A los que no olvidamos: Carazo, 8 de julio de 2018
En este artículo de opinión, el abogado caraceño Daniel Esquivel Artola recuerda, con memoria y dignidad, a los mártires de Carazo caídos el 8 de julio de 2018. A siete años de aquella masacre, rinde homenaje a los jóvenes y familias que resistieron la represión y sembraron esperanza en Nicaragua
Daniel Esquivel Artola
Hoy, a siete años de aquella madrugada teñida de humo, balas y dolor, volvemos la mirada y el corazón a Carazo. A Jinotepe, a Diriamba, a Dolores. Volvemos no solo con lágrimas, sino con memoria y dignidad.
Aquel 8 de julio no se trató solo de una operación militar. Fue el intento de silenciar un grito: el grito de un pueblo que soñaba con libertad. Jóvenes con mochilas llenas de ideales, madres que sostenían a sus hijos entre los disparos, abuelos que rezaban con los ojos al cielo. En cuestión de horas, las calles se llenaron de mártires, y el alma de Nicaragua se cubrió de luto.
Lista de caídos en Carazo (según registros de ONGs como CENIDH y Confidencial):
Carlos Ochoa, 19 años, estudiante de cocina, ametrallado cerca del Hospital Santiago en Jinotepe.
José María Narváez (“Chema”), joven fusilado en Jinotepe y enterrado en esa ciudad.
Josué Israel Mojica García, de 18 años, oriundo de Diriamba, también enterrado tras ser asesinado.
Entre otros 30 jóvenes que cayeron defendiendo la dignidad y libertad de su pueblo en Jinotepe, Diriamba y Dolores.
Pero no pudieron apagar la luz.
Porque cada uno de los que cayeron sembró una semilla. Y esas semillas no han muerto. Siguen creciendo en el corazón de cada nicaragüense que no se rinde. En cada vela encendida, en cada fotografía abrazada con amor, en cada misa celebrada con la voz quebrada.
La justicia aún duele por su ausencia, pero no perdemos la fe. Porque los pueblos que recuerdan, luchan. Los pueblos que nombran a sus muertos, los hacen eternos. Y los pueblos que sueñan, tarde o temprano, despiertan libres.
A las madres de Carazo, a los sobrevivientes, a los que lo vivieron y lo siguen contando: no están solos. A los que se fueron: no están olvidados. A Nicaragua: no estás vencida.
La esperanza sigue viva. Y aunque el camino sea largo, nuestros pasos son firmes. Por ellos, por todos, por la verdad, por la justicia.
Porque recordar es resistir. Y resistir es el primer paso para volver a vivir.
Regresaremos a nuestra patria en un futuro cercano, más fuertes , más inteligentes, mas capaces para construir la Nicaragua que todos queremos, en paz, justicia y democracia.
Viva Nicaragua Libre!
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