Despidos en zona franca y “machetazo salarial” a trabajadores del estado agravan crisis laboral en Nicaragua, dice economista

Más de 10,000 despidos en zonas francas en lo que va de 2026 y recortes salariales de hasta el 10% a empleados públicos configuran un escenario laboral “trágico” en Nicaragua, según el economista Enrique Sáenz, quien advierte que estas medidas están empujando a miles de trabajadores hacia la pobreza y la informalidad

Equipo de Periodistas
mayo 02, 2026 09:24 AM
Despidos en zona franca y “machetazo salarial” a trabajadores del estado agravan crisis laboral en Nicaragua, dice economista

La situación laboral en Nicaragua atraviesa uno de sus momentos más críticos en años. Así lo advirtió el economista Enrique Sáenz en entrevista con 100% Noticias, al analizar el impacto combinado de los despidos masivos en zonas francas y las deducciones salariales obligatorias aplicadas a empleados del Estado.

De acuerdo con Sáenz, solo entre enero y febrero de 2026 se registraron más de 10,000 despidos en el sector de zonas francas, una cifra que podría ser mayor a la fecha. Este fenómeno, explicó, se suma a una economía que no está generando nuevos empleos, obligando a miles de personas a migrar o a incorporarse al sector informal.

“De cada diez trabajadores en Nicaragua, solo dos están en la formalidad. Ocho están en la informalidad, sin ningún tipo de protección laboral”, señaló el economista.

Recortes salariales: “les quitan la comida”

A esta crisis se añade lo que Sáenz califica como un “machetazo” a los salarios de los más de 128,000 trabajadores del Estado, a quienes se les deduce automáticamente entre un 5% y un 10% de su salario bajo el concepto de “aporte partidario” al Frente Sandinista.

El economista denunció que estas deducciones no son voluntarias, sino impuestas a través de la planilla, incluso ocultas en algunos casos bajo conceptos ambiguos.

“Si alguien gana 10,000 córdobas, le quitan 600. En un contexto donde los salarios no alcanzan ni para la comida, eso significa quitarle los frijoles, el queso o la tortilla de la mesa”, explicó.

Sáenz subrayó que el salario mínimo en el Estado ronda los 8,000 córdobas, mientras que el costo mensual de los alimentos supera los 15,000 córdobas y la canasta básica completa alcanza más de 21,000. Esto evidencia, según dijo, una brecha estructural que condena a los trabajadores a la precariedad.

Incluso quienes perciben salarios de 15,000 córdobas —por encima del mínimo— no logran cubrir sus necesidades básicas. “Que te quiten 1,000 córdobas es como que te asalten al salir de recibir tu salario”, comparó.

Trabajadores bajo presión y sin opciones

El economista también rechazó la idea de que todos los empleados públicos sean simpatizantes del Gobierno, señalando que muchos permanecen en sus puestos por falta de alternativas laborales.

“No todos son partidarios. Hay maestros, médicos, personal administrativo que no tienen otra opción. Si no se alinean, los despiden”, afirmó.

En ese contexto, advirtió que exigir protestas abiertas a estos trabajadores es inviable debido al riesgo de represalias, por lo que planteó como alternativa la generación de opinión a través del contacto social y las redes.

Una economía empujada a la informalidad

Sáenz explicó que los despidos y la falta de oportunidades están alimentando el crecimiento de la economía informal, donde el 80% de la fuerza laboral sobrevive sin acceso a seguridad social, prestaciones o estabilidad.

“Vender comida, tener un pequeño negocio o trabajar por cuenta propia es la única salida para muchos. Pero ahí no hay vacaciones, aguinaldo ni protección”, indicó.

“Una tragedia laboral” marcada por el hambre y la migración

El economista resumió la situación en una palabra: “tragedia”. A su juicio, Nicaragua enfrenta una combinación de desempleo, salarios insuficientes, pérdida de derechos laborales y migración forzada.

También alertó sobre el incremento del hambre en el país, citando datos que indican que al menos el 30% de la población no puede cubrir su alimentación básica con sus ingresos.

“La gente no gana para comer. Y si no hay una hambruna generalizada es por las remesas, que sostienen a miles de familias”, afirmó.

Según Sáenz, estas remesas representan cerca del 30% de la economía nacional, lo que evidencia la dependencia del país de los ingresos generados por nicaragüenses en el exterior.
 

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