Tres robos en pocos días sufre la parroquia San Jerónimo de Masaya policía no investiga
La inseguridad vuelve a golpear a una comunidad católica de Nicaragua. La reiteración de robos en un templo de Masaya ha generado preocupación entre los fieles, quienes reclaman mayores medidas de protección en medio de un contexto de tensión que enfrenta la Iglesia en el país
La Parroquia San Jerónimo de Masaya, dirigida por el padre José Antonio Espinoza, denunció públicamente que delincuentes ingresaron por tercera ocasión consecutiva a sus instalaciones para sustraer bienes del templo, en una serie de hechos que han generado preocupación entre los feligreses y reavivado el debate sobre la seguridad de los recintos religiosos en Nicaragua.
A través de sus redes sociales, la parroquia informó que los primeros robos ocurrieron el sábado 11 de julio y nuevamente el lunes 13 de julio. En esa ocasión advirtió que los responsables seguían insistiendo en ingresar al templo, pese a los esfuerzos realizados para proteger las instalaciones.
"Estamos haciendo todo lo posible para dar seguridad a nuestro templo. Los ladrones son insistentes", expresó la parroquia en una publicación difundida el 13 de julio, en la que además señaló que en otras parroquias de la ciudad también habían intentado cometer robos durante los últimos días.
Tercer robo consecutivo
Lejos de detenerse, los hechos se repitieron nuevamente. En una publicación más reciente, la parroquia denunció un tercer robo consecutivo, indicando que los delincuentes lograron llevarse lámparas de pared y parlantes, además de intentar forzar varias alcancías del templo que, según precisó, se encontraban vacías.
"Otra vez robaron en nuestro templo", escribió la parroquia al informar del nuevo ingreso ilegal, lamentando que los responsables "no dan tregua".
Hasta el momento no se ha informado sobre personas detenidas ni sobre el avance de alguna investigación relacionada con estos hechos.
Feligreses piden reforzar la seguridad
Las denuncias provocaron decenas de reacciones de fieles que expresaron indignación por los robos y propusieron distintas medidas para proteger el templo.
Algunos sugirieron instalar cámaras de vigilancia, alarmas y nuevas verjas para impedir el ingreso de los delincuentes. Otros incluso plantearon organizar colectas entre la comunidad para financiar obras de seguridad, al considerar que los recursos de la parroquia apenas alcanzan para cubrir los gastos básicos de funcionamiento.
Las publicaciones también reflejan la preocupación de los creyentes por la reiteración de los robos en espacios considerados de especial valor religioso y comunitario.
Robos ocurren en medio de un contexto de presión contra la Iglesia
Los hechos ocurren en un contexto particularmente sensible para la Iglesia católica en Nicaragua, una de las instituciones que ha mantenido una relación más conflictiva con el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo desde la crisis sociopolítica de 2018.
Durante los últimos años, sacerdotes, obispos y comunidades parroquiales han enfrentado una escalada de presiones que ha incluido vigilancia policial permanente, restricciones a procesiones y celebraciones religiosas, expulsión de sacerdotes y congregaciones, encarcelamiento y destierro de líderes religiosos, así como la confiscación de universidades, medios de comunicación y obras sociales vinculadas a la Iglesia.
A este panorama se suma el incremento de la delincuencia que denuncian ciudadanos y comunidades religiosas en distintas zonas del país. En los últimos meses, el Gobierno también ha otorgado el beneficio de convivencia familiar a miles de presos comunes con sentencia firme, una medida que ha generado preocupación entre algunos sectores de la población por la percepción de un aumento de hechos delictivos.
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