Sacerdote nicaragüense revela cómo se vive bajo vigilancia en la dictadura Ortega Murillo
Un sacerdote nicaragüense denuncia vigilancia policial constante, censura en las homilías y falta de libertad en el país, pero asegura que la Iglesia mantiene la esperanza pese a la presión del régimen
Un sacerdote nicaragüense que habló bajo anonimato a ACI Prensa denunció las condiciones políticas y sociales adversas que enfrenta la Iglesia Católica desde adentro de Nicaragua, asegurando que vive bajo vigilancia constante por parte de la policía orteguista, que lo fotografía todos los domingos y controla cada uno de sus movimientos.
El presbítero advirtió que en el país parece haberse normalizado esta situación. “se ha ido acostumbrado a la situación y ya no dice nada. Yo siento el ambiente como tranquilo pero siguen las limitaciones, que siempre están, porque no hay libertad”.
Según relató, cada actividad pastoral debe ser reportada. “siempre que hay celebraciones tenemos que informar cuáles son, dónde se celebran, tenemos que informar las salidas de nuestro territorio de la parroquia, tenemos que decir cuánto tiempo vamos a estar en algún lugar fuera de él”.
“Y la policía llega a tomarme fotografías, siempre, cada domingo. Es una forma de corroborar que estamos donde hemos dicho que vamos a estar. Los superiores policiales les exigen a los agentes que tengan evidencia de las visitas que hacen y así están controlando”, añadió.
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El sacerdote explicó que incluso omitir un aviso puede traer consecuencias. “a veces no pasa nada, pero otras veces cuando ellos se dan cuenta que uno está afuera y no avisó, entonces llaman. Algunas veces a mí se me ha escapado avisarles”.
Aseguró que la vigilancia también alcanza a obispos y reuniones del clero. “sí los controlan, los vigilan. Y la policía está preguntando de la reunión tal, dónde va a ser, que si va a estar el obispo ahí”.
En su opinión, la presión ha llevado a la desaparición de temas sociales o políticos en las homilías. “Si hablamos de algún problema social o de algo que esté sucediendo nos pueden ver como opositores, como dando un discurso de sublevación. Y entonces ellos vigilan. Ellos escuchan, en vivo o en transmisiones, y nos graban e informan”.
“Cualquier crítica a la dictadura la toman como que es un discurso político o un acto de sublevación. Y entonces eso puede tener consecuencias”, advirtió, señalando que las sanciones pueden ser “cárcel o destierro”.
También denunció el silencio impuesto cuando un sacerdote es detenido. “hay un silencio total. No se puede visitar, no se puede hablar con ellos”.
El presbítero atribuye el silencio de los obispos al temor. “Primero, tal vez, por el temor de ser expulsados. Creo que eso es lo que prima. Y está el miedo a dejar sola a una gran población de creyentes”.
Recordó que actualmente hay varias diócesis sin obispo presente en el país, como Jinotega, Siuna, Matagalpa y Estelí, estas últimas bajo la responsabilidad de monseñor Rolando Álvarez, desterrado a Roma.
Además, explicó que en estas diócesis no se realizan ordenaciones sacerdotales y que incluso donde sí hay obispos, las ceremonias se hacen con discreción para evitar represalias.
Sobre las procesiones, fue claro: “No, no se puede”. Aunque indicó que algunas actividades religiosas se permiten por su valor cultural, “el resto está prohibido”.
El sacerdote también relató las dificultades económicas que enfrenta la Iglesia, agravadas por la cancelación de Cáritas de Nicaragua y la prohibición de fondos del exterior. “Si sobrevivimos es por la ayuda de la misma gente. La energía eléctrica, el agua las paga la población. Igual la alimentación, la gente me colabora”.
“Ya no contamos con Cáritas ni con ayuda extranjera, porque todo eso se prohibió. Entonces aquí las ayudas se dan entre la misma población, en medio de la pobreza”.
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Incluso para movilizarse, depende de terceros. “No hay vehículos y es imposible comprar vehículos con las ofrendas porque la gente es pobre. Entonces yo tengo que andar pidiendo que me lleven”.
Pese a las dificultades, aseguró que la Iglesia sigue activa en la ayuda a los más necesitados. “Nosotros colaboramos con la gente, ayudamos, llevamos comida, alimento a algunas personas”.
El sacerdote destacó que, a pesar de la crisis, las vocaciones sacerdotales comienzan a recuperarse. “Es cierto que hubo una disminución de vocaciones después del 2018… pero actualmente están creciendo”.
Finalmente, afirmó que, pese a todo, la Iglesia en Nicaragua mantiene la esperanza. “Aún entre las tribulaciones la Iglesia de Nicaragua camina confiada, camina con esperanza. No estamos tristes, estamos alegres y solo esperamos que recibamos la solidaridad y la atención del mundo, y que un día podamos con toda libertad vivir nuestra fe”.
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