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¿Por que cambiamos las organizaciones mas no las practicas y cual es el papel de los jovenes?

El relevo generacional en Nicaragua enfrenta un dilema de fondo: se cambian organizaciones y rostros, pero se mantienen intactas las prácticas políticas que han sostenido el caudillismo por décadas. Desde la juventud surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿es posible una verdadera transición democrática sin cambiar el sistema que concentra el poder y silencia el debate estructural?

Diciembre 26, 2025 02:34 PM
¿Por que cambiamos las organizaciones mas no las practicas y cual es el papel de los jovenes?
¿Por que cambiamos las organizaciones mas no las practicas y cual es el papel de los jovenes?
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Cristian Méndez

El caudillismo ha sido una constante en la historia política de Nicaragua, no es un accidente ni una anomalía reciente, es una forma de ejercer el poder que se a reproducido por distintos nombre, colores e ideologías. Hoy se expresa de manera brutal en la dictadura Ortega Murillo, pero decir que el problema es únicamente de los dictadores seria un error. El caudillismo no sobrevive solo por quien gobierna, sino por un sistema político que concentra el poder y promueve este tipo de acciones, lo personalizamos y lo volvemos casi imposible de controlar.
 
En problema que rara vez se discute con honestidad es que el caudillismo no solo esta presente en el régimen, sino que también esta contaminado en sectores de la oposición, se siguen buscando “lideres”, figuras únicas que encarnen la esperanza de un cambio, mientras se relegan los debates de fondo sobre como evitar que el poder vuelva a concentrarse en una sola persona. Este patrón es dañino para las nuevas generaciones. A los jovenes se nos insta a apoyar, a movilizarnos, a legitimar discursos, pero no a cuestionar y cuando proponemos cambios estructurales la respuesta suele ser la misma, “no es el momento”, “eso no funciona aquí”, “primero saquemos a la dictadura”, etc. y así siempre el debate sobre el futuro político de Nicaragua  siempre se posterga.
 
Desde un grupo de jovenes que venimos reflexionando sobre el futuro político del país, hemos llegado a una conclusión clara, si Nicaragua no cambia su sistema político, estaremos repitiendo una y otra vez la mala cultura política, incluso después de una posible transición, los actores políticos debemos proponernos abrir un debate serio sobre la adopción de un sistema político distinto.
 
El parlamentarismo no es una formula mágica ni una solución inmediata a todos los problemas del país, sin embargo ofrece algo que Nicaragua ha necesitado históricamente, distribuir el poder, fortalecer las instituciones y reducir la dependencia de liderazgos personalistas. En un sistema parlamentario el gobierno depende de mayorías políticas y no de una figura “todopoderosa”, para una sociedad marcada por el autoritarismo, este tipo de diseño institucional puede ser una solución contra la concentración del poder y una herramienta para fomentar una cultura política mas colectiva y menos caudillista.

 
Proponer un cambio de esta magnitud desde la juventud no es fácil, enfrentamos la desconfianza de políticos que por sus intereses no harían un reenfoque de lo que estamos haciendo, la estigmatizaron de la juventud porque “no fuimos parte de la revolución” o “porque no sabemos nada de política”, nos juega en contra, ademas de la resistencia de la estructura política que se  ha instaurado por décadas y se siente esa comodidad con el modelo actual, incluso cuando la critican. Ademas existe una expectativa contradictoria sobre los jovenes, se espera que seamos el relevo generacional, pero no se nos permite cuestionar, y cuando lo hacemos, se nos acusa de soñadores o de ignorantes, sin embargo, insistir en las mismas formulas que ya han fracasado no es resistencia, es terquedad.
 
No proponemos el sistema político parlamentario como una imposición, lo proponemos como un punto de partida para discutir otras opciones y así evitar que Nicaragua siga atrapada en los mismos ciclos del caudillismo. Estamos conscientes que hay que documentarse y estudiar fervientemente este tema, porque la democracia no tiene un molde, sino, una serie de herramientas que puedan ayudar a la reconstrucción de la democracia, este debate no puede esperar a después, debe formar parte del proceso de reconstrucción política desde ahora.
 
La juventud tiene un responsabilidad en este momento histórico: no repetir los mismos patrones del pasado y no conformarse con cambios superficiales, cambiar la imagen sin cambiar el sistema es una receta conocida, los ciclos de las organizaciones han pasado por muchos rebranding, es momento de actuar de verdad, y Nicaragua ya ha pagado demasiado caro.
 
Si queremos un país distinto debemos atrevernos a imaginarlo de otra manera, fuera de la caja y eso empieza por cuestionar el modelo que nos trajo hasta aquí, Esta problemática puede extenderse hasta un sigo, pero si todos ponemos de nuestra parte se puede llegar a reducir a la mita, e incluso si todos cooperamos a una cuarta parte. Todo depende de nosotros, no de la cooperación internacional, no de Estados Unidos, ni de gobiernos que respaldan  narcodictaduras como la de Venezuela, ni de los que evitan y niegan hablar del premio Nobel de Maria Corina Machado.
 
No nos debemos a nuestros grupos de oposición, nos debemos al nicaragüense de a pie que lucha por sobrevivir en Nicaragua.

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