Infórmate con la verdad en todo momento y en cualquier lugar.

Acepta nuestras notificaciones y dale “suscribirme” al 100% de las NOTICIAS.

Excarcelados sin patria: la promesa pendiente de España

Los nicaragüenses desterrados que llegaron a España tras perder su nacionalidad siguen atrapados en un limbo legal. Sobrevivieron a la represión, pero aún esperan que la democracia española cumpla su promesa de amparo y reconocimiento

Noviembre 07, 2025 11:59 AM
Excarcelados sin patria: la promesa pendiente de España
Excarcelados sin patria: la promesa pendiente de España
Icono de Autor
Edder Muñoz, excarcelado político

Fuimos encarcelados por pensar distinto, por negarnos a guardar silencio ante la injusticia y el miedo. Sobrevivimos a la represión, al encierro y al intento de borrar nuestras voces. Somos parte del grupo de nicaragüenses desterrados y despojados de su nacionalidad por el régimen dictatorial, que emprendimos un viaje hacia España buscando no privilegios, sino la posibilidad de empezar de nuevo.

España representaba una esperanza concreta: la posibilidad de reconstruir una vida bajo el amparo de una democracia. Veníamos marcados por el dolor, pero también impulsados por la fe en los valores universales de libertad y dignidad humana. Soñábamos con volver a sentir que pertenecíamos a un país que nos reconociera como personas, no como enemigos.

La ilusión inicial y la lenta desilusión

No hubo un recibimiento solidario ni un proceso claro que nos orientara. Desde el primer día, la realidad nos golpeó con la incertidumbre. Sí, respiramos la libertad —esa libertad tan anhelada por años—, pero pronto comprendimos que la libertad sin estabilidad es apenas una mitad del camino.

Con el paso de los meses, la ilusión se fue diluyendo entre trámites inconclusos, promesas sin respuesta y un silencio institucional que pesa tanto como el exilio mismo. Vivir en un país democrático no siempre significa sentirse amparado por él. A veces la burocracia puede ser otra forma de olvido.

Muchos de nosotros nos encontramos atrapados en un limbo: sin nacionalidad, sin residencia estable, sin un horizonte cierto. Tratamos de rehacer nuestras vidas, de trabajar, de integrarnos, pero las barreras legales y la falta de claridad nos lo impiden una y otra vez. No es falta de voluntad, sino de reconocimiento.

La herida invisible del destierro

Ser despojado de la nacionalidad es una forma de muerte civil. No se trata solo de perder un documento; se pierde una raíz, un punto de referencia, una historia común. Es como caminar con el alma entre dos mundos, sin poder afirmar: “Aquí pertenezco.”

Esa herida invisible se agrava cuando el tiempo pasa y las soluciones no llegan. Algunos hemos visto cómo la esperanza se transforma en ansiedad; otros, en resignación. Pero ninguno ha dejado de resistir. No hemos sobrevivido a las cárceles y al exilio para rendirnos ante la indiferencia.

Vivimos con la mirada puesta en el futuro, queriendo aportar, trabajar, rehacer familias, estudiar, servir a la sociedad que nos acoge. Pero sin una identidad jurídica, todo intento se vuelve cuesta arriba. A veces sentimos que se nos exige ser agradecidos por una libertad que, en los hechos, sigue incompleta.

Entre la gratitud y la demanda de justicia

Estamos profundamente agradecidos por estar a salvo, por no vivir más bajo el terror ni la persecución. Pero la gratitud no puede sustituir la justicia. España asumió un compromiso moral con quienes fuimos despojados de la patria, un compromiso que no debe quedar reducido a gestos simbólicos o discursos de ocasión.

No pedimos favores. Pedimos coherencia. Coherencia con los principios democráticos que este país defiende ante el mundo. Pedimos que la promesa de acogida se cumpla con hechos, que la libertad que ahora respiramos se consolide en un marco legal que nos devuelva el derecho básico a tener una identidad.

Queremos ser parte activa de la sociedad, contribuir, devolver con trabajo y compromiso la oportunidad que se nos ofreció. Pero no se puede construir un futuro sobre la inestabilidad. No se puede sanar del exilio mientras se sigue viviendo como un invitado temporal.

Una promesa que aún espera cumplirse

La desnacionalización fue un acto de crueldad política; negarnos el derecho a existir como ciudadanos fue la manera más brutal de intentar silenciarnos. Sin embargo, seguimos en pie. La dignidad no se nos puede quitar por decreto.

España tiene ahora la oportunidad de cerrar este círculo de injusticia, de transformar una historia de desarraigo en una historia de reparación y coherencia. Lo que está en juego no es solo nuestro futuro personal, sino el valor de la palabra empeñada por una democracia que se dice solidaria con las víctimas de las dictaduras.

Nosotros seguimos aquí: viviendo, resistiendo, esperando. Queremos dejar atrás el título de “excarcelados” y convertirnos, simplemente, en ciudadanos libres.

Porque la libertad sin patria sigue siendo un exilio.
Y ninguna democracia debería permitir que esa promesa quede pendiente.

Apoya a 100% NOTICIAS para vencer la CENSURA. El Canal del Pueblo necesita de tu apoyo


Donar ahora