La adicción al poder termina destruyendo a los ambiciosos, advierte monseñor Rolando Álvarez

La pérdida de límites éticos y morales, el deseo de controlar a otras personas y la necesidad de rodearse de quienes aprueban todas las decisiones forman parte del círculo destructivo de la ambición descrito por monseñor Rolando Álvarez en su nueva reflexión desde Roma

Claudia Martínez
agosto 26, 2026 09:46 AM
La adicción al poder termina destruyendo a los ambiciosos, advierte monseñor Rolando Álvarez

La ambición que convierte el poder en una adicción, lleva a apropiarse del destino de otras personas y termina destruyendo a quien la ejerce centra una nueva reflexión de monseñor Rolando Álvarez, divulgada esta semana, en medio de un escenario político nicaragüense marcado por nuevos discursos de confrontación desde el poder.

El obispo nicaragüense, desterrado a Roma después de permanecer encarcelado por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, advirtió sobre las consecuencias de la ambición desmedida y afirmó que una persona dominada por ella puede terminar recurriendo a la corrupción, las injusticias e incluso los crímenes para conservar el poder.

“El ambicioso quiere el poder y no puede vivir sin él porque el mismo poder lo va hundiendo en todo tipo de corrupción, injusticias y hasta crímenes porque debe ‘terminar su obra’”, reflexionó Álvarez.

El mensaje fue divulgado este miércoles por el periodista Manuel Antonio Obando Cortedano, con motivo de la XXII Semana del Tiempo Ordinario, bajo el título “Para la ambición se ha perdido el horizonte de la ética y de la moral”.

Álvarez: “La ambición corrompe el corazón”

Álvarez inicia su reflexión a partir de la referencia bíblica a los escribas y fariseos, para posteriormente abordar la hipocresía y la ambición como comportamientos capaces de corromper progresivamente al ser humano.

“Los escribas y fariseos son sepulcros blanqueados. Son víctima de la hipocresía y de la ambición. La ambición corrompe el corazón del ser humano”.

El obispo advierte que esa búsqueda desmedida puede transformarse en una dependencia de la que resulta cada vez más difícil escapar.

“La ambición puede llegar a ser una adicción de la que la persona ya no puede salir y se va convirtiendo cada día más, en una especie de ballena que no se sacia con nada”.

La imagen utilizada por Álvarez describe a una persona para quien ninguna cantidad de poder o posesiones termina siendo suficiente.

“Llega a sentirse dueño de la vida de los demás”

Uno de los pasajes más contundentes de la reflexión aborda lo que ocurre cuando la ambición por el poder deja de reconocer límites sobre otras personas.

“El ambicioso es capaz de acaparar y adueñarse de una persona o de muchas personas porque llega a sentirse dueño de la vida de los demás”.

Álvarez amplía esa idea hasta advertir sobre quienes pretenden controlar no solamente a individuos, sino el destino de sociedades enteras.

“El ambicioso anhela tener sin límites. Es capaz de llegar a sentirse dueño del destino hasta de pueblos y según sea su poder incluso de la humanidad”.

Aunque el obispo no menciona por sus nombres a Daniel Ortega ni a Rosario Murillo en el texto compartido, sus palabras adquieren relevancia para la audiencia nicaragüense por provenir de uno de los religiosos que sufrió directamente cárcel y destierro bajo el régimen.

“Se ha perdido el horizonte de la ética y de la moral”

Álvarez sostiene que la acumulación desmedida de poder termina destruyendo los límites éticos y morales de quien cae en ella.

“La ambición sin embargo es una polilla que lo va ahogando en su propia maldad o corrupción. Termina siendo víctima de su propio fanatismo. Un fanatismo por las cosas, por el poder”.

Posteriormente pronuncia la frase que da título a su reflexión: “Para la ambición se ha perdido el horizonte de la ética y de la moral. Ha caído en su propio relativismo y subjetivismo porque él se cree tener siempre la razón”.

El planteamiento describe un círculo en el que el ambicioso termina justificando sus propias decisiones al convencerse de que siempre tiene la razón.

Advierte sobre el círculo que rodea al poderoso

El obispo también señala a quienes rodean y respaldan sin cuestionamientos a una persona dominada por la ambición.

“El ambicioso se rodea de un anillo que siempre le apruebe sus decisiones y se las ejecute. Son otros corruptos”.

De esta manera, Álvarez no presenta la corrupción únicamente como una conducta individual, sino como un entorno que necesita colaboradores dispuestos a aprobar y ejecutar las decisiones del poderoso.

“Jesús es tremendamente duro contra la hipocresía y la ambición”, agrega.

Reflexión coincide con ofensiva verbal de Murillo

El mensaje religioso se conoce durante una semana en la que Rosario Murillo ha intensificado sus descalificaciones públicas contra opositores y críticos del régimen incluyendo a sacerdotes exiliados.

En sus intervenciones oficiales, Murillo ha recurrido a expresiones como “apátridas”, “basura” y “los nada y los nadie”, y llegó a afirmar que algunos de sus detractores “ni siquiera se les puede llamar seres humanos”. También aseguró que permanecen escondidos “temblando de miedo”.

Días antes, otras expresiones de Murillo fueron interpretadas por críticos como un “conjuro”, interpretación que posteriormente rechazó y atribuyó a la supuesta maldad e ignorancia de sus detractores.

“Aferrémonos a Dios”

Frente a la ambición y la hipocresía que cuestiona durante su reflexión, monseñor Álvarez concluye proponiendo una respuesta espiritual basada en alejarse de ambas conductas y acercarse a la fe.

“Alejémonos de ambas cosas que le pertenecen al diablo. Aferrémonos a Dios y Su Palabra en la que encontramos la salvación”.

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