Silvio Báez: "Nicaragua va a resucitar y el cambio vendrá desde dentro"
"Nicaragua va a resucitar". En una de sus entrevistas más personales, monseñor Silvio Báez habla sobre su infancia, el dolor del exilio, la conversación que sostuvo con el papa Francisco antes de salir de Nicaragua, la persecución contra la Iglesia Católica y su esperanza de que el cambio llegará desde el pueblo nicaragüense
Monseñor Silvio José Báez afirma que Nicaragua atraviesa uno de los momentos más oscuros de su historia reciente, pero sostiene que la esperanza continúa intacta. Para el obispo auxiliar de Managua, actualmente exiliado, el país vive una realidad comparable con los grandes relatos bíblicos sobre la opresión, el destierro y la esperanza, aunque insiste en que el desenlace será distinto: "Nicaragua va a resucitar".
Así lo expresó durante una entrevista concedida al periodista Elmer Rivas de Confidencial, en la que repasó su infancia, su vocación sacerdotal, el conflicto político nicaragüense, la persecución contra la Iglesia Católica, su salida del país por decisión del papa Francisco y la convicción de que la transformación nacional deberá surgir desde el interior de Nicaragua.
Uno de los momentos más reveladores de la conversación fue cuando recordó la decisión tomada por el papa Francisco en 2019 de pedirle que abandonara Nicaragua ante el riesgo que enfrentaba su vida.
"Fue muy doloroso. Yo discutí con el papa Francisco largamente", confesó Báez.
El obispo relató que, durante aquella conversación en Roma, manifestó al pontífice su desacuerdo con la decisión.
"Yo tuve el valor de decirle: 'Lo que no entiendo, Santo Padre, es que usted esté salvando al pastor en vez de salvar a las ovejas'. Entiendo que el pastor es el que debe dar la vida por las ovejas, pero aquí usted está salvando al pastor", recordó.
Sin embargo, explicó que Francisco insistió en que existía un peligro real.
"No quiero otro obispo mártir más en Centroamérica", le respondió el pontífice, según narró Báez.
Con el paso de los años, asegura haber comprendido aquella decisión.
"Ahora, después de ocho años, no me arrepiento de haber obedecido y haber aceptado la decisión del papa Francisco", afirmó.
La patria sigue en el corazón
Aunque permanece fuera de Nicaragua desde 2019 y posteriormente fue despojado de su nacionalidad por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, Báez asegura que nunca ha dejado de sentirse profundamente unido a su país.
Consultado sobre cómo se habita una patria arrebatada por decreto, respondió con una frase que resume gran parte de su testimonio.
"La patria va en el corazón. Y yo amo Nicaragua".
Añadió que el exilio físico no significa necesariamente una separación espiritual del pueblo.
"Uno está donde tiene puesto el corazón, no donde tiene puesto los pies", expresó.
Actualmente reside en Miami, donde continúa ejerciendo su ministerio sacerdotal, celebra eucaristías para la comunidad latinoamericana, imparte clases de Sagrada Escritura y acompaña espiritualmente a sacerdotes nicaragüenses exiliados mediante reuniones virtuales mensuales autorizadas por la Santa Sede.
El "faraón" sigue existiendo
A lo largo de la entrevista, Báez recurrió constantemente a referencias bíblicas para explicar la situación política de Nicaragua.
Aseguró que las experiencias del pueblo nicaragüense encuentran paralelos en la historia del pueblo de Israel.
"En la Sagrada Escritura la realidad de la opresión, de la esclavitud y de la injusticia está más presente de lo que uno piensa", explicó.
Después añadió una de las frases que más resonancia ha tenido de la entrevista.
"El faraón sigue existiendo".
Según el religioso, los sistemas autoritarios siempre terminan reproduciendo los mismos mecanismos de dominación.
"El Dios de la Biblia nunca está de parte de un faraón", afirmó.
También comparó la realidad nicaragüense con el exilio en Babilonia.
"El exilio no es solamente estar fuera de la tierra. Uno puede estar en la misma tierra y estar exiliado si está fuera de la historia, si no cuenta en la construcción de su país", sostuvo.
Una dictadura "irracional"
Durante la conversación también recordó el mensaje público que dirigió a Daniel Ortega y Rosario Murillo durante las primeras horas de la represión de abril de 2018.
En aquel momento les pidió detener la violencia y abrir espacios de diálogo.
Ocho años después considera que ese llamado sigue teniendo plena vigencia.
"Yo se lo repetiría de nuevo en su cara. Sean sensatos", afirmó.
Para Báez, una de las principales características del sistema político nicaragüense es precisamente la irracionalidad.
"Una de las características más dramáticas de esta dictadura es la irracionalidad. Junto a la irracionalidad está la crueldad", expresó.
El obispo recordó además que la Iglesia decidió acompañar a las víctimas durante la crisis de 2018, una decisión que posteriormente desencadenó una fuerte persecución contra obispos, sacerdotes, congregaciones religiosas y laicos.
La Iglesia frente al silencio
Como doctor en Sagrada Escritura y especialista en el estudio del silencio en los textos bíblicos, Báez dedicó parte de la entrevista a reflexionar sobre el silencio impuesto por los regímenes autoritarios.
Afirmó que existe un silencio positivo, asociado a la oración y la escucha, pero también un silencio profundamente dañino.
"El que calla por miedo, ese silencio es negativo", señaló.
Añadió que obligar a un pueblo a guardar silencio constituye una de las formas más graves de violencia.
"Obligar a callar, quitarle la palabra a un pueblo, a los medios de comunicación, a las personas, tener a un pueblo sometido por miedo es uno de los crímenes más tremendos contra la dignidad humana", sostuvo.
También reconoció que dentro de la propia Iglesia existe la tentación de guardar silencio para evitar conflictos con el poder.
"La Iglesia cae en esta tentación cuando calla", afirmó.
La esperanza en medio del destierro
Báez aseguró que el exilio no ha debilitado su esperanza.
Al contrario, sostiene que la fe le permite mirar el futuro con optimismo.
"La esperanza no es un optimismo superficial. La esperanza se funda en la honestidad con la realidad", explicó.
Insistió en que, aunque el presente sea doloroso, la historia de Nicaragua no está escrita definitivamente.
"Nicaragua va a resucitar", afirmó.
Respecto al futuro político del país, expresó su confianza en la ciudadanía que permanece dentro del territorio nacional.
"El cambio en Nicaragua depende del pueblo de Nicaragua, especialmente del que está dentro del país. Yo tengo una gran esperanza y una gran confianza en los nicaragüenses que están dentro del país y creo que el auténtico cambio va a venir de dentro", aseguró.
Al concluir la entrevista, describió cómo imagina el país al que espera regresar algún día.
"Una nueva Nicaragua en donde podamos compartir nuestras ideas y nuestros bienes sin temor y de modo solidario y justo; donde pensar diferente no sea un delito y donde exista una verdadera paz fundada en la justicia social", expresó.
Con esa visión cerró una conversación marcada por el dolor del destierro, la defensa de la libertad religiosa y una convicción que ha repetido durante años y que volvió a resumir en una sola frase: "Estoy seguro de que lo vamos a lograr".
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