El misterio escondido en Monimbó: ¿quién dejó estas extrañas figuras grabadas en piedra?

Una extensa pared rocosa en las cercanías de la laguna de Masaya conserva huellas de un pasado prehispánico que todavía plantea interrogantes. Más de un siglo de interés arqueológico, esfuerzos de conservación y leyendas locales rodean un patrimonio estrechamente vinculado con la comunidad indígena de Monimbó

Carmen Aguirres
septiembre 24, 2026 01:47 PM
petroglifos el cailagua

A pocos kilómetros del centro de Masaya, entre los caminos que descienden hacia la laguna, una enorme pared de piedra conserva figuras que han sobrevivido durante generaciones. Rostros, animales, círculos, espirales y formas humanas permanecen grabados sobre las rocas de El Cailagua, uno de los sitios arqueológicos más singulares de Nicaragua.

Son los petroglifos de El Cailagua, vinculados históricamente con la comunidad indígena de Monimbó. Aunque miles de personas pasan diariamente por Masaya, probablemente muchas desconocen que en sus alrededores existe este conjunto de arte rupestre.

Y detrás de esas figuras permanece una pregunta difícil de responder: ¿qué quisieron representar quienes las grabaron en la piedra?

Una pared de piedra llena de figuras

Una investigación arqueológica de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) describe El Cailagua como un sitio con alrededor de un centenar de petroglifos, entre ellos motivos circulares, figuras de animales y representaciones humanas.

Los grabados se distribuyen a lo largo de un paredón de más de 50 metros. Los investigadores también documentaron fragmentos de cerámica en la superficie y posibles estructuras monticulares en los alrededores.

La documentación turística oficial actual también identifica El Cailagua como uno de los grandes sitios rupestres del país y habla de más de 100 grabados asociados con los primeros pobladores de la zona.

Sin embargo, determinar exactamente cuántos existen no resulta tan sencillo.

Otros trabajos académicos y publicaciones sobre el sitio han mencionado más de 200 petroglifos, mientras otras recopilaciones hablan de 114. Las diferencias podrían responder a distintas épocas de documentación, criterios para contabilizar motivos o áreas estudiadas, por lo que establecer una cifra definitiva requiere consultar directamente a especialistas que hayan trabajado en el lugar.

¿Qué dibujaron sobre las piedras?

Entre las representaciones descritas aparecen círculos, espirales, figuras antropomorfas —con apariencia humana— y zoomorfas —con características de animales—, además de diferentes formas geométricas.

Algunas publicaciones han propuesto interpretaciones religiosas o relacionadas con la naturaleza y la cosmovisión de quienes habitaron antiguamente la región.

Pero aquí aparece uno de los mayores misterios de El Cailagua.

No existe una traducción sencilla que permita mirar cada dibujo y saber exactamente qué quería comunicar su autor.

Una investigación universitaria sobre Monimbó reconoce precisamente que el significado de estos petroglifos continúa siendo desconocido, pese al enorme interés histórico y cultural que representan.

Por eso sería incorrecto describirlos como si fueran un texto antiguo completamente descifrado.

Son imágenes talladas en piedra que proporcionan pistas sobre quienes ocuparon este territorio, pero algunas de las interpretaciones que han surgido alrededor de ellas siguen siendo hipótesis.

El lugar ya despertaba curiosidad hace generaciones

El interés por El Cailagua tampoco es reciente.

Investigaciones sobre el patrimonio arqueológico de Masaya recogen referencias históricas de exploradores y estudiosos que se interesaron por los grabados desde hace décadas.

Posteriormente, el Instituto Nicaragüense de Cultura realizó inspecciones oficiales en 2006 para evaluar su conservación y protección, debido a alteraciones provocadas por actividad humana.

En 2015 también fue inaugurado un proyecto destinado a inventariar y restaurar los petroglifos de Cailagua y el antiguo bajadero indígena de Bombonasí, como parte de los esfuerzos para preservar las raíces ancestrales de Monimbó.

Actualmente, la documentación cultural oficial señala que el Concejo de Ancianos de Monimbó participa en la custodia de sitios ancestrales como los petroglifos de El Cailagua.

Petroglifos, duendes y leyendas de Monimbó

Pero El Cailagua guarda algo más que arqueología.

Durante generaciones, el lugar también ha estado rodeado por relatos populares de Monimbó.

Documentos históricos sobre Masaya relacionan el bajadero con la llamada Cueva de los Duendes, alrededor de la cual circularon historias y leyendas transmitidas entre habitantes de la comunidad.

Ese componente permite entender por qué Cailagua ocupa un espacio particular en el imaginario local: en el mismo lugar conviven evidencias arqueológicas que pueden estudiarse científicamente y relatos que pertenecen a la tradición oral de Monimbó.

Ambas cosas forman parte de su historia, pero no deben confundirse.

Que una leyenda atribuya determinado significado a una figura no significa necesariamente que exista evidencia arqueológica que confirme esa interpretación.

Un museo nació para conservar esta historia

El interés por proteger los petroglifos llevó también a la creación de un espacio comunitario dedicado a este patrimonio.

El registro turístico de Nicaragua incluye actualmente el Museo Comunidad y Vida Petroglifos El Cailagua, en Masaya, dentro de la categoría de arqueología.

La información cultural de Masaya señala que el museo comunitario fue fundado en 2015 con el propósito de contribuir a revitalizar el patrimonio natural y cultural del sitio arqueológico y divulgar la historia de los antiguos habitantes asentados alrededor de la laguna y el volcán Masaya.

¿Quién los hizo y qué querían decir?

Esa es precisamente la parte que convierte a El Cailagua en algo más interesante que una simple atracción turística.

Las piedras están ahí. Las figuras pueden observarse. Los arqueólogos han identificado distintos tipos de representaciones y existe documentación histórica del sitio.

Pero interpretar con certeza lo que cada figura significaba para quienes la grabaron es otra historia.

Y quizá ahí reside parte de la fascinación.

Mientras arriba continúa la vida cotidiana de Masaya y Monimbó, en las laderas que conducen hacia la laguna permanece una pared marcada por personas que habitaron este territorio mucho antes que las generaciones actuales.

Más que simples dibujos, los petroglifos constituyen una evidencia material del pasado prehispánico de la zona.

Las piedras siguen allí. Lo que todavía no pueden contarnos con certeza es todo lo que sus autores quisieron decir.

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