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Lo que Daniel Ortega aprendió de Anastasio Somoza García.

La historia política de Nicaragua vuelve a mirarse en el espejo del pasado: las prácticas de poder de Daniel Ortega replican los métodos de Anastasio Somoza García, desde el control institucional y los pactos con el gran capital hasta la construcción de una oposición comparsa que sostiene un proyecto autoritario de largo aliento

Noviembre 25, 2025 03:10 PM
Lo que Daniel Ortega aprendió de Anastasio Somoza García.
Lo que Daniel Ortega aprendió de Anastasio Somoza García.
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Óscar René Vargas

“Qué es, de hecho, un gran acontecimiento (histórico)? No es el que hace más ruido cuando ocurre … sino el que acarrea las mayores consecuencias, en número y en importancia. Las consecuencias no se producen de inmediato, las consecuencias son hijas del tiempo”. Fernando Braudel.

El golpe de estado de Anastasio Somoza García (1936)

En mayo de 1936, Anastasio Somoza García propinó un golpe de Estado al presidente Juan Bautista Sacasa y colocó en el poder a un presidente “fantoche”. Luego, ese mismo año, se presentó a elecciones, a pesar de que estaba legalmente inhabilitado para ser candidato a la Presidencia, ya que la Constitución Política de esa época establecía que los militares en servicio activo no podían ser candidatos, y Somoza García era el jefe de la Guardia Nacional, con rango de general.

Comienzos del “zancudismo” político

El partido conservador histórico no participó en las elecciones. Tanto la tendencia de Emiliano Chamorro como la de Carlos Cuadra Pasos se abstuvieron. Como consecuencia, el Partido Conservador perdió su personería jurídica. Para remplazarlo, Anastasio Somoza García creó un nuevo Partido Conservador y lo hizo tomar parte en el proceso electoral.
Es a partir de ese momento, que Anastasio Somoza García inicia el modelo político del “zancudismo” o la oposición comparsa: como pago por su participación en la elección, Somoza García le otorga al partido “zancudo” la misma proporción de diputados y senadores que había obtenido el partido Conservador –ahora ilegal-- en las elecciones de 1932.
En diciembre de 1936, en alianza con el Ejército de entonces, y con el país bajo Estado de Sitio, Somoza García ganó las elecciones. A partir de enero de 1937, controlaba además el Ejército, el Congreso, el poder judicial y el poder electoral.

“Príncipe de la Iglesia” y aliado del “gran capital”

Al asumir la presidencia, en enero de 1937, lo primero que hizo fue darle una serie de concesiones al “gran capital” de la época, en concepto de exoneraciones y otras prebendas para recompensar su complicidad y su ‘neutralidad’.
Mientras tanto, recibió el beneplácito del jefe de la iglesia católica de la época, el Arzobispo de Managua José Antonio Lezcano y Ortega (1865-1952). No hay que olvidar que Anastasio Somoza García fue declarado, a su muerte (1956), “Príncipe de la Iglesia” por el entonces Arzobispo de Managua Alejandro González y Robleto (1884-1968).

El pacto de 1938 con una facción del Partido Conservador

En septiembre 1938, Anastasio Somoza García legalizó al Partido Conservador (tendencia de Cuadra Pasos, contraria a la tendencia de Emiliano Chamorro, quien se encontraba en el exilio), y acordó con este disolver el Congreso electo en las elecciones de 1936 y convocar a una Asamblea Constituyente que sería electa y tomaría posesión a finales de 1938.

El pacto culminó en abril de 1939 con una nueva Constitución Política en la cual se establecía un artículo transitorio por medio del cual se prolongaba el período presidencial de Somoza García por 10 años sin necesidad de ir a elecciones. Por tanto, Somoza García quedaba designado Presidente hasta 1948, sin que mediara ningún proceso eleccionario. Con ese pacto estuvo de acuerdo el “gran capital” de la época y se establecieron relaciones “fraternas” con Estados Unidos.

La nueva constitución oficializaba así el “zancudismo político” y lo integraba a la cultura política del país, al institucionalizar una cuota de poder para el partido que participa en las elecciones, aunque fueran amañadas o fraudulentas.

