales en pleno siglo XXI, decretan sus dogmas ideológicos con tono lúgubre, pretendiendo dar cátedra de derecho internacional al venezolano que sabe de legalidad y de resistencias. Desde la altura de su arrogancia, buscan confiscar el momento alegre y dictar lo que la gente debe sentir, pensar, decir.

Desde Caracas hasta San José, desde Miami hasta Madrid, el sentimiento fecundo es uno. El vendedor de arepas en Chile y el académico exiliado en Alemania se llenan de júbilo con los mismos memes/reels de redes sociales, mientras se preguntan qué pasará el día de mañana y se comunican los unos con los otros para monitorear qué ocurre. Por otra parte, los analistas e intelectuales turbios, con su futurología de baja precisión, animan condenas digitales, pintan escenarios tenebrosos y articulan teorías novelescas, todo lo cual encubre su ya sabida neurosis contra EE.UU.

Recordando las plañideras de Fidel Castro, el patriarca de los liberticidas tropicales, los desafectos reproducen expresiones tales como: "el secuestro de Nicolás Maduro", demostrando una vez más que son maestros en torcer el lenguaje y en transmutar el significado de las palabras. Ya no se trata de un gobernante, sino de un delincuente vinculado a la narcoactividad. ¿Cuál era la alternativa según estos soberanistas y principistas? ¿Quiénes implementarían y cómo se daría una alternativa ideal, correcta y sin uso de la fuerza? ¿Pudo el derecho internacional contener a Hitler y a Stalin? ¿Respetó el chavismo los derechos humanos del disidente Óscar Pérez? ¿Es un régimen que hace caso a los juristas y se sujeta al sistema interamericano de DD.HH?

Mientras el dictador bailaba, cantaba y desafiaba públicamente a una potencia global, una maestra jubilada recibe una pensión de 2 dólares. Por cuenta la "alternativa ideal" es quedarse de brazos cruzados y esperar condiciones utópicas hasta que Venezuela sea de los países más pobres y subyugados del mundo. Gente que no vive en Venezuela, desde la comodidad de su laptop/celular o plantándose en las afueras de una embajada, dispara consignas izquierdistas y soberanistas, porque la democracia en su país le asegura que su humanidad no será violentada, su partido no será ilegalizado, su universidad no será confiscada y su ONG no será cerrada.

Hablemos de soberanía y autodeterminación. Política y jurídicamente la soberanía reside en el pueblo. El ciudadano es el soberano y su participación en la toma de decisiones colectivas le da movimiento al principio de autodeterminación. El filósofo Juan Jacobo Rousseau escribió célebremente que la soberanía es "el ejercicio de la voluntad general". Ese ejercicio de voluntad general y de autodeterminación fue atropellado con el desconocimiento del voto soberano y los resultados de las elecciones generales de 2024. Nicolás Maduro, dominando el aparato estatal, se autoproclamó ganador con el argumento de la fuerza.

Para el chavismo, el poder es fuente de derecho y éste es un instrumento que legaliza la perpetuación del régimen mismo. El Estado, como macroestructura de poder, ha estado secuestrado por una corporación delictiva altamente organizada que ha arruinado económica, moral, social y políticamente esa hermosa nación suramericana. Los soberanistas, principistas e idealistas han normalizado la cotidianeidad de la opresión. Se trata de una nación con una soberanía y una autodeterminación violadas de manera reincidente por el estamento político, burocrático y militar, ante la indefensión de la población civil, la complicidad de actores extrarregionales y la pasividad de la comunidad internacional.

Los desafectos se aferran a que la complejidad de las cosas encajen en sus moldes mentales; les altera la presión sanguínea el optimismo del venezolano a raíz de la estrategia de la Administración Trump (el chavismo rechazó en el pasado la mediación ofrecida por los presidentes Lula Da Silva y Gustavo Petro); cruje de dientes que EE.UU haya aplicado la fuerza contra una dictadura que, a punto de cumplir 3 décadas, se sustenta a base de la fuerza. No dicen ni una palabra sobre el intervencionismo cubano y la guardia de la isla caribeña que custodiaba al "dictador bailarín" en territorio venezolano.

El realismo político indica que existe una geopolítica de valores e intereses en juego en la región. Rusos, chinos e iraníes no buscan socializar con maracuchos y guaros por ser chéveres. El oro negro es un recurso estratégico. Atendiendo la estrategia de combate a la narcoactividad de EE.UU, la seguridad hemisférica y la estabilidad democrática, comparto la convicción que los venezolanos deben asumir el liderazgo de su propio destino con la legitimidad de las elecciones generales de 2024, en una eventual transición democrática que no se sabe cómo podrá concretarse, ya que el chavismo sigue teniendo los controles de mando.

En lo que nos ocupa, la observación siempre será más sabia que la futurología y el optimismo prudente es preferible a la arrogancia de la indolencia.

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