Nicaragua se lucra con venta millonaria de aletas de tiburón a mercado asiático
Mientras empresas exportadoras obtienen ganancias millonarias, especialistas advierten que la extracción de tiburones amenaza especies protegidas, ecosistemas marinos y el equilibrio ambiental de Nicaragua
Nicaragua exportó más de 39,000 kilos de aletas de tiburón en los últimos seis años, un negocio que favorece a empresas exportadoras y al mercado asiático, pero que, según especialistas, amenaza poblaciones de tiburones, ecosistemas marinos y actividades económicas como la pesca artesanal y el turismo.
De acuerdo con una investigación de Confidencial, realizada en alianza con Fundación del Río y retomada por Infobae, los datos contradicen la versión oficial de que estas exportaciones provienen únicamente de la llamada “captura incidental”.
Los datos analizados provienen de registros oficiales de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y muestran un flujo constante de exportaciones de aletas de especies catalogadas como amenazadas, principalmente hacia Hong Kong, considerado el principal mercado de destino.
Exportaciones alcanzan miles de kilos cada año
La investigación documenta que 2022 registró el mayor volumen exportado, con más de 12,280 kilos de aletas de tiburón. En 2021 las exportaciones superaron los 10,170 kilos, mientras que en 2024 se contabilizaron más de 7,665 kilos y en 2023 más de 6,380 kilos.
Los registros indican que las especies más exportadas fueron el tiburón sedoso (Carcharhinus falciformis), el tiburón martillo gigante (Sphyrna mokarran) y el tiburón martillo común, todas incluidas en listados internacionales de especies amenazadas.
Según el biólogo marino Randall Arauz, el volumen exportado refleja una explotación de gran escala.
“Un kilo de aletas equivale a un tiburón grande”, explicó el especialista.
La afirmación permite dimensionar el impacto de este comercio. De acuerdo con Arauz, una sola tonelada de aletas podría representar hasta 2,000 tiburones sacrificados.
Solo del tiburón sedoso, Nicaragua exportó más de 14,000 kilos de aletas durante el período analizado, una cifra que los expertos consideran incompatible con la teoría de una captura accidental.
Especialistas cuestionan versión oficial
Las autoridades pesqueras nicaragüenses han sostenido que la exportación de aletas procede de capturas incidentales realizadas durante faenas dirigidas a otras especies.
Sin embargo, especialistas consultados por la investigación consideran que los volúmenes registrados apuntan a una pesca dirigida.
El ecólogo Fabio Buitrago explicó que la capacidad de captura de las embarcaciones industriales permite una explotación masiva de tiburones.
Según detalló, una embarcación industrial puede desplegar hasta 80 kilómetros de líneas de pesca con miles de anzuelos especialmente diseñados para capturar estas especies.
En una sola noche, la captura puede superar los mil ejemplares.
Para los investigadores, estas prácticas contrastan con la narrativa oficial sobre la incidentalidad de la pesca.
Fundación del Río denuncia incumplimientos de normas internacionales
La investigación también señala que Nicaragua carece del denominado Dictamen de Extracción No Perjudicial, un requisito obligatorio establecido por CITES para autorizar exportaciones de especies amenazadas.
Sin este documento, advierte Fundación del Río, las exportaciones de aletas de tiburón no deberían ser autorizadas.
La organización cuestiona además el papel del Instituto Nicaragüense de la Pesca y Acuicultura (INPESCA), entidad encargada de regular, autorizar y cobrar por la actividad pesquera.
Según Fundación del Río, esta situación genera dudas sobre quién supervisa realmente la actividad y cuáles son los mecanismos de control existentes.
Empresas concentran parte del negocio
El análisis identifica a las empresas Nica Pepino y Man Kang como dos de las principales beneficiarias de este comercio.
Entre 2023 y 2024 ambas compañías exportaron de manera conjunta 11,147 kilos de aletas de tiburón, según los registros citados por la investigación.
Para Fundación del Río, la pesca dirigida de tiburones genera consecuencias que van más allá de la conservación de estas especies.
La organización advierte que la disminución de las poblaciones de tiburones provoca desequilibrios ecológicos que afectan la pesca artesanal y reducen el potencial turístico de las zonas costeras.
Además, Fundación del Río denunció falta de supervisión independiente y la fomentación de este mercado millonario que es impulsado por la demanda asiática.
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