“Nuestro hijo de puta”

Como consecuencia del pacto Anastasio Somoza García–Carlos Cuadra Pasos del año 1938 y que entró en vigencia en abril de 1939, el gobierno estadounidense lo invitó a hacer una visita oficial a los Estados Unidos en mayo de 1939. Fue recibido con todos los honores de su cargo, ya que como dijo el Presidente Franklin D. Roosevelt: “Somoza puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Un nuevo pacto zancudo, y la transición dinástica

Anastasio Somoza García logró permanecer en el poder durante diez años, y luego, entre 1948-1950, siguió controlándolo a través de presidentes fantoches. Con el acuerdo de la oposición formal, el Partido Conservador, y con el beneplácito de los poderes fácticos se firmó al final de ese intervalo el pacto Anastasio Somoza García–Emiliano Chamorro (1950) que le permitió a Somoza García ser electo, una vez más, para el período 1950-1957.

Es precisamente en ese período que logró consolidar su dictadura y preparar la sucesión dinástica familiar, nombrando a un hijo Presidente del Congreso (Luis Somoza Debayle) y al otro Jefe del Ejército (Anastasio Somoza Debayle).

Trasfondo económico y político de la consolidación de la dictadura somocista

La consolidación de la dictadura somocista, entre 1950 y 1967, se produjo en el marco de un crecimiento económico importante, basado en el auge del mercado algodonero, el incremento del precio del café, el apogeo del Mercado Común Centroamericano, y el aumento de las exportaciones de carne y azúcar.

Arrastrada por esos motores, la economía tuvo un crecimiento sostenido, mientras el régimen somocista implementaba una política de “populismo responsable” en alianza con los poderes fácticos internos. Es decir, el régimen gozó del apoyo del gran capital, del beneplácito de la iglesia, de la complicidad de los políticos zancudos y del visto bueno de los Estados Unidos.

De aquellos polvos vienen estos lodos: la dictadura Ortega-Murillo

Entre 2007 y 2011, la prioridad del régimen Ortega-Murillo no fue resolver los graves problemas del país, sino mantenerse en el poder a través de alianzas coyunturales con los políticos tradicionales como Eduardo Montealegre, Arnoldo Alemán y el cardenal Miguel Obando y Bravo, para repartirse cuotas de poder en los diferentes órganos del Estado (poder electoral, judicial y legislativo).

Al mismo tiempo, se fue estableciendo un pacto con el Gran Capital a través de concesiones económicas y financieras: aceptando el pago de los bonos Cenis del “rescate” de las quiebras fraudulentas de los bancos en beneficio de los banqueros y de la “nueva clase”, y seguir aceptando que las grandes empresas y los bancos no paguen los impuestos correspondientes o que paguen lo mínimo.

Entre 2007 y 2011, la claudicación ético-política de la clase dominante tradicional abonó el camino para que, a través del “capitalismo de amiguetes”, Ortega lograra iniciar la construcción de la dictadura. El “capitalismo de amiguetes” produjo la fusión de poder político y económico en manos de la “nueva clase” orteguista.

El “capitalismo de amiguetes” significó para la nueva clase orteguista un proceso de acumulación originaria de capital, acelerado por desposesión y el usufructo de la identidad del Estado y capitalismo patrimonial.

Una piedra en el camino de la dictadura Ortega-Murillo: la rebelión de abril de 2018.

La estrategia de Ortega-Murillo ha sido tratar de replicar la manera como la dictadura somocista se consolidó. Al inicio de su mandato, con el nombramiento de Murillo como vicepresidenta pensaba asegurar la sucesión dinástica y esperaba que con el beneplácito de los principales poderes fácticos externos e internos y con el dinero venezolano, más el canal interoceánico, la refinería y los otros megaproyectos, se produciría un crecimiento similar al de los años de 1950 a 1967.

Sin embargo, todos esos proyectos se hicieron humo.
Al fallarle todos los megaproyectos, y estallar luego la rebelión de abril 2018 y surgir las cinco crisis (económica, social, política, religiosa e internacional) producto de la represión indiscriminada, la dictadura Ortega-Murillo no ha tenido otra alternativa que utilizar la represión generalizada para permanecer en el poder.

En la espera de ese mejor “mañana” la dictadura se sigue sosteniendo gracias a:

  1. los préstamos de los organismos financieros internacionales;

  2. la complicidad del gran capital;

  3. el apoyo del ejército, la policía y los paramilitares;

  4. el silencio de los poderes fácticos externos;

  5. la falta de unidad de la oposición verdadera, lo que permite que la oposición comparsa siga siendo útil al régimen.

El escenario más probable es que continúe el dúo Ortega-Murillo, y que algunos de sus hijos sean candidatos a diputados para apuntalar la dinastía. Esa es la estrategia de Ortega-Murillo.

Oscar René Vargas (1946).
Sociólogo, economista y analista político nicaragüense. Ex preso político, desterrado y despojado de su nacionalidad. Autor y coautor de 60 libros.

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