La magia del aguacate nicaragüense que conquista Costa Rica
El aguacate benik nicaragüense conquista el mercado de Costa Rica gracias a su sabor, tamaño y resistencia. Detrás de cada fruto existe un riguroso proceso que comienza en el árbol y puede determinar el éxito o la pérdida de toda una exportación
De cada diez aguacates tropicales que se consumen en Costa Rica, siete proceden de Nicaragua. Su sabor, tamaño, color y resistencia explican por qué esta fruta nicaragüense se ganó un lugar privilegiado entre los consumidores ticos. Sin embargo, llegar a ese mercado exige una selección rigurosa, controles sanitarios y un manejo poscosecha casi perfecto.
Carlos Coronel, propietario de la finca Mirazul del Llano, en Carazo, conoce esa fórmula. Desde hace 30 años siembra y cosecha aguacates para exportarlos a Costa Rica, una actividad que combina experiencia, disciplina y pasión por el campo.

En un video divulgado por el Ministerio Agropecuario, Coronel explicó que el proceso comienza desde el momento en que el productor selecciona y corta el fruto del árbol. El aguacate destinado a la exportación no debe presentar manchas ni daños y tiene que cumplir con un peso específico.
Estas exigencias permiten que alrededor del 80% de la producción califique para ingresar al mercado costarricense.
Cada aguacate se selecciona desde el árbol
En el caso del benik, una de las variedades nativas que tiene forma de pera, cada fruto debe pesar aproximadamente entre una y dos libras.
“Ya al ojo sabemos que cuando el aguacate perdió el brillo pesa arriba de una libra y este aguacate vamos a cortarlo”, indicó Coronel.
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El corte requiere cuidado para evitar cualquier golpe o lesión en la fruta.
“No lo podemos lastimar”, advirtió el productor, quien destacó que el aguacate jamás debe tener contacto con el suelo.
Después del corte, el personal retira el pedúnculo y coloca la fruta en cajillas especiales. Estas no son las mismas que se utilizan durante las etapas de lavado, limpieza y desinfección.

“Aquí se hace una preselección porque hay aguacate que sale manchado, picado y no se puede exportar porque te lo van a rechazar cuando entrés a Costa Rica. Tenés que saber que necesitás un permiso de exportación y todo tiene que ir de la mano del IPSA y luego pasa a un laboratorio donde pasa un examen de plaga y enfermedades, te dan los resultados. También necesitás un permiso previo del Ministerio de Agricultura de Costa Rica que vas a ingresar esa fruta. Los permisos y licencias de exportación del IPSA y también hacen otros análisis”, explicó.
Una fruta dañada puede provocar pérdidas millonarias
Los controles sanitarios representan una de las etapas más delicadas. Coronel explicó que una fruta manchada o afectada por el gusano barrenador puede poner en riesgo toda la exportación.
“Con una que se te vaya te queman el contenedor, te rechazan toda la carga del contenedor y perdiste entre 50 y 60 mil dólares”, admitió.
Aunque el mercado exportador ofrece mejores precios, también demanda altos estándares de calidad.
“El mercado exportador paga mejor, pero es exigente. Tenés que hacer todo perfecto. No es el mercado nacional que se van seis buenos y cuatro malos”.
Para Coronel, Nicaragua necesita fortalecer la cultura del manejo postcosecha y comprender que un aguacate aparentemente sano pierde su condición exportable si cae al suelo.
“Tenemos que cambiar la mentalidad del manejo poscosecha; si cayó al suelo lo tenés que apartar aunque esté nítido”, dijo.
Benik, el aguacate tropical que prefieren los ticos
No todas las variedades reúnen las condiciones necesarias para la exportación. Coronel considera que el benik representa una de las mejores opciones porque resiste el transporte, madura adecuadamente y ya es conocido por los consumidores costarricenses.
“El mercado tico ya lo conoce. Es un aguacate que cambia de color”.
El productor también recomendó la variedad Hass, cuyo cambio de color permite que los consumidores identifiquen con facilidad cuándo alcanzó su madurez.
Los exportadores clasifican los aguacates según su tamaño: la clase A corresponde al jumbo; la clase B, al fruto de una libra; y la clase C, al que pesa menos de una libra.
“Vale más el grande, pero no todos los árboles producen solo grandes”.
Mientras el benik llega principalmente a los mercados populares, el Hass clase A se comercializa con mayor frecuencia en supermercados.
“Nuestro aguacate va a la clase media y clase baja, por eso es mucho más barato que un Hass, con sabor espectacular, color precioso. El cliente quiere un aguacate sanito”.

Ese sabor y su precio más accesible explican parte del encanto que la fruta nicaragüense ejerce sobre Costa Rica.
“De cada 10 aguacates de este tipo que se comen en Costa Rica, siete son nicaragüenses”, aseguró Coronel.
El productor afirmó que los costarricenses consumen unos 60 kilos de aguacate por persona y que la llegada de la cosecha nacional modifica incluso el consumo de otros alimentos.
“Cuando entra al mercado el aguacate nacional y el criollo, el consumo de huevo se baja un montón”.
Cincuenta mil aguacates por contenedor
Después de la selección y desinfección, los trabajadores transportan la fruta en cajillas sanitizadas. Cada contenedor puede movilizar unas 1,200 cajas, equivalentes a aproximadamente 50,000 aguacates.
Durante el traslado, el contenedor mantiene una temperatura cercana a los ocho grados centígrados. Un nivel inferior podría dañar la fruta, debido a que se trata de aguacates tropicales sensibles al frío extremo.
La industria también muestra un crecimiento significativo. Cuando Coronel comenzó a producir, Nicaragua no cultivaba más de 100 manzanas de aguacate destinadas a la exportación. En la actualidad, el país supera las 2,000 manzanas.
Sin embargo, la exportación no permanece activa durante todo el año. Después de agosto, el precio del aguacate suele aumentar tanto en Nicaragua que puede resultar más rentable venderlo en el mercado nacional.
Una actividad que permite vivir con dignidad
Coronel advierte que cultivar aguacates no representa una fórmula automática para volverse millonario. El éxito requiere paciencia, responsabilidad, conocimiento y una pasión capaz de sostener años de trabajo.
Pero detrás de cada fruta que cruza la frontera también existe una cadena de oportunidades. Incluso un pequeño productor puede generar alrededor de 30 empleos directos e indirectos y contribuir al sustento de numerosas familias.
El aguacate nicaragüense conquista Costa Rica porque reúne sabor, calidad, tamaño y resistencia. Sin embargo, su verdadera magia comienza mucho antes de llegar a la mesa: nace en el cuidado de los productores, crece con el trabajo de las comunidades rurales y cruza la frontera como prueba de que el campo nicaragüense puede competir, generar empleo y permitir que las familias sobrevivan con dignidad.
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