¿Sabés qué es una gongolona? El colorido oficio de Monimbó que adorna los rezos nicaragüenses

Plástico de colores, varillas de corozo y décadas de conocimiento familiar se transforman en piezas que muchos reconocen alrededor de altares y celebraciones religiosas. En Masaya, artesanos mantienen vivo un oficio estrechamente relacionado con la ornamentación tradicional de la Purísima

Carmen Aguirres
septiembre 24, 2026 10:36 AM
artesanos monimbo

Colgadas del techo de una casa, alrededor de un altar o acompañadas de largas hileras de banderines de colores. Para muchos nicaragüenses forman parte de una imagen familiar de rezos y celebraciones religiosas, aunque posiblemente no todos conozcan el nombre de una de estas piezas: las gongolonas.

En Monimbó, Masaya, todavía existen familias que mantienen el oficio de elaborar artesanalmente banderines, cortinas y gongolonas, piezas que durante años han acompañado la ornamentación popular y religiosa.

Una publicación reciente de Masaya al Día muestra a doña Socorro López y su familia trabajando entre plásticos de distintos colores, varillas y pequeñas piezas recortadas. Según esa publicación, la familia lleva casi 40 años dedicada a este oficio y sus trabajos han terminado adornando altares en distintos lugares de Nicaragua.

El dato permite asomarse a una tradición mucho más amplia.

Documentación sobre artesanos de Monimbó publicada años atrás ya describía a familias de esta comunidad indígena elaborando banderines, cortinas y gongolonas utilizando plástico y varillas de corozo, especialmente para la temporada de la Purísima.

¿Qué es exactamente una gongolona?

La respuesta resulta curiosa porque la palabra tiene más de un significado en Nicaragua.

El Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española registra “gongolona” para Nicaragua y Costa Rica como un nombre utilizado para una gallina de monte.

Pero dentro de la artesanía popular nicaragüense la palabra también se utiliza para identificar estas decoraciones colgantes, elaboradas tradicionalmente para acompañar altares y festividades.

Una referencia sobre el habla popular nicaragüense incluso recoge otra acepción de “gongolona”: “campana de papel”.

Esa descripción guarda una interesante relación visual con las piezas que todavía elaboran artesanos de Masaya.

Una publicación dedicada a los artesanos de Monimbó explica que las gongolonas se cuelgan del techo y pueden simular aves o campanas, mientras las cortinas y los banderines completan la decoración con colores intensos.

Banderines que se convierten en pilares

Cada pieza cumple una función diferente dentro de la ornamentación.

Los pequeños banderines de colores pueden colocarse alrededor de una varilla o tallo de corozo hasta formar estructuras decorativas utilizadas como pilares de los altares.

Las cortinas crean fondos y franjas multicolores.

Y desde arriba aparecen las gongolonas, estructuras que cuelgan y completan la decoración.

Una descripción de artesanos de Monimbó realizada en 2017 documentaba precisamente esta técnica y señalaba el uso frecuente de colores vivos como amarillo, rojo y azul.

Las fotografías recientes compartidas por Masaya al Día muestran que el trabajo continúa realizándose manualmente: cortar, combinar, doblar y montar pequeñas piezas hasta transformar materiales sencillos en una decoración mucho más elaborada.

Una artesanía estrechamente ligada a la Purísima

Aunque estas decoraciones pueden reconocerse en distintos ambientes festivos y religiosos, existe una relación especialmente documentada con la Purísima.

El Mapa Nacional de Tradiciones, Cultura Popular y Patrimonio de Nicaragua describe la riqueza de las celebraciones religiosas de Masaya y la importancia que tienen dentro de ellas las expresiones culturales transmitidas por las comunidades. En Monimbó, el propio Concejo de Ancianos mantiene entre sus funciones la promoción y conservación de tradiciones legendarias y festivas.

La documentación específica sobre estos artesanos señala que, al acercarse el novenario de la Purísima, aumentaban los pedidos de banderines, cortinas y gongolonas y que compradores de Masaya, Managua, León y otros lugares encargaban las piezas elaboradas en Monimbó.

Eso ayuda a explicar cómo un oficio desarrollado dentro de una comunidad puede terminar formando parte de altares ubicados a kilómetros de distancia.

Un conocimiento que pasa de padres a hijos

Quizás uno de los elementos más importantes de esta historia no sea el plástico, el corozo ni siquiera los colores.

Son las manos que aprendieron a trabajarlos.

La transmisión familiar del conocimiento aparece documentada desde hace años. En 2017, el artesano Manuel García López explicaba que había aprendido el oficio de sus padres y continuaba trabajando junto a su madre para atender los pedidos que recibían durante las festividades religiosas.

Ahora, la publicación sobre doña Socorro López vuelve a colocar sobre la mesa la misma característica: familias de Monimbó que conservan un trabajo aprendido y practicado durante décadas.

No se trata necesariamente de grandes talleres.

Una mesa, tijeras, plástico de colores, varillas y años de práctica pueden ser suficientes para mantener vivo el oficio.

De una lámina de plástico a una decoración que muchos reconocen

Los materiales también cuentan una historia.

Buena parte de la espectacularidad de estas piezas surge de elementos relativamente sencillos. El plástico permite combinar colores intensos y elaborar adornos que posteriormente pueden colgarse, moverse con el viento o cubrir espacios amplios.

Pero sería incorrecto asumir que las decoraciones religiosas nicaragüenses siempre fueron fabricadas exactamente con los mismos materiales.

Las tradiciones cambian, incorporan elementos disponibles en cada época y adaptan técnicas antiguas a materiales nuevos. Lo que permanece es la intención de transformar espacios cotidianos para una celebración especial.

Una sala se convierte en altar.

Un corredor se llena de banderines.

Del techo cuelgan gongolonas.

Y durante unas horas una casa común adquiere los colores de una celebración que ha pasado entre generaciones.

El oficio detrás de la fiesta

Cuando comienza un rezo o una celebración religiosa, normalmente la atención está puesta en el altar terminado.

Pocas veces pensamos en quién cortó cada pedazo de plástico, quién armó las cortinas o cuántas horas fueron necesarias para fabricar las decoraciones.

Detrás de esos colores también existe una actividad económica para familias artesanas.

Una palabra que quizá conocían nuestros abuelos

Las gongolonas tienen además algo especial: permiten recuperar una palabra que posiblemente algunos nicaragüenses utilizan con naturalidad mientras otros nunca han escuchado.

Quizá alguien recuerde haberlas visto en la casa de su abuela durante diciembre sin saber cómo se llamaban.

Otros posiblemente participaron desde niños en la preparación de un altar rodeado de banderines y cortinas.

Y para familias artesanas de Monimbó no son solamente decoración.

Representan horas de trabajo, conocimientos transmitidos entre generaciones y una manera de participar en las celebraciones de su comunidad.

Por eso, la próxima vez que una estructura de plástico de colores cuelgue sobre un altar nicaragüense, quizá alguien pueda finalmente ponerle nombre:

una gongolona.

Y queda una pregunta que puede recuperar muchos recuerdos familiares:

¿En tu casa todavía adornan los rezos con banderines, cortinas y gongolonas?

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